Cuando Billy Elliot se estrenó en Londres, en mayo de 2005, cautivó de inmediato a la audiencia y a la crítica; no sólo llevaba a escena la historia de la película, se le había creado además una partitura musical (con música nada menos que de Elton John y letras de Lee Hall) y, sobre todo, los niños que interpretaban a Billy y a Michael resultaban encantadores.

Después de una década, y con ese mismo encanto infantil, finalmente este musical se presenta en México, producido por Alejandro Gou, responsable de montar en más de una ocasión Hoy No Me Puedo Levantar, además de Spamalot y El Joven Frankenstein.

El musical, basado en la película homónima de 2000, cuenta la historia de un niño que es obligado a practicar box, pero que en el proceso descubre y se enamora del ballet. Pese a la negativa de su padre (un minero que participa en la huelga de 1984), con la ayuda de una maestra, aprende a bailar.

En términos de producción, no se le puede tachar nada a esta versión del musical concebido para Londres; de hecho, la escenografía en México logra ser aún más vistosa que la vista en Inglaterra o Broadway (donde se estrenó en octubre de 2008). Originalmente, la casa de Billy (que se elevaba o escondía varios pisos) era un tanto más compleja; pero aquí, gracias a la mente creativa de Sergio Villegas, se recrearon de forma impecable la casa y el estudio de ballet, y se fue aún más allá con la mina, para la que se valieron de plataformas y elevadores que crean una experiencia visualmente enriquecedora.

No obstante, sí existen aspectos en donde la versión nacional sale perdiendo: primero, en los papeles de los adultos, interpretados por Hernán Mendoza, quien quizá con el tiempo vaya perfeccionando el ritmo; Carlos Fonseca, que está sobreactuado; y Concepción Márquez, que se siente muy débil. Solamente Anahí Allué logra destacar gracias a su seguridad, solidez y gran talento para la comedia. Pareciera que esta actriz de origen argentino y radicada en México en verdad nació para dar vida a la señora Wilkinson.

El protagonista, Billy Elliot, es interpretado en México por cinco niños: Mauricio Arriaga, Aarón Márquez, Ian González, Jesús Trosino y Demián Ferráez. Me tocó ver a Mauricio, quien aunque actoralmente aún puede crecer, domina perfectamente el baile, las acrobacias y tiene buena voz.

Sin duda, una gran sorpresa de esta puesta es que uno de los mejores actores es el pequeño Anthon Mor, quien encarna a Michael —el mejor amigo de Billy—, y que aquí, con enorme carisma y encanto, logra robarse la obra en cada aparición; además de entregar un fantástico clímax en Expresar tu Sentir, donde brilla a cada instante.

El resto del elenco infantil, particularmente las pequeñas Elaine Haro y María Perroni, enriquecen mucho la obra con su ternura y naturalidad; aunque los diálogos de la primera podrían ajustarse para no ser tan groseros.

Y es que, precisamente otro de los aspectos que más queda a deber en este montaje, es la traducción; el libreto pierde muchísimo ritmo a comparación con la versión original, las canciones no se sienten tan emotivas (particularmente las cartas a mamá) y, sobre todo, la obra termina siendo demasiado grosera. Y si bien en Londres los personajes no eran precisamente “bien hablados”, tampoco eran vulgares. Habría que cuidar más de cerca este aspecto, pues algo muy similar pasó en la adaptación de El Joven Frankenstein. No habría que irse con la finta de que insertar groserías es un vehículo infalible para la risa, sobre todo, en obras donde el material original es tan bueno.

En el aspecto musical, y gracias a un coordinado trabajo coral, la orquesta y el ensamble complementan muy bien esta producción y contribuyen en cada momento a enriquecer las actuaciones de los protagonistas.

Sin duda, otro de los grandes aciertos de esta producción es la inclusión de David Álvarez (Billy adulto) —quien fuera uno de los protagonistas del montaje original de Broadway (y ganó un Tony por ello)— y que conserva esos dotes de extraordinario bailarín, haciendo del Sueño de Billy uno de los números más memorables.

En definitiva hay que valorar y, sobre todo, apoyar este esfuerzo hecho en México, asistiendo a ver este montaje, que si bien no resulta tan más emotivo como el original, sí logra convertirse en una digna adaptación gracias a una destacada escenografía, elaboradas coreografías, y más que nada, al gran talento infantil mexicano.

BILLY ELLIOT, EL MUSICAL, de Lee Hall. Con Anahí Allué, Hernán Mendoza, David Álvarez, entre otros. Centro Cultural II, Av. Chapultepec y Av. Cuauhtémoc, Roma Norte. Miércoles y jueves, 20:00; viernes, 20:30; sábado, 17:00 y 20:30; domingo, 13:00 y 17:30 horas. Locs. $400 a $1,500. Boletos en taquilla y Ticketmaster al 53259000. Mayores de 5 años. (Centro)

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