Inspirada en un ambiente urbano, situado en alguna de las colonias de clase media alta en la Ciudad de México, la directora Silvia Ortega, creó una versión muy particular a partir de Las Tres Hermanas, de Anton Chejov.

Así, de la mano de tres mujeres y sus productoras teatrales, Perra Justa, Caja Negra y Teatro del Mundo, se logró Villa Dolorosa; montaje que sus creadoras denominan como “teatro pop”, por haberse realizado de manera independiente y por tener las bases de una comedia de situación.

Silvia construyó este montaje clásico con toques ‘chilangos’, partiendo de que los personajes, pues a pesar de ser hijos de inmigrantes alemanes, radican en esta gran urbe.

¿Cómo fue tu primer acercamiento a este texto de Chejov?

Silvia Ortega: Chejov es un autor que todo director teatral quiere montar y sigue siendo muy actual; sobre todo por esos conflictos políticos y sociales que hicieron que las burguesías y clases medias altas cayeran. Entonces, me encuentro con Rebekka (Krincheldorf), una dramaturga alemana muy aguda, que además siempre trata temas contemporáneos y es muy crítica en lo social. Tiene una visión del futuro devastadora y es pesimista como toda buena comediógrafa. Cuando me topé con el texto, me identifiqué totalmente.

Rebekka, con mucha agudeza e ironía, crítica a la burguesía e intelectualidad contemporánea.

¿Cuál es la premisa de esta adaptación?

La historia aborda la vida de cuatro hermanos, cuyos padres mueren en un accidente y que se consumen su herencia familiar, porque no tienen nada que aportar a la sociedad, y al mundo, pues no saben trabajar…

¿Qué es lo más grato de representar este montaje?

Renata Wimer: Este proyecto lo inicié yo, es una obra que encontré hace dos años porque me interesa el teatro alemán y se lo conté a mi amiga: Daniela Zavala. Mi interés como actriz toma la temática de Chejov sobre la búsqueda de la felicidad que no se alcanza; y la soledad. Los personajes tienen una construcción realista desde la perspectiva del autor, desde el dolor existencial de no alcanzar el amor ni la felicidad.

Y además continúa vigente…

Renata: El montaje trae a nuestro tiempo a esta familia, es una critica al clasismo y a la burguesía que no va para ningún lado, es un texto muy divertido. La gente piensa en la comedia como una cosa ligera; y sí, efectivamente la gente irá a divertirse, pero está llena de mucha ironía y reflexión, porque habla de cosas que no son tan simpáticas. Finalmente ¿quién no tiene una frustración en la vida?

Para ti Renata, como actriz ¿cómo fue entrar en esta frustración?

Renata: Interpreto a Irina, la hermana menor, un personaje muy bello que es una adolescente tardía, de estos jóvenes que no estudian y viven en una crisis existencial todos los días. Tiene un texto muy significativo: “me levanto y no encuentro el sentido mi existencia y busco y busco, pero no tengo a dónde ir”.

Obviamente es un personaje que busca, pero no tiene sentido su vida ni de dónde agarrarse, yo me siento identificada porque tuve problemas vocacionales, antes de entrar al arte.

Esta adolescencia está envuelta en una sociedad, donde no hay respuestas al dolor existencia ni a la falta de amor. Irina a toda costa intenta salvar su mediocridad, pero termina siendo mediocre y con tintes de snobismo.Silvia, ¿Con qué elementos construiste el concepto de la obra?

Silvia: El concepto del montaje es un poco parodia del naturalismo, con el que se jugaba en las obras de Chejov. Hago un espacio muy íntimo y hay momentos de la obra que juego con el estilo del teatro de lo absurdo. Y sobre todo, como es un espacio reducido, lo hago para resaltar la dramaturgia y las actuaciones.

Esto para encontrar un tono común de una familia que se la pasa discutiendo, porque la obra es una comedia. Siempre se pensó que Chejov hacia dramas profundos, yo lo trabajé a manera de una comedia de situación existencial y eso es lo que atrapa a la gente…

¿Por qué crees que este concepto es tan llamativo, pero a la vez reflexivo?

Silvia: Porque te identificas con toda la disfuncionalidad familiar, los personajes son arquetípicos de ciertos conflictos contemporáneos: no encontrarle sentido a la vida, estar amargados, ser ‘nini’, nunca lograr nada significativo. Son personajes que caen en el vacío o la mediocridad, pero lo que los hace entrañables es que ellos creen que son especiales, la gente se refleja mucho.

¿Qué es lo que esperas que los jóvenes y los adultos se lleven al salir del teatro?

Renata: Un gozo de acercarse a la obra de Chejov. Por otro lado, ver en acción a un elenco muy bueno y probablemente una reflexión sobre su propia existencia. Ser un espejo de la vida humana para mejorarnos; eso es lo que buscamos lo creadores teatrales. Quizá pueden sentirse conectados a la lucha de esos personajes, que puede ser la lucha de sus propias vidas. El drama de Chejov es que los personajes no alcanzan su felicidad, pero nosotros esperamos que el público sí lo logre.

 Villa Dolorosa terminará su temporada en La Teatrería este viernes 14 de diciembre, para el próximo 2019 reiniciar temporada en el Foro La Gruta del Centro Cultura Helénico.VILLA DOLOROSA, versión libre de la obra Las tres hermanas de Anton Chéjov, de Rebekka Kricheldorf. Dir. Silvia Ortega. Con Mahalat Sánchez, Daniela Zavala, Renata Wimer, entre otros. Una singular versión que se ubica en este milenio y que denuncia con humor punzante la actual decadencia burguesa, el esnobismo intelectual y la viva actitud imperialista y xenófoba de las clases privilegiadas a través de los hermanos Freudenbach: Olga, Irina, Masha y Andréi, cuatro adultos hipsters, pseudointelectuales y ‘ninis’, que tras la muerte de sus padres, han consumido toda su herencia y no saben qué hacer con sus vidas. La Teatrería, Tabasco 152, Roma Norte. Jueves y Viernes, 20:00 horas. Loc. $250. Hasta el 14 de diciembre. (Centro).

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