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A diferencia del catálogo, donde un curador hace la selección de obra, en el fotolibro es el creador quien decide y selecciona la obra  a ser impresa. El fotolibro equivale a un libro de artista.

“Por décadas el fotolibro ha sido el medio más utilizado por los principales fotógrafos para producir y mostrar sus mejores obras. Después de un período de estancamiento que inició en 1977, cuando surge el catálogo, su producción cobróa partir de 2009 nuevos bríos apoyado por las nuevas tecnologías”.

Así opina Horacio Fernández, curador de la exposición Fotos & libros. España 1905-1977, una muestra que aborda la profunda transformación de la sociedad española durante el siglo XX en aspectos como la imagen de la mujer, el medio rural, la Guerra Civil o la transición democrática tras la muerte del general Franco.

A lo largo del recorrido por las salas del Museo Amparo de la ciudad de Puebla, Fernández suelta datos y anécdotas de manera jovial mientras habla de las piezas que integran la exposición donde montar libros, algo que parecía muy complicado, se resolvió de forma acertada.

Cada uno de los libros presentes se han digitalizado en su totalidad de manera que el visitante puede leer en ellos además de mirarlos a través de una vitrina y focalizar su interés en la protagonista de esta muestra: la imagen.

Así se han armado tantos núcleos como libros expuestos a partir de seis bloques temáticos: Principios del siglo XX: primeros fotolibros de relevancia; La Guerra Civil: dos bandos, dos visiones; La posguerra; Años sesenta: la década de oro de la fotografía española; Palabra e imagen y Años setenta: últimos fotolibros de autor, temas que “no sólo tienen que ver con España o su historia, sino con todos nosotros porque son universales”.

Una de las piezas que recibe al público en la muestra es ¡Quién supiera escribir…, una adaptación fotográfica del poema de Ramón de Campoamor, que trata de la dependencia de la mujer dominada por una cultura patriarcal.

En el libro,las imágenes realizadas por Antonio Cánovas son un conjunto de cuadros vivos que llevan subtítulos como en el cine. “Esta relación entre literatura y fotografía, comenta Fernández, va a ser una constante en la historia de los fotolibros españoles y uno de los temas que se repiten a lo largo de la muestra”.

Una pieza emblemática de la exposición es Madrid (1937), donde se plantea el asedio de la capital visto desde la retaguardia más que desde el frente. El libro, que ha sido deshojado para que el público pueda mirar cada una de sus páginas, muestra desde su portada las consecuencias de ese asedio: destrucción, gente sin hogar, éxodo de los refugiados.

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Las fotos, algunas de las cuales hacen uso del montaje, pertenecen a grandes fotógrafos de fama mundial como Robert Capa y Chim (David Seymour), entre otros.

Madrid, obra localizada en el apartado dela Guerra Civil, convive con la visión del otro bando, cuya propaganda está basada en el culto a la personalidad de los caudillos, de los valores conservadores y del modelo de mujer de esa época: subordinada al varón y ajena a la sociedad y el trabajo

“Aquí la muestra, comenta Fernández, da cuenta de la importancia de la propaganda para ambos bandos, mas puede decirse que la Guerra Civil Española la ganó la propaganda de la guerrilla”.

El recorrido culmina con otra pieza emblemática Antifémina (1977), una obra de la escritora María Aurélia Capmany y la fotógrafa Colita “un fotolibro que representa a la mujer que no quiere ver nadie, pero es auténtica y real, la que no tiene veinte años, la que no es guapa…” Una obra crítica y aguda que intenta despojar a la mujer del papel pasivo que  se le ha endosado a través de una mal entendida feminidad.

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