La Compañía Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes recordará al célebre coreógrafo Marius Petipa con el programa Homenaje a Petipa, que se presentará en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes los domingos 13 y 20 de agosto a las 17:00, el martes 15 y jueves 17 a las 20:00 y el sábado 19 a las 19:00 horas.

“Con este homenaje comenzaremos los festejos por los 200 años del natalicio del coreógrafo considerado padre del ballet clásico, mismos que se cumplirán en 2018”, detalló en entrevista Mario Galizzi, director de la Compañía, quien además adelantó que ya comienzan a prepararse para festejarlo de manera significativa el próximo año.

Imagen Autorizada por la Compañía Nacional de Danza

Explicó que para las presentaciones en el Palacio de Bellas Artes, la agrupación dancística escogió tres obras que han sido hitos en la historia del ballet: La bayadera, Raymonda y Don Quijote, de las cuales sólo se presentará el tercer acto. “Las elegimos porque Petipa explora tres estilos distintos, pues se inspira en los bailes folclóricos de la región de la que revivecada historia. La bayadera está inspirada en una leyenda de la India, Don Quijote, en la Barcelona del siglo XVIII y Raymonda, en la época de las cruzadas. Petipa fue realmente un gran viajero y retomó los bailes de todo el mundo para sus coreografías”.

Mario Galazzi comentó que todos los integrantes de la Compañía estarán presentes en las funciones pues al tratarse de tres actos completos, permite la participación de los primeros bailarines y del cuerpo de baile completo.

“Petipa es el padre del clasicismo en la danza. Siendo francés, es llamado a la corte del zar en San Petersburgo para estar al frente del Ballet Imperial de Rusia. Durante toda su trayectoria hizo un cúmulo de trabajos artísticos cuya influencia e importancia, hasta ahora, no han podido ser comparados ni superados”, detalló, “lo más meritorio de él es haber creado este repertorio, cuyas obras son argumentadas dentro del lenguaje clásico”.

“Hay grandes coreógrafos que vinieron posteriormente, pero todavía no ha sido superado. La que hizo es la danza madre, la que se sigue bailando, repertorio obligado de toda compañía de danza clásica. Para la Compañía Nacional de Danza, el repertorio creado por Marius Petipa resulta esencial, le permite mantenerse en forma pues sus integrantes están entrenados para ejecutarlo y han recorrido el grueso de sus coreografías”.

 

 

Marius Petipa

Por Enrique R. Mirabal

Crítico de Danza

 

Victor Marius Alphonse Petipa (Marsella, 1818-Crimea, 1910). Bailarín, músico, coreógrafo y pedagogo. Activo en Rusia desde 1847. Maestro principal del Ballet Imperial de San Petersburgo entre 1871 y comienzos del siglo XX. Sus principales coreografías incluyen: La bella durmiente, Raymonda, Don Quijote, La bayadera, Paquita, Esmeralda, El lago de los cisnes… Reestructuró ballets de otros coreógrafos: Giselle, Coppélia y El corsario. Obras atribuidas a su asistente Lev Ivanov: El cascanueces y los actos segundo y cuarto de El lago de los cisnes fueron trazados y supervisados por Petipa.

“Limpia, fija y da esplendor”, el lema de la Real Academia Española para establecer sus funciones en nuestra lengua, también sería una acepción atinada para describir la labor de Petipa en los Ballets Imperiales de Rusia y su posterior influencia en el devenir del ballet clásico.

Foto: Carlos Quezada – Imagen Autorizada por la Compañía Nacional de Danza

Petipa creó la sintaxis definitiva, dotó al ballet de una estructura canónica y encontró la equivalencia perfecta entre música y movimiento, elevó el nivel técnico de los bailarines al extremo del virtuosismo y trazó los más complejos desplazamientos para el corps de ballet, incluyendo las suntuosas danzas de carácter. Hasta dónde alcanzaría su importante labor no pudo imaginarlo entonces el francés que llegó a Rusia a mediados del siglo XIX convencido de que encontraría osos deambulando por las calles.

Su legado se ha perpetuado en cada gran ballet del siglo XX. Los rusos de la era soviética y los exiliados que llegaron a Occidente no hicieron más que continuar sus enseñanzas. Balanchine lo consideraba el más grande maestro de todos los tiempos, Nureyev hizo el camino de vuelta e inyectó nuevas energías a un lánguido Ballet de la Ópera de París con la reposición de los ballets de Petipa. El también marsellés Maurice Béjart, en los años sesenta del siglo pasado, le rindió un sincero homenaje en su ballet Ni flores ni coronas, revisitando La bella durmiente. Despojó a este ballet de artificios de vestuario, escenografía y hasta de la música de Chaikovski. El más puro Petipa contemporizando con el Mayo Francés del 68.

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