—¡Abra su bolsa! —ordena el hombre ante los asombrados ojos de una mujer que después de más dos horas de trayecto en una de las ciudades más transitadas del mundo y bajo el bochornoso calor de las cuatro y media de la tarde, ha logrado llegar a esta zona de Polanco sólo para ver La Puerta del infierno.
Ni “por favor”, ni “gracias”, escucha la estresada fémina que sólo acierta a obedecer que lleve su maleta a paquetería, en tanto piensa: “soy yo que empiezo a sentir la neurosis al tope, o este hombre es un grosero”.

En ese instante las palabras de Dante “¡Oh, los que entráis, dejad toda esperanza!” se hacen presentes porque al voltear a mirar puede darse cuenta que no está equivocada, pues cada persona que cruza el filtro de la entrada es tratada con el  mismo tono cual si fueran camino a su juicio final, como los personajes dolientes que se hallan a la derecha en el Tímpano de la famosa puerta de Rodin.
La mujer se queda unos segundos parada en el enorme vestíbulo blanco mientras mira al fondo la escultura de El Pensador, sin lograr entender si esta actitud forma parte de un montaje para ambientar al público en el tema de la nueva exposición del Museo Soumaya Plaza Carso o … así son ellos.

Lo gratificante es la temperatura del recinto que logra calmar su ánimo para acercarse a la pieza motivo de haberse autoflagelado a través del intenso y perpetuo tráfico de la Ciudad de México, en la que ya no caben más autos y es posible llegar a sentir una agonía, furia y desesperación tal como la que sintió Ugolino al ser encerrado con sus hijos, a los que terminó devorando, según cuenta la leyenda.
Pues Ugolino y sus hijos, de Jean-Baptiste Carpeaux, es una de las esculturas con las que se encuentra al llegar al sexto piso donde su mirada alcanza a ver otras tantas piezas colocadas a la manera de los gabinetes de curiosidades del siglo XIX, donde no había un orden establecido y uno de sus fines era mostrar los tesoros del coleccionista.

Es así como inicia una visita un tanto caótica, yendo de aquí para allá, hasta que media hora después frente a un busto de Napoleón Bonaparte se pregunta: “¿Y éste qué tiene que ver con La Puerta del Infierno? Quizá se fue para allá, pero aquí no dice nada de ello”.
Es entonces que se da cuenta que las piezas que forman parte de La Puerta del Infierno han sido colocadas junto con las de la colección permanente que del escultor francés posee el museo, pero que las primeras se distinguen porque tienen video-cédulas.
Acostumbrada como está a que la guíen cuando visita un recinto museístico, un tanto perturbada empieza a observar y se da cuenta que algunos visitantes llevan unos folletos de la exposición. Pregunta por ellos y le indican que los pida en Información al Público, localizado en el vestíbulo.

Ya cansada decide hacer la visita sin el folleto, porque en lo que baja y sube perdería más tiempo y en ese lapso podría ver dos o tres videos. De cualquier forma muchos la hacen así.
Al final de casi dos horas no ha podido terminar y ya se siente aturdida, no puede leer más. Decide bajar y ver de nuevo la famosa puerta, la última fundición autorizada para esa pieza: ocho de ocho, ya con más conocimiento de sus personajes.
Consigue el folleto y lee que al parecer el recorrido constaba de cuatro núcleos temáticos: El encargo de la puerta en 1880; Las inspiraciones literarias: Dante y Baudelaire; Formas vivas; y La puerta erigida y propagada.

—¡Upsss! —termina por exclamar y decide pasar al sanitario, para después ir a comer algo mientras piensa: “¿Y cómo podría saberlo?, si los núcleos no estaban definidos en el recorrido; es más, ni siquiera había un recorrido establecido, empecé a caminar entre piezas como toda la gente, leyendo aquí y allá y el tiempo se pasó volando, ¡ashhh!”.

Museo Soumaya Polanco, Miguel de Cervantes Saavedra 303, Ampliación Granada. Lunes a domingo, 10:30 a 18:30 horas. Entrada gratuita. (CENTRO)

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