En México existen actualmente alrededor de 380 niños viviendo en la cárcel. La estancia de los menores únicamente se permite cuando nacen mientras sus madres se encuentran internas y hasta una edad determinada, la cual depende de cada establecimiento. Esta oscila entre los 6 meses y los 6 años de edad, aunque se observan casos de menores de hasta 12 años. El 60% de las reclusas con hijos se embarazan estando presas ya sea en las visitas conyugales o en los reclusorios mixtos, muchas veces con el fin de obtener beneficios o traslados a cárceles federales. Solamente el 21% de los padres se hacen cargo de sus hijos mientras están en el reclusorio. Los delitos más comunes entre las madres de estos niños son, en orden de incidencia, delitos contra la salud, robo, secuestro, homicidio, fraude, lesiones y violencia intrafamiliar, por mencionar algunos. Mas del 46% de estas mujeres tienen entre 18 y 30 años de edad.

¿Cual es la realidad que viven estos niños y niñas? El día a día de estos menores es el mismo que el que viven sus madres quienes están cumpliendo una condena. Los menores permanecen junto a su madre todo el tiempo, aun durante los periodos de aislamiento o visita conyugal. Duermen en la misma cama de concreto y comparten los 2 alimentos diarios de la madre, ya que estos infantes no son reconocidos por la legislación actual y no existe presupuesto para ellos, son los llamados “niños invisibles” . Son niños inocentes que crecen entre cuatro paredes en celdas sobrepobladas y con una alimentación y servicio médico deficiente cuando su único delito es haber nacido en prisión.

Los primeros años de todo ser humano son clave para el desarrollo psicosexual y mental, especialmente los primeros 6. Durante este periodo, el crecimiento físico, el aprendizaje en la esfera del lenguaje, de la creatividad, de la actividad motriz, del descubrimiento social, de la inteligencia, son muy rápidos y condicionan las adquisiciones posteriores. Estos primeros años son los andamios afectivos e intelectuales de cada uno de nosotros. Es primordial favorecer el desarrollo cognitivo y afectivo del niño, permitirle descubrir los diferentes valores morales y sociales para ayudarlo a tener un lugar en la vida familiar y colectiva.

¿Qué pasa con estos niños? Estos son niños que no salen, no socializan, nunca han visto a un animal, no conocen nada excepto la cárcel en la que viven. Aprenden de las conversaciones que escuchan entre las reclusas, son niños que han presenciado y sufrido maltrato físico y psicológico desde el día en que nacieron y para ellos eso es la vida. Son niños callados, quietos y con sobrepeso, ya que no llevan a cabo actividad física alguna. Solamente el 34% asiste a la escuela y eso dentro de los pocos centros de readaptación social que cuentan con servicios de guardería y educación básica. Son individuos que a los 4 años de edad afirman que de grandes les gustaría ser secuestradores o criminales. Por si fuera poco, al cumplir la edad máxima permitida estos niños son separados de sus madres y pasan a hogares de acogida, a partir de ahí se desconoce lo que pasa con ellos ya que no existen programas de seguimiento.

Es importante reflexionar sobre la realidad de nuestro país y acerca de las necesidades y carencias que existen. Todos tenemos algo que aportar a nuestra sociedad. Te invito a que te informes más sobre éste y tantos otros temas de consternación social e infantil.

Para mayor información, visita la página www.reinserta.org

 

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