Por años, el pintor Rufino Tamayo buscó el apoyo del gobierno mexicano para fundar un museo en el que pudiera exhibir su colección internacional de forma permanente. Tres presidentes: Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo, le negaron su ayuda. Sería la iniciativa privada: el Grupo Alfa y la Fundación Televisa, las que verían con buenos ojos su empresa.

Una vez abierto el recinto, en 1984 el Consejo Directivo del museo y la Fundación Cultural Televisa firmaron un contrato a través del cual la Fundación se convirtió en la administradora del lugar por 30 años. Pero las cosas no resultaron porque Televisa incumplió la promesa a Tamayo de exponer de forma permanente su colección, ante el malestar del artista.

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El juzgón, 1959 Óleo sobre tela 135 x 95 cm Colección Museo de Arte Moderno, INBA-CONACULTA © D.R. Rufino Tamayo / Herederos / México / 2016 / Fundación Olga y Rufino Tamayo, A.C.

En su tesis de licenciatura: La comunidad de las artes plásticas en la Ciudad de México. Del mecenazgo estatal nacionalista a la participación de nuevos actores en el neoliberalismo social (FCPyS), Ahtziri Eréndira Molina escribe:

el pintor y su esposa solicitaron la intervención del gobierno para frenar las extralimitadas situaciones de la compañía contratada para la administración del museo, y especialmente de Emilio Azcárraga y Televisa…

Con la intervención del gobierno, el museo se integró al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y fue reinaugurado en septiembre de 1986 con el nombre de Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo, pasando a formar parte de las filas de los museos del estado.

En esa época la colección constaba de 300 obras, resultado de donaciones de diferentes artistas y de adquisiciones realizadas por el creador junto con su esposa Olga durante los años 70, pero también del reconocimiento internacional que dio a Tamayo un lugar privilegiado para la creación de una colección de arte internacional.

Si bien a lo largo de tres décadas la colección se ha expuesto de forma contínua, no lo había hecho de manera conjunta. A partir de julio de 2016 el sueño de Tamayo finalmente se cumplió y el público puede admirar en el museo que lleva su nombre, una selección de las piezas que el pintor oaxaqueño reuniera de artistas como Rothko, Miró y Picasso, entre muchos, y otros de la escena internacional con la posibilidad de rotarlas a fin de que la colección sea conocida en su totalidad.

Entre las piezas se encuentran exploraciones en torno a la figuración, como en Two figures with a monkey, de Francis Bacon; de la abstracción con Pinture, de Joan Miró, que es además la obra  más antigua del acervo; o más aún del existencialismo con la inquietante escultura The corridor (1976), de George Segal.

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Retrato de niño, 1928  Óleo sobre tela 75 x 63.8 cm Colección privada © D.R. Rufino Tamayo / Herederos / México / 2016 / Fundación Olga y Rufino Tamayo, A.C.

Hoy, esta parte de la colección es una síntesis de las vanguardias de la segunda mitad del siglo XX, ya que reúne algunos de los principales cambios ocurridos en la cultura internacional de aquella época, en la que el cuestionamiento de varios conceptos estéticos derivados del siglo XIX, dio cabida a nuevas manifestaciones artísticas enfocadas en la actualidad.

A partir de los años 90, gracias a esfuerzos públicos y privados, se ha ido incrementando el acervo a fin de dar continuidad a la visión del pintor y conformar una vertiente dedicada al arte de nuestro presente, con obras contemporáneas que reflejan ese espíritu.

De esta forma el acervo fundacional se duplicó y actualmente reúne más de 600 obras que abarcan distintas técnicas, temáticas y discursos. Hoy se encuentran en bodegas del museo en un espacio de más de 400 metros cuadrados, que a decir de Magdalena Zavala, Coordinadora Nacional de Artes Visuales del INBA, se encuentra al 75% de su capacidad.

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