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Algunas personas se acercan al prisma de vidrio sellado con puertas corredizas, lo miran y lo rodean curiosas, mientras observan las bolsas de papel que en un extremo se contraen como en un respirador. Al final se van, después de leer las instrucciones. Otras, pocas, se aprestan a entrar y probar si efectivamente el aire está viciado. Si es verdad que otras personas lo han respirado o quizá quieran saber a qué huele.

Este ejercicio definitivamente no es apto para personas que tengan problemas respiratorios o sufran claustrofobia, porque si entran será bajo su propia responsabilidad. De cualquier manera, si alguna siente pánico, siempre tendrá oportunidad de apretar un botón para salir lo más rápido posible. Es Respiración circular viciosa, un aparato cerrado en forma hermética que permite al público inhalar el mismo aire previamente respirado por los visitantes anteriores. La respiración circula y se hace tangible mediante el inflado y desinflado automático de bolsas de papel alrededor de diez mil veces al día, lo que equivale a la frecuencia respiratoria normal para un adulto en reposo, según puede leerse en la cédula.

La obra es una de las 42 piezas que Rafael Lozano-Hemmer presenta en las salas del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) con el título Pseudomatismos y que recorre 23 años de producción audiovisual, incluyendo piezas de video interactivo, robótica, vigilancia computarizada, fotografía e instalación sonora.

La muestra cuenta con cinco estrenos mundiales en varias escalas, desde Pabellón de ampliaciones, una enorme proyección realizada en colaboración con el artista polaco Krzysztof Wodiczko, hasta Nanopanfletos de Babbage, pequeños folletos de oro que fueron impresos en el Nano Scale Facility de la Universidad de Cornell, de los cuales unos 250 mil ejemplares, triturados, se soltaron en la sala de exposiciones del MUAC para que estén flotando por los aires y potencialmente sean inhalados por el público. O sea que quienes no entramos a Respiración circular viciosa, por aquello de “no nos vayamos a contagiar de algo”, de todas maneras tuvimos que respirar los famosos folletos de oro.

Otras obras emblemáticas dentro del recorrido son Almacén de corazonadas, que representó a México en la Bienal de Venecia en 2007. Una pieza inspirada en la película Macario (1960), dirigida por Roberto Gavaldón, en la que el protagonista sufre una alucinación inducida por el hambre, en la que cada persona se representa como una vela encendida en una cueva.

Y Rasero y doble rasero de la colección del MUAC, una instalación inquietante que puede tener múltiples lecturas, pues se trata de un grupo de cinturones que siguen al espectador mientras rodea la pieza, de tal forma que las hebillas siempre quedan frente a él.

El título de la exposición es una referencia a los automatismos surrealistas, una práctica artística que apostaba al poder creativo del subconsciente y se sostenía sobre la noción de valor en lo accidental y lo aleatorio.

Lozano-Hemmer amplía esta noción planteando la imposibilidad de lo aleatorio en el universo maquínico, en donde cualquier pretensión de autonomía en un programa es tan sólo una simulación.

El artista parte del entendido de que la tecnología no es un instrumento o herramienta, sino una forma inevitable de determinación de subjetividad y sociabilidad. A partir del juego con el tacto, la vista, la respiración, el oído y el movimiento del público, la exposición busca activar relaciones entre máquina, entorno y percepción, para con ello mostrar el modo en que la tecnología, el cuerpo y el cuerpo-político son inseparables.

Lo cual da por resultado la constante participación del visitante que disfruta de las piezas, que sin él, no están completas.

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