Lee Chandler es el conserje de un condominio en Quincy, Massachussetts. Sus días, en conflicto constante con los inquilinos, culminan siempre en la soledad de su pequeño cuarto. Al recibir noticias de que su hermano Joe ha sufrido un infarto, Lee viaja al norte de Boston, hasta la comunidad de Manchester by the Sea. No llega a tiempo para ver a Joe, quien ha fallecido. Pronto, Lee conoce que su sobrino adolescente Patrick ha quedado a su cuidado. Enfrentado a una nueva responsabilidad, el protagonista inicia un nuevo proceso para acercarse al joven y al mismo tiempo confrontar una melancolía relacionada con una tragedia del pasado.

Manchester frente al mar (2016) es el tercer largometraje del neoyorquino Kenneth Lonergan, quien comenzara una exitosa carrera como dramaturgo en los años noventa y quien se diera a conocer por el guión de una comedia acerca de la retorcida relación entre un mafioso y un psicoanalista, Analízame (Harold Ramis, 1999). Un año después, Lonergan obtuvo el premio principal en Sundance por su ópera prima, Puedes contar conmigo (2000), un drama acerca del reencuentro de dos conflictivos hermanos. Co-guionista de Pandillas de Nueva York (Martin Scorsese, 2002), su segunda cinta, Margaret (2011), drama introspectivo acerca de una joven responsable en parte de una tragedia.

Lazos familiares fracturados. La necesidad de ir labrando un camino propio en la vida. La reticencia de algunos para enfrentarse a los cambios. El peso del pasado en la posibilidad de concebir un futuro. Estos son los elementos con los cuales Kenneth Lonergan orquesta en Manchester frente al mar una arriesgada propuesta que trasciende las limitaciones del melodrama. Su protagonista es un hombre tan frío y tan gris como los paisajes de Massachussetts por donde transita. Con una notable sensibilidad, el actor Casey Affleck interpreta a un hombre en apariencia impávido que solo se conmueve por dentro o puede estallar violentamente liberando su presión interna. Al volverse el tutor de su sobrino, Lee tiene una oportunidad para aferrarse a una vida con la cual ya no está comprometido. Es aquí donde Lonergan consigue su mayor aportación, pues su protagonista, si bien no rehúye la misión que le ha sido confiada por su hermano (algo que lo sigue uniendo a él más allá de la muerte), tampoco se considera obligado a transformar su vida por la encomienda.

El peso del pasado en la vida de Lee es demasiado. El filme hace una utilización tan irónica como poética de la inamovible capa de hielo que cubre al pueblo durante la historia y que impide enterrar a Joe hasta que ésta se derrita llegando la primavera. Los muertos y el pasado no pueden descansar si no existe un deshielo emocional en los protagonistas. Lee contrasta así con Patrick, su sobrino, el chavo cuyos intereses son su banda de rock, su entrenamiento de hockey y sobre todo su triángulo amoroso con dos chicas de su edad a las cuales seduce al mismo tiempo. La complicidad nunca conseguida que Patrick busca en su tío para ligarse a la mamá de una de ellas, con la finalidad de entretenerla mientras él se acuesta con la hija, es una divertida forma de distanciar la forma en la cual ambos enfrentan su duelo. Lo cual no quiere decir que Patrick sea un inconsciente; muy dolorosa es la forma en la cual recuerda a su padre mientras abre el congelador del refrigerador en casa, recordando que aún su cuerpo está siendo conservado para ser sepultado.

En Manchester frente al mar, el uso del flashback no es una mera justificación de las acciones de Lee en el presente. Son un acto de fe por parte de una memoria traicionera dedicada no a hacerle cambiar su visión trágica de la vida, sino a volverlo un ser emocionalmente cauteloso. Porque Lee es superviviente de una tragedia tan horrenda, ocurrida en su pasado, que lo ha lisiado para siempre. Lonergan retrata a otros seres, como Randi, la exesposa de Lee, o Elise, la exesposa de Joe, encontrando una nueva razón para seguir en nuevos matrimonios, nuevos hijos o la religión. Pero desde la perspectiva de Lee, desde quien la película está narrada, todo parece estar condenado al fracaso. Manchester frente al mar podría ser un drama sobre la necesidad imperiosa de dejar ir, de seguir adelante. Pero no lo es. Porque hay vidas, como decía F. Scott Fitzgerald, que no tienen una segunda oportunidad. Porque les es imposible concebirla.

Kenneth Lonergan responde al emotivo reto emocional de su cinta con una puesta en escena de una gran sobriedad formal, centrándose en sus heladas tormentas emocionales. Además de su estupendo reparto, el realizador recurre a la música sacra de El Mesías de Händel o al Adagio de Tomaso Albinoni para dar al filme un aura casi ritual, expresando la tristeza de toda una vida que se extingue, o bien, participando de las experiencias místicas a los cuales los protagonistas se enfrentan, como lo son la muerte o la posibilidad de renacer. De deshielar el corazón para que entre la luz de nuevo. Aunque a veces ya no quede nada que iluminar.

MANCHESTER FRENTE AL MAR (Manchester by the sea, Estados Unidos, 2016). Dirección y guión: Kenneth Lonergan. Fotografía en color: Jody Lee Lipes. Música: Lesley Barber. Edición: Jennifer Lame. Con: Casey Affleck (Lee Chandler), Michelle Williams (Randi), Kyle Chandler (Joe), Lucas Hedges (Patrick), Gretchen Mol (Elise), C.J. Wilson (George), Heather Burns (Jill). Compañías productoras: K Period Media, B Story, CMP, Pearl Street Films, Amazon Studios. Producción: Matt Damon, Kimberly Steward, Chris Moore, Kevin Walsh y Lauren Beck. Duración: 137 minutos. Distribución: Sony Pictures.

Trailer Manchester frente al mar

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