Al acercarse a esta exposición, más de uno se preguntara: ¿Ópera en un Museo de Arte Popular? Lástima que Gerardo Kleinburg no esté ahí para decirles que esta exposición más bien “es un ajuste de cuentas, puesto que los orígenes de este género son populares” y que ha sido la gente que está detrás de ella la que con el tiempo le dio la connotación de elitista.

Escritor, crítico y promotor musical, además de conductor y guionista de diversas series radiofónicas de música clásica y ópera, entre las que sobresale Crónicas Mozartianas, Kleinburg comenta —con motivo de la apertura de Las óperas más populares— que “la ópera no es elitista, es emocionante, narrativa y teatral, de manera que cualquiera puede acercarse a ella, lo único que se requiere es sentir emoción”.

La tragedia griega, el arte excelso de la Grecia clásica, sería el punto de partida de los primeros compositores de ópera. En la Poética, Aristóteles escribe: “Es, pues, la tragedia representación de una acción memorable y perfecta, de magnitud competente, recitando cada una de las partes por sí separadamente, y que no por modo de narración, sino moviendo a compasión y terror, dispone a la moderación de estas pasiones”. (Poética, capítulo III)

Con lo cual se entiende que a través de las representaciones se buscaba que los asistentes tuvieran sentimientos de depuración y de catarsis. Sin embargo, a decir del especialista, serían los autos sacramentales representados por las órdenes mendicantes entre los siglos XVI y XVIII, los que darían lugar al nacimiento de la ópera en México.

Se trataba —cuenta a su vez José Antonio Guzmán, músico y coleccionista— de representaciones donde la gente del pueblo podía participar por ejemplo cantando, como en el caso de la Adoración de los Reyes Magos”.

Las óperas más populares se encuentran montadas en una de las salas del Museo de Arte Popular y su vestuario y accesorios forman parte de la colección de Guzmán Bravo, que a su vez lo heredó de su tío bisabuelo Samuel Bravo Reyes, quien la inició hacia 1870 y después fue enriquecida por su hija Manuela.

Más de 700 vestuarios conforman la famosa colección, que entre sus piezas más memorables conserva el traje que usara Enrico Caruso en el papel de Radamés durante su temporada en el teatro Esperanza Iris en septiembre y octubre de 1919.

La colección, que a decir de su dueño se encuentra en perfectas condiciones, sólo ha sufrido dos pérdidas considerables: la primera, en un incendio que terminó con gran parte del vestuario diseñado para el desfile de 1910 con motivo de las fiestas del  Centenario, y la segunda en 1985 cuando a raíz del terremoto una de las habitaciones de Casa Bravo, localizado en el Callejón de Dolores, se vino abajo.

Ahora el público tendrá oportunidad de apreciar pasajes de ocho óperas emblemáticas: la loa de El divino Narciso, de Sor Juana; la condenación de Don Giovanni, de Mozart; la seducción de Margarita, de Fausto de Goethe; la celeste Aída, de Verdi; el aria de la Reina de la noche de La Flauta Mágica, de Mozart; y un pasaje de Ambrosio o La fábula del mal amor, de José Antonio Guzmán. Las cuales serán amenizadas con música, por lo que la exposición promete.

Museo de Arte Popular, Revillagigedo 11, esquina Independencia, Centro Histórico. Martes a domingo, 10:00 a 17:00; jueves, 10:00 a 21:00 horas. Admisión $40; estudiantes, maestros, artesanos, Inapam, menores de 13 años y domingo, entrada gratuita. (CENTRO)

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