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Sentado entre las bancas de colores que forman la escultura Lola, un hombre con rastrillo en mano y auxiliado por un pedazo de espejo da los últimos toques a su recién afeitada barba; a un lado, descansa una cobija que seguro le cubrió por la noche de las bajas temperaturas que han asolado a la ciudad de México en los últimos días.

Lola forma parte del conjunto de esculturas La Siempreviva vive realizadas por Siameses Company, y que estarán en este lugar de forma permanente. Las obras creadas por la pareja de artistas formada por Marisa Lara y Arturo Guerrero, son parte de un programa cultural de embellecimiento y recuperación de espacios públicos emprendido por el Gobierno de la Ciudad de México.

Lola es una perrita juguetona que hace alusión a la compañía que siempre busca el hombre en los animales: las otras piezas son La reflexión de los conejos, Paragüeros y La glorieta de los abrazos, cada una mide tres metros cúbicos y fueron pintadas a mano con tonos alegres y llamativos que efectivamente han venido a terminar de transformar esta parte de la ciudad que antaño tenía muy mala fama —y muy fea estampa también— pues era donde iban a dar todos los autos recogidos en la vía pública, con o sin razón y por donde transitaba todo tipo de gente menesterosa.

Hoy, las esculturas ubicadas en la pequeña glorieta que forman la diagonal de 20 de Noviembre y la avenida Fray Servando, cerca de la Plaza Tlaxcoaque, vienen a culminar la recuperación de estos espacios para la comunidad, pues además de las esculturas hay en el entorno juegos para niños, bancas y un pequeño paseo arbolado donde la gente puede sentarse a platicar o descansar.

Las piezas de la serie, que hacen referencia a aquella especie de flor de camellones —la Siempreviva— que nunca se marchita, fueron colocadas como homenaje a las víctimas que perdieron la vida en las zonas aledañas a la Plaza Tlaxcoaque a consecuencia del terremoto de 1985.

En su momento, Marisa Lara y Arturo Guerrero explicaron que estas esculturas hacen alusión a esta planta “porque la Ciudad de México, nuestra ciudad, la cual hemos vivido y padecido, son ustedes, somos nosotros, son las personas y reconocemos de corazón siamés, la colaboración de todas las instituciones que hicieron posible que esta plaza floreciera hoy de otra manera”.

Los protagonistas de las piezas son criaturas dobles, conejos, perros, gatos, seres fantásticos, mutantes, luces, sombras, rayos, estrellas, lunas, constelaciones, geometrías, planos cromáticos y huecos que traspasan los diferentes lados de las esculturas. A través de su colorida superficie, se proyectan rayos de luz natural sobre el piso y ángulos, por los cuales es posible asomarse como por un caleidoscopio.

Las piezas realizadas en placa de acero fueron hechas “para que las personas que se encuentren con ellas en el espacio público, obtengan el estímulo de aventurarse a través de un desplazamiento por sus sentidos, de envolverse con la energía del color, de dejarse llevar por la pulsión del juego, de ser lúdicos y tener el deseo de vivir el arte en la ciudad de las maravillas de su imaginación”.

Los siameses, quienes ya cuentan en su haber con una larga trayectoria por la cual han logrado un importante reconocimiento en la escena artística actual y en la intervención del espacio público, expresaron que en esta serie su objetivo es que el arte integre a la gente, “no son esculturas para verlas desde lejos, tienen una serie de elementos museográficos para crear un espacio artístico y cultural complejo”.

Así que si anda por el rumbo de Pino Suárez, 20 de Noviembre o avenidas aledañas, no olvide darse una vuelta por la Siempre Viva Vive.

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