A 23 días de la tragedia que sacudió la capital de México y 10 estados más como Oaxaca, Puebla, Morelos, Tlaxcala y Chiapas, entre otros, el recuento de los daños en los bienes muebles e inmuebles que datan de los siglos XVI al XIX, es cuantioso.

En todas partes, edificios milenarios sufrieron el embate de la naturaleza: en Oaxaca, el hermoso Convento de Santo Domingo e incluso la catedral oaxaqueña; en Tlayacapan, Morelos, la iglesia de San Juan Bautista; en Tlaxcala, el templo de San Francisco Tepeyanco y la Basílica de la Virgen de Ocotlán, y así en varios lugares, según datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. 

En la capital del país, algunos de los edificios dañados fueron el templo de Santiago Apóstol en Tlatelolco; el Templo de San Bernardino de Siena, en Xochimilco, así como La Profesa, La Santa Veracruz y el templo de Santo Domingo, en el Centro Histórico, entre otros.

En el caso de la obra mural, la localizada en la Universidad Autónoma de Chapingo presenta algunos desprendimientos. Las principales afectaciones ocurrieron en la Capilla Riveriana, cuyos murales fueron realizados por Diego Rivera entre 1923 y 1927.

En Morelos, el sismo afectó severamente al Palacio de Cortés, así como a los ocho murales y nueve grisallas pintados por Diego Rivera entre 1929 y 1930. Los deterioros corresponden a grietas, desfasamiento y desprendimiento de secciones.

Un caso similar se presentó en el palacio de gobierno del estado de Tlaxcala, que presenta fisuras en los murales creados por Desiderio Hernández. En todos los casos, el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) hará sus dictámenes para planear proyectos de intervención.

Si bien los museos de la ciudad al parecer no tuvieron afectaciones de consideración, salvo la caída de algunos elementos ornamentales en el Museo Nacional de San Carlos y el Museo Nacional de la Estampa, fueron necesarias dos semanas para realizar las debidas revisiones estructurales para que de manera paulatina vuelvan a abrir sus puertas y así garantizar la seguridad de sus públicos, porque reactivar la cultura, sobre todo en las zonas más afectadas de la ciudad, es necesario.

Sí, la capital del país se detuvo otra vez el 19 de septiembre, pero hoy vuelve a nacer. Tiene que hacerlo con una actitud que nos permita adaptarnos positivamente a la situación.

Ya lo escribió Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la UNAM: “Ante la naturaleza sísmica de nuestro territorio, procede construir una verdadera cultura nacional de lo que ahora se conoce como resiliencia; es decir, esa capacidad para superar circunstancias traumáticas, tanto en lo individual como en lo social. Puede decirse que, en cierto modo, la hemos desarrollado, pero ha sido, sobre todo, resultado de un proceso adaptativo ante la adversidad, y gracias al apoyo de los gestos altruistas de otros que nos cobijan y nos reconfortan en los momentos más críticos”.

Es así que espacios como el Museo Nacional de Arte han programado para este mes una serie de actividades como talleres y conferencias en torno a la arquitectura emergente, arte-terapia, orientación psicológica y emocional, meditación y otras más que buscan ser un apoyo y acompañamiento para la sociedad, debido a los momentos que se viven en la metrópoli, aplicando lo que dice el compositor Brian Eno: “Lo que hace el arte es entrenarte para enfrentar la incertidumbre”.

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