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Con impulsividad y vehemencia, se lanza sobre el objeto —cosa o persona v y elimina brutalmente todo lo accesorio: remueve con crueldad, critica los hilos descubiertos, disgrega, despedaza y corta todo lo que encuentra con la voluptuosidad de un asesino sexual…

Así se refiere Ilse Fischer, al artista perseguido y calificado de degenerado por el gobierno de Hitler por sus agudas críticas a la guerra y a la sociedad de su tiempo, reflejadas en una obra que muestran una mirada profunda y radical de su tiempo: asesinatos, prostitutas y actos eróticos.

Pero ese era Otto Dix, un artista que buscó siempre ser espejo de su época.

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El resultado de su mirada, tanto como espectador que como actor, fue una obra llena de imágenes descarnadas, crueles, violentas donde los individuos sin tapujos revelan su esencia, pero también el drama que viven en relación con el mundo.

Otto Dix. Violencia y pasión, es el título de la exposición del pintor alemán, considerado uno de los grandes realistas críticos del siglo XX, como lo definió Ulrike Lorenz, curadora de la  retrospectiva presente en las salas del Museo Nacional de Arte.

La muestra reúne una selección de 162 obras realizadas entre 1913 y 1969 en diversas técnicas, como óleo, aguafuerte, litografía y dibujo a lápiz, las cuales se distribuyen en siete núcleos temáticos a lo largo de los cuales puede apreciarse lo amplio de la producción del artista, para quien pintar fue un intento de poner orden porque como solía decir:

El arte para mí es un conjuro

El recorrido por la muestra lleva al visitante a través de la diversidad estilística de Dix y los intereses recurrentes en su obra: la guerra, el retrato, el desnudo y la sociedad berlinesa, para descubrir a través de los trazos de sus dibujos o de su pincel que el arte puede ser tanto o más brutal que la realidad misma.

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Piezas emblemáticas como La Trinchera (1923) o Los lisiados de la guerra, mezcla de ironía y dura crítica social al régimen, sólo pueden verse en copia para entender por qué fueron confiscadas y desaparecidas, al igual que El espejo (1922), por la cual fue calificado de artista degenerado y, posteriormente, perseguido.

Sin embargo, no todo es guerra o sátira en su trabajo o al menos no tan descarnada, porque las últimas salas muestran la obra de un Otto Dix distinto, que en sus últimos años parece vislumbrar una esperanza para la humanidad. El cuadro Autorretrato con Marcela (1969), que nos muestra a un hombre sonriente cargando a una pequeña, es reflejo de ello.

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Obsesionado por retratar su realidad, Dix abrevó en una gran diversidad de estilos, pero al final logró asumir una postura crítica frente a su época a través de la violencia y la pasión. Su experimentación con las vanguardias artísticas y sus vivencias durante la guerra, le permitieron encontrar su propio lenguaje plástico para situarlo como uno de los representantes más importantes del expresionismo y de la nueva objetividad alemana.

Ésta es la primera ocasión que se presenta en México una revisión de todos los periodos estéticos de Dix, uno de los artistas alemanes más importantes del siglo XX, y quien plasmó en sus obras, como ningún otro creador de la época, el siglo de los extremos en Europa, marcado por las dos guerras mundiales, la cultura de la República de Weimar y la división política alemana después de 1945.

Que Otto Dix pintó y dibujó a la sociedad de su tiempo de una manera brutal y hasta caricaturesca, es cierto, pero lo que sus ojos veían no era ficción, sino la realidad misma y él se había propuesto ser un espejo de ella. Gracias a eso su obra posee un invaluable valor, no sólo estético sino histórico.

OTTO DIX: VIOLENCIA Y PASIÓN. Museo Nacional de Arte, Tacuba 8, Centro Histórico. Martes a domingo, 10:00 a 18:00 horas. Admisión $60. * Acceso para silla de ruedas. (CENTRO)

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