En abril de 1956, Diego Rivera expuso, en la galería de Emma Hurtado (su cuarta esposa), una serie de obras generadas en su estancia en Rusia. Más de medio siglo después, esos trabajos se reúnen nuevamente como parte de la exposición Diego Rivera y la experiencia en la URSS, que se presenta en dos museos: Museo Mural Diego Rivera y Museo Casa Estudio Diego Rivera.

Curada por Estela Duarte y Mariano Meza, la muestra hace una revisión a través de 289 piezas ­‑distribuidas en ambos recintos-, de las dos estancias del muralista en la desaparecida Unión Soviética, resultado de una investigación de cuatro años que llevó a la corrección de algunos errores.

Por ejemplo, el caso del título de la conocida Desfile del primero de mayo, como señaló Estela Duarte, no corresponde a mayo, sino a octubre. De acuerdo a documentos consultados, el muralista llegó a la URSS para internarse en septiembre y salió el 3 de enero de 1956 rumbo a Alemania.

Se sabe que Diego Rivera realizó dos viajes a la extinta Unión Soviética: el primero en 1927 al ser invitado por el Partido Comunista a celebrar el décimo aniversario de la Revolución Rusa y el segundo en 1955, cuando le llamaron para entregarle un reconocimiento, momento que el artista aprovechó para tratarse un cáncer que padecía.

A decir de los curadores, esta es la primera vez que se profundiza en las dos travesías y las repercusiones que tuvieron en la obra del muralista, porque lo que se sabía antes era a nivel anecdótico.

“Antes de su primera estadía en la URSS, Diego Rivera ya empezaba a usar al obrero como parte de sus composiciones, pero es hasta que regresa en el ’28, sobre todo en los murales que hace en el ’29, que el obrero ya no sólo forma parte del grupo, sino que es el líder. En este concepto, el pintor utiliza al obrero como la síntesis del pensamiento socialista.

“En el caso del ’55, Rivera está casi al final de su vida y en esta muestra vemos cómo llega a la culminación de su obra. Siempre hablamos de la política y sus ideales con respecto a este ámbito, pero se nos olvida que él creía en un nuevo hombre y en un nuevo orden donde las cosas iban a estar mejor y la tecnología iba a reinar”, explica Mariano Meza.

En la visita por el montaje del Museo Mural podrá verse cómo el estado de ánimo del artista quedó plasmado en su trabajo.

Centrada en el viaje de 1955, la obra plasma no sólo los profundos cambios que enfrentaba la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial, sino los cambios en la vida personal de Rivera que lo llevaron de la desolación a la esperanza en un futuro mejor.

“El segundo trayecto quedó muy bien registrado porque lo realizó con Emma Hurtado, quien se encargó de tomar los datos, incluso de los más pequeños bocetos. Lo que sobresale son los dibujos que hizo desde su llegada a ese estado hasta el trayecto hacia Berlín.

“Es una serie que puede verse como un diario, a través del cual registró paisajes, personas y hasta el clima, pero en la que también quedaron plasmados las atmósferas y los sentimientos que vivió el pintor en esa época”.

Por ejemplo, los dibujos referentes al último tramo de su itinerario, antes de llegar a Berlín, capturan escenarios desolados con ruinas por todas partes, pero en todos ellos aparece un sol como base central de sus composiciones: una representación de la esperanza de un renacer.

Una exhibición que corrige errores y que a su vez abre vertientes de estudio: “Esto no es el final, sino el principio para que los colegas volteen a ver esta exposición y el catálogo, resultado de una línea de investigación que parte de 1909 y termina en 1956”, añadió Estela Duarte.

Museo Mural Diego Rivera, Balderas y Alameda Central, 1555-1900 y Museo Casa Estudio Diego Rivera, Altavista y Diego Rivera, San Ángel, 8647-5470. Martes a domingo, 10:00 a 18:00 horas. Admisión: $30. (CENTRO)

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