Estas obras no fueron pensadas para estar aquí. Sus lugares originales eran iglesias y conventos. Por eso la tenue luz que las protege y que además crea esa atmósfera que las acompañó durante años antes de llegar a las manos de un coleccionista y después a un museo.

Se trata de las pinturas que forman parte de la exposición Del Pontormo a Murillo. Entre lo sagrado y lo profano, que se presenta en las salas del Museo Nacional de San Carlos, un regalo a la vista del público mexicano y una oportunidad única de conocer un selecto número de obras de la Galería Colnaghi, una de las más antiguas e importantes del mercado de arte que tiene su sede en Londres.

Por tratarse de pinturas que requieren de un enorme cuidado, el recinto museístico remodeló, después de muchos años y apoyado por su patronato, las salas de exposición donde ahora pueden apreciarse las piezas. Con especial atención a la iluminación, pues son obras que requieren de una luz especial y mínima, casi penumbra, así lo comentan Yazmín Mondragón y Paloma Jiménez, investigadoras del museo.

La muestra reúne alrededor de 50 piezas pertenecientes al Renacimiento, Manierismo y Barroco, algunas de ellas jamás expuestas en México, distribuidas a lo largo de seis núcleos temáticos, que buscan establecer un enriquecedor diálogo entre los acervos de la Colección Colnaghi y del Museo Nacional de San Carlos.

“Además de hacer reflexionar a nuestros visitantes acerca del papel que el coleccionismo tiene en nuestras vidas y en el mundo del arte. Porque gracias a él muchas de estas piezas se han conservado y pueden ser ahora apreciadas por un mayor público”.

Así, en el recorrido, el visitante podrá ver cuadros de gran formato como el Retablo de la Adoración de los Magos, del denominado Maestro de Perea, una extraordinaria obra del gótico español, junto con otra pieza: la Adoración de los Magos, de Pedro Berruguete, a fin de comparar características y estilos.

De la escuela napolitana se confrontan dos obras tempranas de José de Ribera, recientemente restauradas y que son parte del acervo del Museo de San Carlos: San Juan Bautista en la fuente y San Sebastián.

Gran parte de la exposición está dedicada a la fuerza y pasión del Barroco con una especial atención a los artistas del Siglo de Oro español y a los pintores italianos.

Dentro del Barroco se dedica una sección concreta a la escuela madrileña, con ejemplos de Mateo Cerezo como Ecce Homo, Juan Antonio de Frías y Escalante con Inmaculada Concepción o Andrés Deleito y su San Jerónimo penitente escuchando la trompeta del Juicio.

Un apartado más se dedica a Francisco de Zurbarán, donde La Virgen María niña durmiendo, óleo del siglo XVII, atrapa la mirada por el candor del personaje y la brillante paleta del artista.

Los grandes formatos ocupan en este recorrido un lugar esencial como es el caso de la Expulsión de los mercaderes del templo, el cuadro más grande de la exposición (259 x 245 centímetros), de Giovanni Francesco Barbieri, más conocido como el Guercino.

Resulta difícil en tan breve espacio citar cada una de tan memorables piezas porque lo que de verdad importa es poder admirarlas y apreciarlas en todo su esplendor.

*Museo Nacional de San Carlos, Puente de Alvarado 50, Tabacalera, 8647-5800. Miércoles a lunes, 10:00 a 18:00 horas.Cierra1 de octubre. Admisión $45; descuento a estudiantes y afiliados al Inapam; domingo y días festivos, entrada gratuita. Visitas guiadas, previa cita. (CENTRO)

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