De origen prehispánico, Coyoacán vivió durante la Colonia una etapa de esplendor por ser un lugar de descanso de la clase pudiente de la época. Y es bajo este marco que el llamado Apóstol del árbol, el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo, donó el terrero para la construcción del parque natural conocido como Los Viveros.

A principios del siglo XIX, en los terrenos pertenecientes al Rancho Panzacola, Miguel Ángel de Quevedo se entusiasmó con la idea de crear un centro de reproducción de árboles que luego se sembrarían en diferentes partes de la Ciudad de México, como es el caso de la avenida que lleva el nombre de este ecologista.

Con el paso de los años, este parque público se ha convertido en un deportivo donde se observan corredores de diferentes edades, pero quienes muchas veces no respetan los espacios asignados para este propósito; además de los ciclistas y quienes llevan a sus mascotas, en muchos casos sin correa.

Fotografía de Fernando Moguel

En la actualidad este parque al que se accede por alguna de las cinco entradas que lo rodean, tiene como vecino un vivero donde se venden plantas y fertilizantes. También se hacen exposiciones de distintas especies de plantas como la dalia, llamada la “flor nacional”, o de rosas, sólo por mencionar algunas.

Este pulmón que se ubica en el sur de la Ciudad de México es un Parque Nacional desde los años 30, cuando el entonces presidente de la República Lázaro Cárdenas hizo un decreto para de esta manera protegerlo.

Los Viveros de Coyoacán, primeros en este tipo de todo el país, en la actualidad han dejado de ser proveedores de árboles para los capitalinos, y se ha convertido en el hogar de ardillas que se alimentan, entre otras cosas, de los jóvenes arbustos que se van sembrando para reforestar este emblemático parque donde se encuentran juegos infantiles y espacios para hacer ejercicio.

Avenida México y Universidad (Metro Viveros). Abre lunes a domingo, 6:00 a 18:30 horas. Entrada gratuita. (Sur)

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