Platicamos con los protagonistas Eduardo Siqueiros y Memo Sánchez

Quien piense que el arte es una mera forma de entretenimiento, está dejando fuera una visión muy particular; el arte también puede educar y transformar la manera de ver la vida de las personas a quienes toca.

Urinetown no es un musical como los demás, se trata de una poderosa herramienta que, a manera de espejo, utiliza al arte para hacer consciente al espectador de sus propias limitaciones y egoísmos; de una forma que puede hacerlo reír durante 90 minutos, para después llevarlo a reflexionar por horas.

“Es un crecimiento como artista, al poder escuchar cómo la gente se lleva una historia tan poderosa, que además está muy vigente. Para mí, el teatro es un medio que puede entrar en contacto con la parte más humana y puede reacomodar todo aquello que nos pasa día a día”, asegura Eduardo Siqueiros, quien representa al Oficial Lockstock en el montaje.

El montaje muestra la historia de un pequeño pueblo, que tras desperdiciar recursos queda casi extinguido debido a la falta de agua. Ante la escasez, una compañía privada se apodera del uso de todos los sanitarios, creando un terrible monopolio.

“La gente no espera ver este tipo de mensaje tan contundente, muchas veces pensamos que los niños no entenderán y son los primeros que entienden. El compromiso que tenemos sobre el escenario es enfocamos en realmente contar la historia”, relata Memo Sánchez, al cuestionársele sobre el reto que representa el personaje de Bobby Strong.

Tanto para Memo como para Eduardo, Urinetown es un hito en sus carreras; pues el musical que inició hace dos años en Querétaro fue atraído a la Ciudad de México por la curiosidad del público, quien lo convirtió en una exitosa temporada en el Teatro Hidalgo, de la mano de Ícaro, compañía teatral independiente fundada en 2011 por el director Miguel Septién.

“De nada sirve lo que hagamos en el escenario, si no estamos contando una historia, y creo que ése es uno de los puntos más importantes que tenemos, yo creo que ha sido parte del éxito de esta producción”, relata Eduardo.

“Jamás esperamos le éxito, nosotros hacíamos esto en Querétaro porque amamos el teatro, porque amamos los escenarios y nos encantan compartir el poco o mucho talento que tenemos cada uno”, agrega Memo entusiasmado por los reconocimientos que ha tenido el montaje, de parte de la Agrupación de Críticos y Periodistas de Teatro (ACPT).

“Nunca esperamos que esto pasara y casi dos años después ha sido impresionante. Es algo muy especial para nosotros”, agrega Miguel Septién, director del montaje, quien durante el reestreno agradeció a Juan Torres la oportunidad de llegar a la Ciudad de México, además de a Pablo Perroni y Mariana Garza por el sueño cumplido de presentarse en el Teatro Milán.“No siempre tienes la oportunidad de liderar una revolución ni de impactar a la gente. El arte está para hacer reflexionar a las personas”, indica Memo sobre el legado que Bobby Strong ha dejado en él, durante estos años.

Tarde o temprano, y con perseverancia, los sueños se cumplen

Cuestionado respecto al trabajo que Ícaro ha tenido para destacar como compañía independiente en medio de una red de grandes corporaciones, Miguel indica que las oportunidades llegan a quienes saben esperar.

“A veces piensas que la única manera de llegar a algún lugar es tocando la puerta de las grandes compañías, y ahora estos actores tienen la oportunidad de que la gente vea su trabajo”, relata el director emocionado por la gran aceptación que ha tenido en el ámbito teatral de la Ciudad de México.

A decir de Miguel, todos los caminos conducen a Roma, aunque a veces algunos son más cortos o más largos, y otros llevan hacia algunas desviaciones; al final, todos conducen a ese gran sueño tanto para Memo como para Eduardo, hacer un musical sin la parafernalia que implica una gran compañía, no es tan complicado como parece.“No se requiere más que creer en la historia y tener como base un texto maravilloso que fue ganador de un premio Tony, además de disfrutar de cada palabra y cada escena”, finalizan los actores.

URINETOWN. En un pueblo, el agua es tan escasa que una compañía privada controla el uso de todos los sanitarios. Un grupo de revolucionarios luchará para derrocar este monopolio y defender el uso libre de los recursos. Teatro Milán, Lucerna 64, Juárez. Jueves, 20:30 horas. Locs. $450 a $500. Adolescentes y adultos. Hasta el 5 de abril. (CENTRO)

Teatro Millán

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