Entre los ranchos y haciendas que se originaron durante el virreinato, destacó la de Mixcoac, cuyo casco todavía sobrevive. Pero en el ocaso del siglo XIX y por su cercanía a la Ciudad de México, se edificaron algunas residencias de veraneo. Al llegar la expansión de la ciudad, la zona de Mixcoac fue absorbida por la mancha urbana y tanto ranchos como haciendas fueron fraccionados. A principios de los años 80 comenzó la construcción de ejes viales, con lo que se ensanchan algunas avenidas y se construyen edificios de departamentos, así como unidades habitacionales. Mixcoac se une a la ciudad  en la segunda mitad del siglo XX, pero no fue tan popular como Tacubaya, San Ángel, Tlalpan o Coyoacán. Se le ha considerado un pueblo más con sus conventos, plazas y caseríos. Ubicado entre vías rápidas como el Periférico, el Circuito Interior Río Churubusco y las avenidas Patriotismo, Revolución e Insurgentes, el centro histórico del pueblo de San Juan Mixcoac queda escondido y esto favorece a la conservación de  rincones con encanto, como la Iglesia de Santa María de Guadalupe y el Ex Convento de Santo Domingo, de amplio atrio arbolado y un portal de peregrinos del siglo XVI; la Plaza Jáuregui, enmarcada por casas antiguas, entre ellas la que perteneció al autor de El periquillo sarniento: José Joaquín Fernández de Lizardi; la Plaza de San Juan, donde vivió el expresidente y jurista Valentín Gómez Farías y que hoy alberga al Instituto Mora. Cerca de allí está el Parque Hundido, construido en lo que fue la ladrillera de la Nochebuena y que se distingue por las reproducciones de piezas arqueológicas distribuidas en sus áreas verdes. 

Zona: Sur

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