La Ciudad de México se despertó con una escalofriante noticia: en el número 13 de la calle de Cordobanes se encontró al rico español, comerciante y propietario Don Joaquín Dongo, asesinado en el patio de su casa, otras once personas entre familiares y criados habían sido también sido atacados de la manera “más cruel y más violenta”, era el 24 de octubre de 1790. Para el 7 de noviembre los culpables eran ahorcados.

La crónica de este suceso forma parte del Libro Rojo de Vicente Riva Palacio y Manuel Payno, texto del siglo XIX con el que inicia el recorrido por la exposición Una crónica de la nota roja en México. De Posada a Metinides. Del tigre de Santa Julia al crimen organizado, que se presenta en el Museo del Estanquillo.

Este será el primero de muchos casos que esperan al visitante a lo largo de una exposición donde lo primero que se hace evidente son las diferentes formas en que los cronistas de cada época narraban este tipo de sucesos. Llama la atención sobre todo el apartado dedicado a Posada, quien “convertirá los crímenes más notorios en expresiones artísticas y ve en los hechos de sangre los cuentos de hadas de las mayorías”. De manera que transforma los hechos en sensaciones.

En su texto Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja Carlos —texto en el que se basa la exposición— Monsiváis escribiría: “Alarmadas y complacidas, las multitudes se detienen como ante un escaparate: allí a su alcance la dotación de ríos de sangre, traiciones, iniquidades, perversiones, robos”.

Recorrer este apartado, además de ilustrar al visitante sobre usos y costumbres de la época lleva a reflexionar sobre el periodismo de entonces en el cual la imagen solo era un apoyo para una destacada narración dirigida a exaltar la imaginación.

El recorrido continúa con el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo y de criminales como Jesús Negrete el Tigre de Santa Julia y Guadalupe Bejarano; sobresalen los atentados contra los presidentes Álvaro Obregón, Pascual Ortiz Rubio, Manuel Ávila Camacho y del líder soviético León Trotsky; y revisa los casos de asesinos seriales como Gregorio Goyo Cárdenas e Higinio Sobera, conocido como Pelón Sobera, así como de la autoviuda María Teresa Landa, Miss México 1928 y otros crímenes pasionales.

Un apartado especial está dedicado a Enrique Metinides uno de los principales fotógrafos de nota roja en las décadas de 1960 y 1970 y a quien la muestra rinde homenaje; para finalizar con el trabajo de los fotoreporteros actuales, con quienes la labor amarillista iniciada en los años sesenta por periódicos como Alarma alcanza su máximo esplendor.

La crónica concluye con una serie de estadísticas que corroboran lo que se plantea al inicio de la exposición: en América Latina, la prensa es la principal promotora de estos comportamientos violentos.

Carlos Monsivaís escribiría “En 15 años, el cambio mayor es la emergencia feroz, a momentos militarizada del narcotráfico, que modifica radicalmente el sentido de la nota roja y lo traslada casi a diario al altar de las ocho columnas. Desaparece la singularidad de los asesinatos y de los asesinos y la masificación del delito es también la deshumanización  masiva”.

La frase Para que aprendan a respetar encabeza una lista de 10 frías amenazas conocidas también como narcomensajes enviados entre cárteles documentados en la prensa. Es Decálogo de Teresa Margolles, pieza a forma de conclusión de una muestra que más allá del morbo que pueden despertar los hechos sangrientos invita a reflexionar sobre un tema que afecta a todos.

MUSEO DEL ESTANQUILLO, Isabel la Católica 26, Centro Histórico, 5521-3052. Miércoles a lunes, 10:00 a 18:00 horas. Entrada gratuita. (CENTRO)

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