De manera implacable, cada marzo, en la fiesta mexica de Tlacaxipehualiztli, una vieja deidad reclamaba para sí a los mejores guerreros capturados en batalla y las mejores mazorcas, dando lugar a una descarnada ceremonia que recreaba los orígenes de la guerra sagrada. Esa divinidad prehispánica temible, potente y vital era Xipe Tótec, protagonista de esta exposición.

La muestra profundiza en la relación, encarnada en este dios, entre la agricultura y la guerra, a la vez que ahonda en su culto en la Cuenca de México y en Mesoamérica en general. Las aproximadamente 50 piezas arqueológicas reunidas en la exposición, proceden de Tula (Hidalgo), Monte Albán (Oaxaca), Costa del Golfo (Veracruz); Teotihuacan, Apaxco y Chalco (Estado de México), Guerrero y el área de Occidente (Jalisco).

Diego Prieto, secretario técnico del INAH, anotó que las esculturas de barro y piedra —algunas a escala natural— que componen una buena parte de la exhibición, demuestran que la veneración a Xipe Tótec no fue exclusiva de los mexicas. Es por relatos de los cronistas españoles, como Sahagún, que se conoce el papel que entre los mexicas desempeñó la celebración a Xipe Tótec, dejando “entrever la importancia de los ciclos agrícolas, de la guerra y la organización de esta sociedad, en la que el concepto de la regeneración de la vida implicaba un vínculo con los dioses para que proveyesen el sustento primordial de los hombres: el maíz”.

En la presente colección destaca la presentación por primera vez de una escultura de cerámica de Xipe Tótec, elaborada hacia 900-1150 d.C., y que fue descubierta en 2009 en un terreno colindante a la valla perimetral de la zona arqueológica de Tula, en Hidalgo. También sobresalen un par de efigies más localizadas por Alfonso Caso en Monte Albán, Oaxaca, del periodo Clásico Tardío (600-900 d.C.). En ellas se identifican atributos que mantendría el dios, pasados los siglos. Esto puede compararse con un Xipe Tótec del Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), parte del acervo del MTM, cuyas piernas, brazos y labio superior están adornados con los moños de “cola de golondrina” o yopitzontli, característicos de esta deidad.

Debido a las narraciones de Bernardino de Sahagún, Diego Durán y otros cronistas del siglo XVI, hoy es posible conocer la manera en que los mexicas le rindieron culto.

Museo del Templo Mayor, Seminario 8, Centro Histórico. Cierra 26 de febrero. Martes a domingo, 9:00 a 17:00 horas. Loc. $65. Menores de 13 años, estudiantes, maestros, personas de la tercera edad, pensionados, jubilados y domingo, entrada gratuita.

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