Extraños sucesos que ocurren en la bahía de Tokio, hacen evidente la existencia de un gigantesco ser que amenaza con salir a la superficie. Mientras el Primer Ministro japonés y su gabinete se reúnen para tomar medidas, la criatura emerge, comenzando una estela de destrucción masiva mientras se encamina hacia Tokio. Quedará en manos de Rando Yaguchi, joven funcionario, vencer a las inamovibles jerarquías del gobierno, antes de que sea demasiado tarde.

Viendo las brutales imágenes del avance implacable de esta reciente Godzilla a través de los ríos que circundan Tokio, uno recuerda las imágenes de ese viernes 11 de marzo de 2011 cuando un maremoto de nueve grados provocó severos daños en el archipiélago japonés, seguido de un tsunami devastador que dejó cerca de 16 mil muertos. Más tarde, cuando Godzilla tiene la capacidad de andar en sus dos patas traseras, alcanzando una altura descomunal, su sistema vital deja entrever la inmensa energía que guarda en su interior, como si fuesen venas que irradian sangre radioactiva. Entonces viene otro recuerdo: el de miles de japoneses huyendo del desastre provocado por el sismo en tres reactores de la planta nuclear de Fukushima, sitio en el cual del 12 al 15 de marzo se emanaron miles de unidades de radioactividad.

Shin Godzilla (2016) es mucho más que una película del género de monstruos gigantes japoneses, es decir, un Kaiju más. También es más que la película número 31 de una franquicia nacida en 1954, protagonizada por una popular criatura animada por la energía nuclear y quien, depende de la película, puede ser el villano o el salvador de Japón al enfrentarse con otros monstruos gigantescos. Tampoco es una cinta de aventuras o una de tantas películas en las cuales Godzilla era presa de algunos escritores de humor babeante o servía de mascota para una niña con súperpoderes. Shin Godzilla es una catarsis para el pueblo japonés. Es tratar de entender, a través de los hilos de lo fantástico, la tragedia colectiva. Es darle un rostro al horror de la furia natural y de la pesadilla nuclear.

Gojira (1954) fue una creación del cineasta Ishiro Honda (director de segunda unidad y especialista en secuencias de acción, además de ser colaborador de Akira Kurosawa) y la primera película de monstruos gigantes producida por la industria japonesa de cine. Shin Godzilla (2016) toma a este filme como su modelo a seguir, en espíritu, estética y narrativamente hablando (inclusive se retoma el tema musical original de Godzilla, compuesto por Akira Ifukube). En ambas cintas, el nombre de la criatura va en el título del filme, pero el personaje central del mismo es el factor humano. Aunque la premisa es bastante básica (la amenaza existe y hay que detenerla), lo que importa realmente es el cómo.

Pese a su sobriedad y ritmo pausado, no busca privilegiar las escenas de acción sino confrontar al espectador con el comportamiento de la condición humana ante un peligro de proporciones bíblicas. El héroe de la cinta es un miembro del gabinete en el poder, quien antes de vencer al monstruo, debe derrotar al recio aparato burocrático que lo rodea. Más que en Godzilla, el filme se centra en las discusiones que el gabinete y el Primer Ministro sostienen para decidir qué hacer antes de que la criatura llegue a la ciudad. Todo se paraliza, pues el responsable es titubeante, entre ejercer su poder y al mismo tiempo cargar con la culpa histórica de una catástrofe. Serán un puñado de jóvenes burócratas, informáticos, aficionados a las historietas y científicos quienes se salten las trancas jerárquicas para detener a Godzilla. Una lectura aún más profunda atañe a los Estados Unidos, quienes en la historia se ofrecen a liquidar al monstruo a cambio de la soberanía japonesa. Una propuesta que haría retroceder el desarrollo japonés, más de seis décadas. Es fantasía, pero esto encierra sin duda una actitud más que precautoria por parte de quienes alguna vez fueron ocupados a la fuerza por invasores siempre a favor de la democracia mundial.

Godzilla nunca se había visto tan hermosa. Con su sistema circulatorio a flor de piel, más grande que en ninguna otra aparición, el momento en el cual derrota con sus rayos calóricos a los ejércitos que pretenden someterla, acompañado por música casi religiosa y en medio de la ciudad de Tokio que empieza a destruir, es un gran momento del cine actual (los realizadores están relacionados con los efectos especiales y la saga fantástica Evangelion). Más que un monstruo, se convierte en una fuerza de la Naturaleza, en una deidad imparable cuya destrucción provoca, irónicamente, que aflore lo mejor del ser humano. Serán la inventiva, la deducción, el considerar el bien común y no la tecnología ni el armamentismo, quienes consigan detener a la amenaza. Shin, en japonés significa “corazón”, aunque también quiere decir “mente”; pero no con la cual pensamos, sino más bien el saber del corazón. Tal vez en esto radique el secreto de la victoria para enfrentar la adversidad.

SHIN GODZILLA (Shin Gojira, Japón, 2016). Dirección: Hideaki Anno y Shinji Higuchi. Guión: Hideaki Anno. Fotografía en color: Kosuke Yamada. Música: Shiro Sagusi. Edición: Atsuki Sato. Con: Hiroki Hasegawa (Rando Yaguchi), Yutaka Takenouchi (Hideki Asaka), Satomi Ishihara (Kayoko), Mansai Nomura (Godzilla), Kengo Kora, Akira Emoto, Jun Kunimura. Producción: Taichi Ueda, Yoshihiro Sato, Masaya Shibusawa y Kazutoshi Wadakura. Compañías productoras: Toho Company. Duración: 120 minutos.

Trailer Shin Godzilla

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