Moulin Rouge, La Goulue, es una obra memorable que recibe al público a la entrada de la sala Paul Westheim del Palacio de Bellas Artes. Se trata del primer cartel realizado por Henri de Toulouse-Lautrec en el año 1891 y donde usó por primera vez la litografía, una técnica considerada entonces muy moderna pero que vendría a dar gran popularidad al creador.

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Obra maestra del artista que a partir de entonces creó más de 350 litografías desde carteles e impresiones hasta ilustraciones para revistas, periódicos, programas de teatro, libros y partituras. La pieza forma parte de la exposición El París de Toulouse-Lautrec: impresos y posters del MOMA, muestra que permite apreciar la vida parisina, especialmente la nocturna de fines del siglo XIX, de la mano del creador francés.

Hombre aristócrata y refinado pero enfermizo, Toulouse-Lautrec sin embargo gustaba de pasar la mayor parte de su tiempo en burdeles donde decía sentirse como en su casa.

Otros sitios frecuentados por él eran los cafés-concierto donde a las mujeres curiosamente les gustaba platicar con este hombre que dibujaba todo lo que sucedía a su alrededor para “a la mañana siguiente construir un refugio a sus recuerdos…”.

Sus visitas nocturnas abarcaban también teatros, circos y óperas en los que el creador hacía bocetos en las servilletas de su mesa, mismos que dejaba atrás para confiar los gestos de las intérpretes a su memoria. Con sus carteles e impresiones, Lautrec dio fama a estos sitios y a su vez este trabajo le brindaría su mayor éxito.

Christian Rattemeyer, curador asociado del Departamento de Dibujos y Grabados del MoMa, señala que en esta muestra “se podrán ver muchas de las facetas del artista. Todas las obras exhibidas son litografías, una técnica que en aquel momento era muy moderna y Toulouse-Lautrec la utilizó como una de sus más importantes maneras de expresión. Hombre en constante búsqueda y experimentación, logró hacer carteles que consiguieron inmortalizar los lugares que solía frecuentar”.

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Y no sólo eso, sino también a los personajes de aquellos sitios con los que el artista establecía relaciones muy cercanas de amistad. Su capacidad para poderlos retratar en su esencia se debe precisamente a la relación íntima que tenía con ellos.

Sus personajes no son arquetipos, anónimos ni celebridades, sino contemporáneos del artista: amantes, amigos perfectamente reconocibles, y los representa en un ambiente de mucha celebración y conversación con ellos.

Como en el caso de las mujeres, cuyas imágenes son mayoría en su obra y su fascinación por ellas abarcaba todos los aspectos de su vida: empleadas, cortesanas, las artistas con las que socializaba y las prostitutas a las que pagaba para que modelaran. En el recorrido son memorables las imágenes de Jane Avril, La Golosa, Yvette Guilbert y la payasa Cha-U-Kao.

Como en el caso de las mujeres, cuyas imágenes son mayoría en su obra y su fascinación por ellas abarcaba todos los aspectos de su vida: empleadas, cortesanas, las artistas con las que socializaba y las prostitutas a las que pagaba para que modelaran. En el recorrido son memorables las imágenes de Jane Avril, La Golosa, Yvette Guilbert y la payasa Cha-U-Kao.

“Una característica del trabajo de Toulouse –continúa Rattemeyer– es que es uniforme, tanto los impresos como los carteles, para él no hay diferencia entre obra artística, arte fino y arte popular. Otra es la integración a su obra de la técnica de estampa japonesa conocida como Ukiyo-e. Lo que se puede apreciar en su economía de color, las barras negras, en una paleta de colores secundarios, diagonales superpuestas, espacios planos, líneas simples y sueltas, pero sobre todo en los rasgos que usa para firmar su obra”.

En alguna ocasión el artista escribiría: “Solamente la figura existe, el paisaje sólo es y debe ser un ingrediente. El paisaje sólo puede servir para el mejor entendimiento  del carácter de una figura”.

La muestra deja en claro que Toulouse-Lautrec era un visionario, porque sus carteles e impresiones son composiciones reducidas a la mínima expresión, lo que refleja la velocidad e inmediatez con que la imagen debía atrapar la atención del espectador en medio del bullicio de la vida urbana parisina.

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La muestra deja en claro que Toulouse-Lautrec era un visionario, porque sus carteles e impresiones son composiciones reducidas a la mínima expresión, lo que refleja la velocidad e inmediatez con que la imagen debía atrapar la atención del espectador en medio del bullicio de la vida urbana parisina.

Se dice que a excepción de la revista artística y literaria La Revue Blanche que en 1895 le dedicó una portada, Lautrec no logró que su trabajo fuera aceptado en las revistas de arte de la época, una de sus grandes frustraciones junto con el rechazo de Edmond de Goncourt a su deseo de ilustrar su obra La fille Elisa, de 1877.

EL PARÍS DE TOULOUSE-LAUTREC. IMPRESOS Y CARTELES DEL MOMA. Museo del Palacio de Bellas Artes, Avenida Juárez 30, Centro Histórico. Martes a domingo, 10:00 a 18:00. Admisión $60; entrada gratuita a estudiantes, maestros y afiliados al Inapam; domingo y días festivos, entrada gratuita al público en general. Martes a viernes, 10:00 a 16:00 horas. * Acceso para silla de ruedas. (CENTRO)

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