Cuando Juan Rulfo presentó su primera exposición en Guadalajara en 1960 se cuidó mucho de que no se hablara de su obra literaria, porque el creador siempre insistió en que su trabajo fotográfico fuera analizado de forma independiente.

“El escritor y el fotógrafo deben ser vistos (y juzgados por separado)”, escribiría alguna vez.

Sin embargo, para quien conoce su obra resulta difícil desligar uno de otro, pues el realismo mágico de su narración literaria se encuentra de muchas maneras también en las imágenes que capturó.

Al menos así lo considera Andrew Dempsey, uno de los curadores de la exposición El fotógrafo Juan Rulfo, primera retrospectiva que rememora a través de publicaciones, exposiciones y comisiones el logro del escritor como fotógrafo, la cual se presenta hasta el 10 de julio en el Museo Amparo de la ciudad de Puebla.

Dempsey, quien llegó a Rulfo por Pedro Páramo, es un experto conocedor de su fotografía y ha escrito en cada uno de los catálogos que de este trabajo del autor de El llano en llamas se ha hecho. Quién mejor que él para opinar que “Rulfo narra sus cuentos, igual que toma fotografías”.

La exposición, que se presenta en las salas del Museo Amparo de Puebla, reúne 150 fotografías de Rulfo, de las cuales unas 50 son poco conocidas. El creador, que sería autodidacta en este arte, empezó a tomar fotografías a fines de los años 30, pero no sería sino hasta 1949 que se publican por primera vez en la revista América.

Esa serie que consta de 11 imágenes forma parte del presente recorrido, al igual que 30 documentos representativos de los temas de su interés y trabajos que incluyen cine y publicaciones para revistas provenientes del archivo y biblioteca de Rulfo, los cuales se exponen por primera vez.

Poseedor de una personalidad que no gustaba de los reflectores, Rulfo tuvo dos exposiciones: la de Guadalajara en 1960 y la del Palacio de Bellas Artes en 1980, en la cual él mismo seleccionó la obra a ser expuesta. En realidad muy poco para un legado de 7 mil negativos, pero comprensible si se toma en cuenta “que su trabajo como fotógrafo se dio a conocer de manera más lenta que su obra literaria”, como opina Jorge Zepeda, autor de La recepción inicial de Pedro Páramo y especialista en la obra rulfiana.

Durante el recorrido pueden apreciarse los temas que le interesaban: paisaje, arquitectura, vida rural y urbana de México; así como algunos de los recortes de fotografía que guardaba en carpetas de autores como Alfred Stieglitz o libros de Paul Strand que formaban parte de su biblioteca.

Mirar sus fotografías resulta fascinante porque en muchas de ellas impera esa atmósfera irreal y hasta fantástica que muchos hemos podido sentir en su obra literaria. No sólo es el encuadre o la composición, sino su capacidad como fotógrafo de capturar en una imagen la emotividad de un instante.

MUSEO AMPARO, 2 Sur 708, Centro Histórico, Puebla, Puebla. Hasta el 10 de julio. Informes 01222 229-3850.

Dejar una respuesta

Escribe tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí