El Museo de la Revolución, que en su origen sería el Palacio Legislativo, desde que se observa a lo lejos, invita a conocerlo.

Se cuenta en diversos documentos que, en 1896, el presidente Porfirio Díaz propuso construir un recinto legislativo, con el que buscaba convertir a la capital del país en una moderna urbe al estilo europeo. Para concretar su sueño, contrató al arquitecto francés Émile Bénard, quien proyectó una obra inspirada en el arte clásico griego, la cual inició durante las Fiestas del Centenario de 1910, cuando el presidente Díaz colocó la primera piedra.

Pero en la madrugada del 7 de junio de 1911, fecha en que Madero entró a la Ciudad de México, un sismo dañó la edificación, razón por la que fue abandonada, hasta que, en 1928, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia sugirió al entonces secretario de Hacienda, Alberto J. Pani, aprovechar parte de la estructura de hierro y la cúpula para erigir –entre 1933 y 1936– el monumento dedicado a la Revolución, que como museo fue inaugurado el 20 de noviembre de 1986.

Antes de ser un recinto museográfico, por decreto –en 1936– fue utilizado como mausoleo, razón por la que se adaptaron criptas en las columnas donde permanecieron los restos de Venustiano Carranza, los cuales fueron trasladados en 1942 del Panteón Civil de Dolores, los   de Francisco I. Madero fueron traídos del Panteón Francés el 20 de noviembre de 1960, los de Plutarco Elías Calles, que estaban en el Panteón Civil de Dolores, fueron depositados en 1969 y los restos del presidente Lázaro Cárdenas permanecen ahí desde su fallecimiento, el 19 de octubre de 1970.

Foto: By ProtoplasmaKid – Own work, CC BY-SA 3.0

Este recinto, reabierto en 2010, en su nueva etapa cuenta con un elevador de cristal que conduce al mirador y donde se puede apreciar la grandeza de la Ciudad de México, e incluye tres secciones: museo de sitio, una nueva exposición permanente y una sala de exposiciones temporales. La exposición permanente, integrada por más de 400 piezas, lleva a un recorrido por la historia desde el periodo de La Reforma hasta el Cardenismo. Los más de 80 años que detalla la muestra permiten una mejor comprensión de la primera revolución social del siglo XX.

Foto: By Unknown – Own work, CC BY-SA 3.0

La exposición permanente está dividida en ocho etapas: La Consolidación del Estado Mexicano, El Porfiriato, La Revolución Democrática, La Revolución Política, La Revolución Popular, La Guerra Civil y la Constitución, Las Bases del Nuevo Estado y El Cardenismo, las cuales serán explicadas a través de gráficas y objetos de la época. En la nueva museografía se rinde homenaje a los personajes anónimos que lucharon en La Bola. Pero antes de apreciar la exhibición permanente se proyecta un audiovisual que muestra fotografías, literatura, artes plásticas, cine, música y arte popular colectivo de la Revolución Mexicana.

A esta Plaza de la República puede accederse por avenida Paseo de la Reforma, donde está la estatua de El Caballito, o bien, por la calle Lafragua e Ignacio Ramírez. Ahí también se reúnen familias a disfrutar de un fin de semana, donde los niños juegan con las fuentes brotantes. Además, a su alrededor están algunos edificios de estilo art déco, propios de le época, de los cuales destaca el recién abierto Frontón México.

Museo Nacional de la Revolución, sótano de la Plaza de la República, Tabacalera. Martes a domingo, 9:00 a 17:00 horas.

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