El Oro, Pueblo Mágico, es una de las antiguas glorias mineras del país. Fundado en el siglo XVIII, creció gracias a la fama de minas como La Esperanza, El Consuelo o La Providencia. La fiebre del oro atrajo a personas de todo el mundo, en particular a las compañías inglesas. Sus construcciones reflejan todos los estilos europeos de la época como el Teatro Juárez y el Palacio Municipal, que destacan por su decoración y estilos art nouveau y neoclásico. El Oro cuenta con una pintoresca estación de trenes, inaugurada en 1889, y un Museo de la Minería, el cual preserva la maquinaria y la memoria de su gente a través de la fotografía. Este es un buen lugar para practicar la pesca deportiva de trucha arco iris. Otros atractivos son: Las capillas de Santa María de Guadalupe, La Magdalena, Tapaxco y Santiago Oxtempan, pertenecientes al siglo XVII. Este poblado mexiquense se caracteriza también por sus actividades artesanales, entre las que sobresalen los textiles de lana, la orfebrería, la pailería, la construcción de muebles de madera y los trabajos de popotillo y cerámica. Dichas artesanías se pueden adquirir en el tianguis de los lunes que se instala de 8:00 a 18:00 horas. El Oro cuenta con restaurantes, hoteles y posadas. Se ubica a 163 kilómetros de la Ciudad de México; y después Atlacomulco, en el entronque, se toma la desviación a El Oro. En autobús se llega por la línea Caminante o Herradura de Plata.

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Tel Secretaría de Turismo del Estado de México: 01 (722) 275-6880

Zona: Estado de México 

1 COMENTARIO

  1. PALACIO MUNICIPAL DE EL ORO

    “Salido de un cuento de hadas, de leyendas . . . endiosadas.”

    El Oro se engalanó,
    de “art nouveau” se vistió,
    de cabeza hasta los pies,
    en mil novecientos diez.

    Venturoso, dos de octubre,
    fortaleza, puertas abre,
    edificación, fastuosa,
    imponente, majestuosa.

    Arquitecto, el más devoto,
    Señor Roberto Cravioto,
    le puso al pueblo el encanto,
    diseñó . . . mágico manto.

    Epoca de Don Porfirio,
    antes de irse p’al exilio,
    se inauguró magna obra,
    en que la belleza . . . sobra.

    Palacio Municipal
    de El Oro, el principal,
    contigo viajo a un pasado,
    de clase, de arte olvidado.

    Fachada, ¡qué ventanales!,
    puertas, paso a los umbrales
    del estilo más soñado,
    de aquel buen gusto, añorado.

    Arcos, mural tan lujoso,
    pincel de un pintor, que gozo,
    ¡bravo!, Manuel de Rugama,
    la historia, así, se amalgama.

    Los versos se me hacen nudo,
    luces campana, un escudo,
    bóveda, muy catalana
    que, a los techos, engalana.

    Dignos de añejos castillos,
    tus dos rojizos barquillos,
    que reposan, boca abajo,
    Cristo bendito los trajo.

    Sus picos rasgan la nube,
    blanca, de algodón, querube,
    de mi mente no te alejas,
    miro de lejos las tejas.

    Te ves lindo, entre montañas,
    testigos de tus hazañas;
    Palacio, el más cordial
    de nuestro Oro, celestial.

    Salido de un cuento de hadas,
    de leyendas endiosadas,
    eres tan . . . caballeresco
    que, admirándote, yo crezco.

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    El Oro, Estado de México, a 02 de octubre del 2017
    Dedicado a mi compadre, Noé Gaytán . . . .
    Reg. SEP Indautor No. (en trámite)

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