Conocido como “Tierra del árbol de la vida”, en la que las manos de los artesanos se vuelven mágicas para transformar el papel, el vidrio y el barro en sirenas, soles, lunas, palomas, mariposas, flores, máscaras, cruces y árboles. Este albergue de los pueblos matlatzinca y otomí fusiona el arte de los alfareros, talabarteros y hacedores de vitrales con el ritmo de vida contemporáneo. Así, se puede caminar entre puestos de comida y conocer personajes fantásticos salidos de la imaginación indígena y materializados en barro, como la Tlanchana, que dicen se aparecía entre las aguas de los manantiales y que los españoles comparaban con las míticas sirenas. En contraste con la tradición, Metepec cuenta con amplias y modernas plazas comerciales y zonas residenciales. Fundado por los españoles en 1526, Metepec (“en el cerro de los magueyes” en náhuatl) se ubica en el Valle de Toluca, a siete kilómetros de la capital mexiquense. Este poblado tiene entre sus atractivos el Parque Juárez, la escalinata del Calvario, el ex convento franciscano, la iglesia de San Juan Bautista, la Casa de la Cultura y el patio central del Palacio Municipal; además, es sede, en octubre, de las actividades del Festival Quimera, que se celebra desde 1991, apenas una de 27 ferias y fiestas en su calendario, la más importante la dedicada a San Isidro Labrador, que se lleva a cabo en mayo. Metepec cuenta con una variada gastronomía, entre la que sobresalen platillos como la barbacoa de borrego, los tamales, el pozole, la pancita y los antojitos (huaraches, elotes, gorditas de nata, dulces típicos mexicanos…) omnipresentes en los lunes de tianguis y en la plaza de la ciudad cada fin de semana. La bebida típica es la garañona, que sea prepara con 15 hierbas, entre las que se encuentran té de monte, ajenjo y té de limón, además de algunas frutas.  

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Zona: Estado de México

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