A pesar de ser la ciudad con mayor número de habitantes en Estados Unidos, Nueva York puede ser una ciudad solitaria; aun así, en medio de millones de desconocidos y casi por casualidad, Callie y Sara se encuentran. Con el tiempo y el contacto, su amistad va creciendo hasta que una noche un ataque cambia sus vidas para siempre.

Platicamos con Claudia Nin (Callie) y Alondra Pavón (Sara), las protagonistas de una obra que nos recuerda que el amor no tiene género, en un tiempo en el que el respeto y la aceptación son más necesarios que nunca. 

¿Habían escuchado de esta obra cuando se montó en NY?

Claudia Nin: No, nunca la había escuchado. Sebastián Sánchez Amunátegui (director) me invitó a leerla y fue muy divertido. La idea de contar esta historia de amor, me parecía ya suficiente motivo para hacer esta obra.

Alondra Pavón: Sí, la leí cuando estudiaba teatro en Fordham University en Nueva York y es una obra que se me quedó grabada por la temática, pero también por cómo cuenta la historia la autora.

¿Qué les parecía lo más importante a la hora de llevar esta historia a México?

Alondra: Que la gente se atreva a ir al teatro a ver una historia diferente. Hemos visto muchas historias de amor gay entre hombres, pero pocas entre mujeres. Creo que, aunque hemos avanzado mucho y ya tenemos incluso matrimonio igualitario, todavía hay ciertos estigmas y siento que aún más hacia las mujeres que a los hombres. 

¿Cuál es la mayor dificultad de tener dos personajes que cambian casi entre cada escena, entre pasado y presente? 

Claudia: Callie es un personaje muy dinámico, citadino. Todo el tiempo vive acelerado. Conforme se va enamorando de Sara, empieza a encontrar su propio ritmo. Honestamente en el proceso de ensayos, no hubo mucho tiempo para asimilar toda la información. Ha sido durante las funciones donde he descubierto, cada día, un poco más de la personalidad de Callie, de su ritmo y de su transformación. Los cambios de tiempo de la obra en un inicio me parecían muy forzados; ahora cada día los siento más orgánicos. Creo que es justo esto lo que más me ha gustado y retado de la obra; no hay tiempo de preparar nada, sólo puedo respirar, confiar y salir a escena. Y si no sucede, no pasa y punto. Ha sido un ejercicio de confianza desde un inicio.

Alondra: Es difícil porque generalmente en el teatro estamos acostumbrados a ver historias lineales y las vas viviendo poco a poco junto con el público. En este caso tengo que tener muy claro qué acaba de ocurrir y cuál es mi objetivo; recordar todos tus objetivos, estrategias, qué está en juego, etcétera, entre escenas, porque no lo estás viviendo en el escenario. Un poco como cuando grabas que te matan al final de una película el primer día del rodaje y todavía ni siquiera te enamoras, sólo que aquí la preparación de cada escena ocurre al mismo tiempo que te cambias velozmente de vestuario.

Cuando leyeron la obra, ¿creíste que estas dos mujeres se enamoran por primera vez de otra mujer al conocerse, o que habían vivido con el temor de aceptar su preferencia?

Claudia: Siempre he creído que Callie se enamora de Sara conforme la va conociendo y admirando. Callie ve en Sara a alguien a quien no le da miedo vivir y tomar sus propias decisiones, y eso le da mucha curiosidad. Quiere tenerla cerca. Callie, a pesar de su aparente estabilidad, desearía tener las agallas de Sara. A veces nos enamoramos de aquellos que tienen la locura que a nosotros nos hace falta, y ahí no caben ni las preferencias ni los gustos.

Alondra: Creo que, en mi caso, Sara sí se enamora por primera vez, pero ya se había sentido atraída por una mujer, sólo que nunca se había dado la libertad de experimentarlo. No se va a Nueva York sólo para experimentar su sexualidad o porque ya sepa que eso es lo que está buscando, sino más bien es una linda casualidad que cuando se libera de las reglas de su familia y su exnovio para emprender su sueño de dar clases en una comunidad menos privilegiada, el Bronx, se abren nuevos caminos. 

¿Qué es lo que más te gusta de tu personaje?

Alondra: Lo que más me gusta de Sara es que tiene agallas para decir lo que piensa y enfrentar sus problemas y a los demás, por eso se mete en problemas. Tiene también las agallas para ser honesta consigo misma.

Claudia: De Callie me gusta su optimismo, su dinamismo. De Sara, su valor, su coraje para dejar su comodidad y a su familia, para cumplir sus deseos.

¿Cuál es el momento o la escena más difícil para ti?

Claudia: Creo que más que una escena o un momento en particular, la obra en sí me reta porque me implica estar muy presente, con una energía muy arriba, que además pueda sostener de principio a fin. No sólo en el escenario, sino detrás de él. Honestamente no siempre lo logro. Soy muy exigente conmigo y detecto con facilidad cuando pierdo el dinamismo y el optimismo que necesita mi personaje, y aunque la historia se cuenta porque estoy rodeada de un maravilloso elenco, yo me quedo con un mal sabor de boca. Pero cuando todo fluye, la sensación es maravillosa. Callie me encanta. Siempre salgo hambrienta de las funciones.

Alondra: ¡Lo más difícil es meterme a la cama y que no se note que mi corazón está a mil por hora! (risas). No, la verdad es que la pelea la disfruto mucho, pero por lo que comentaba al principio, es difícil entrar en el momento justo después de venir del hospital y cambiarme tan rápido sin tener un segundo antes para respirar y regresar al “pasado”.

En tiempos como los que vivimos, ¿cómo crees que puede resonar esta obra que tiene un mensaje tan importante sobre tolerancia?

Claudia: Hablar de tolerancia no me parece tan adecuado. Ya no estamos en tiempos de “tolerar” a nadie. Yo prefiero hablar de aceptación y respeto. La genuina aceptación es sinónimo de amor; tolerar, no. La aceptación empieza en nosotros mismos: mi cuerpo, mi familia, mis defectos, etcétera, con compasión. Si no eres capaz de aceptarme como soy, entonces no eres capaz de aceptarte como tú eres, así de simple. Sin embargo, poca resonancia puede tener una obra que habla de amor, cuando en realidad hay poco amor en el ambiente que vivimos.

Alondra: Creo que es muy importante que la obra no trata de darle sermones a nadie sino de crear conciencia, y cuando pienso en crear conciencia sobre la tolerancia, lo pienso en todos los sentidos, no sólo en la aceptación de las personas homosexuales sino de todas las minorías, clases sociales, gente enojada en el tráfico, pleitos familiares, etcétera. Es increíble que haya personas que sólo porque no están de acuerdo con algo, sean capaces de arruinar la vida de los demás. Creo que cuando la gente actúa violentamente contra los demás, en realidad lo que sucede es que traen un enojo consigo mismos que no han logrado sanar. Por eso es importante Stop Kiss; no es predicar tolerancia o aceptación por predicarla, sino realmente invitamos al público a sanar nuestros enojos. 

¿Con qué te gustaría que se queden los espectadores al salir del teatro?

Claudia: Si algo me gustaría transmitir con esta obra, más allá de la historia de amor y de diversidad, sería: “sal al mundo, ten las agallas de formar tus propias opiniones. No creas todo lo que te dicen. No seas como los otros quieren que seas. Atrévete a cambiar tu experiencia. No esquives. ¡Sé quien eres!”.

Alondra: Si dejamos Stop Kiss en Nueva York es porque es interesante que en un país que siempre se jacta de ser “libre” como Estados Unidos, sucedan estas cosas en una ciudad que siempre ha sido “cosmopolita” y donde también hay minorías y problemas de aceptación; o sea, que no son tan libres… Pero definitivamente es una historia que bien pudo haber pasado en la Ciudad de México o en Chile o en Europa. Creo que es una historia universal y me gustaría que la gente salga del teatro haciendo preguntas, más que respondiéndolas. Como lo que me preguntabas de si ya sabíamos que tenemos esa preferencia o no. La verdad es una historia súper tierna y me gustaría que la gente vea que el amor es amor y que, aunque muchas veces se estigmatiza a la comunidad gay con excesos o lujuria, me gustaría que vean que no se trata de eso sino de amar a quien tú quieras y de dejar que los demás se amen porque a ti no te quita nada. Me encantaría que los espectadores salgan del teatro con más ganas de amar y de darse besos, que con ánimos de pelearse con el de enfrente.

STOP KISS, de Diana Son. Dir. Sebastián Sánchez Amunátegui. Con Alondra Pavón y Claudia Nin. Teatro Milán, Lucerna 64, Juárez. Martes y miércoles, 20:30 horas. Loc. $350. Adolescentes y adultos. Hasta el 15 de febrero. (Centro)

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