Suspendidas en un tiempo aparentemente paralelo, tres figuras humanas envueltas en un fino velo parten en viaje, y lo hacen paradas sobre una barca casi deshecha. La obra, que tiene un peso de mil kilogramos, representa para su autor “el momento de cambio que estoy viviendo, pero también a la Ciudad de México, además de ser la fotografía de mi estado (Michoacán).

“La obra le dice a cada uno lo que le tenga que decir. Invito a que todo mundo pase por aquí, tratando de no pensar en el título, pero convocando lo que les haga sentir, las inquietudes que les provoca. Para mí está hecha a la medida de quien la quiera observar, porque cada uno tiene que construir su diálogo”. 

La pieza que fue pensada desde la pluralidad que evoca la explanada del Palacio de Bellas Artes, también se diseñó para que, desde lo individual, la gente pueda apropiársela, por eso hay en ella íconos universales que a todo mundo motivarán, usados de una forma inquietante e inusual.

“Estamos en un momento muy especial, de crisálida, algo se está generando en el fondo de todos nosotros como individuos y como comunidad que es muy evidente. Es un cambio esperanzador que ojalá salga de esas figuras veladas, porque somos una nación joven y tenemos mucho futuro. Para mí, la pieza es un mensaje esperanzador, con miras a construirnos como una nación fuerte”.

Explanada del Palacio de Bellas Artes, avenida Juárez y eje central Lázaro Cárdenas, Centro Histórico. Cierra 11 de marzo.

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