Hace exactamente un siglo que murió Auguste Rodin, y en el centenario de su aniversario luctuoso, se entrena Rodin, del veterano director Jacques Doillon. La cinta narra una serie de sucesos en la vida del escultor francés, a partir de la concepción de la más aclamada de sus obras, La puerta del infierno, hasta el revisionismo que el propio artista realiza de su trabajo más polémico: el monumento a Honoré de Balzac.

Escasos han sido los abordajes que se han realizado en el cine sobre Rodin; los más famosos tienen que ver directamente con su romance más conocido, el que sostuvo con la escultora Camille Claudel. No se puede hablar de uno sin mencionar al otro; sus nombres, sus vidas y sus obras están intrínsecamente relacionadas. Esta película no es la excepción y muestra un poco de la tormentosa relación que sostuvieron los artistas a lo largo de varios años, aunque el retrato de su pasión queda un tanto frío en el filme.

Estéticamente, es justo decir que se hace énfasis en la visión de Rodin hacia su obra y hacia la creación de su arte, además de abordar su vínculo con otros importantes contemporáneos como Monet.

Sin embargo, Rodin es algo irregular y llega a ser lenta por la forma convencional y rígida en la que está contada y que contrasta con la figura transgresora del artista. Aún así, para quienes no se han adentrado en su vida y obra, funciona perfectamente como una introducción al legado del precursor y una de las figuras más importantes de la escultura moderna.

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