En Bruma, la cinta más reciente de Max Zunino, el director de Los Bañistas vuelve a trabajar con su protagonista y coguionista Sofía Espinosa (conocida por Gloria). Filmada en Berlín, la cinta se enfoca en Martina, una joven que al enterarse de que está embarazada, va a Alemania en busca de su padre, a quien nunca conoció. En el camino conoce a Ángel, un travesti quien le ofrece el hogar que ella buscaba y que no tenía con su familia.

Platicamos con Sofía Espinosa sobre la película filmada entre amigos en Berlín y nominada el año pasado al premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG).

Entiendo que esta película fue filmada como parte de un intercambio en Berlín…

Mira, fue curioso, Max fue a Berlín a trabajar en otro proyecto en una residencia de guion y yo pude irme también. Mientras él trabajaba, decidimos filmar otra cosa porque es una ciudad que nos maravilló, nos impactó y teníamos muchas ganas y mucha prisa de contar otra historia. Tuvimos mucha suerte también.

Conocíamos a César Ramos, quien interpreta a Agustín, se había mudado a Berlín hace tiempo y le contamos la idea que teníamos, así fuimos juntando cómplices -incluyendo actores alemanes- que fuimos conociendo. Juntamos a todo el equipo y en tres semanas teníamos una película.

Trabajamos a base de improvisación, no nada más como actores, sino en la manera de hacer cine; en el sentido de ir encontrando las locaciones, que eran lugares que los actores nos iban enseñando que significaban algo para ellos y que íbamos aplicando a la historia. Así encontramos al personaje de Ángel, quien fue un gran cómplice que nos abrió las puertas de su casa.

Bruma se hizo a partir de esta necesidad de contar una historia en Berlín y lo que para nosotros nos significó esta apertura cultural, sexual y de muchas cosas que tiene Berlín; una libertad que Martina va adquiriendo en el viaje.

¿De dónde nace Martina?

Queríamos hablar de la identidad y de cómo de pronto se vale ponerle una pausa a la vida para averiguar lo que uno está haciendo y si está feliz o si quiere buscar otra cosa. Es un cuestionamiento muy válido, y que de pronto en esta época de tanta saturación de información y de tanto acelere, uno no se permite. Estamos constantemente produciendo y de pronto se nos olvida parar y hacernos esas preguntas.

En este caso, el evento que lo detona es que Martina se descubre embarazada y le cae encima todo este cuestionamiento. Decide escapar con el pretexto de ir a buscar a su papá; pero en realidad, para darse esa distancia y decidir quién quiere ser en su vida y lo que quiere hacer respecto a la maternidad. Es una temática muy actual decidir como mujer qué hacer con tus decisiones a futuro. Nos interesó explorar estos planteamientos y Martina fue el vehículo para hablar de todo eso y de esa manera conocer esta ciudad que nos trajo muchas sorpresas.

Comparándola con Los bañistas, la anterior cinta de Max, siento que ambas tratan de construir comunidades…

Totalmente, esa es una temática que nos interesa a Max y a mí, como en Los bañistas, donde tratamos esta comunidad entre los de arriba y los de abajo. Así resaltamos este valor de la solidaridad y como uno necesita del otro para sobrevivir.

Aquí con lo que me quedo es como uno puede elegir su lugar en el mundo, su familia… existe la familia biológica y la familia que uno elige, y aquí Martina abre la posibilidad de armar una familia con la gente con la que se cruza en Berlín. Ella deja lo que pensaba que tenía que ser la “familia” y genera estos nuevos vínculos que se vuelven más fuertes. Eso también es la libertad: elegir quién forma parte de tu vida.Cuéntame sobre Agustín. Por momentos me daba lástima y en otros lo quería lo más alejado posible…

Mira, en esta historia no hay buenos ni malos. Realmente él es víctima de una circunstancia que no termina de entender, que es que Martina decide dejarlo todo sin decirle del embarazo, algo que hace de manera muy impulsiva y que Agustín vaya detrás de ella y le reclame. Creo que la lástima que sientes es porque él no supo en qué momento pasó este cambio y cómo abordarlo.

Se tocan muchos temas sin volverlo el ‘malo’ o el ‘bueno’. Se habla del micro-machismo, de las expectativas que tenemos de lo que uno tiene que hacer.

Algo que me gusta es que ambos son personajes muy torpes: Martina tampoco hace las cosas de la mejor manera, pero las tiene que hacer, y Agustín siente la necesidad por pelear para no perder lo que ya tiene construido. Todas estas posibilidades son espejos de vida, ya que te puedes sentir mal con cómo se toman las decisiones; pero no hay de otra. Esa complejidad es lo que tratamos de explorar.

¿Nos podrías contar alguna anécdota del proceso de filmación?

Hubo varias anécdotas. Una de ellas es cómo conseguimos que Dieter “Rita” Scholl, quien interpreta a Ángel, se sumara al barco. Buscábamos a alguien con ciertas características y cuando vimos su foto, lo invitamos a un café y le contamos que teníamos una escaleta y que si nos podía abrir las puertas de su casa, de su vida, de su armario, de su trabajo; llegamos a pedir demasiado. Lo más lógico sería que nos dijera que no; no sabía nada de nosotros. Pero de pronto nos tomó de las manos y dijo: ‘Hagámoslo’.

Se fue involucrando en el proyecto más allá de ser actor; nos estuvo contando cosas de su pasado. Hay cosas en la película que son de su vida; por ejemplo, el álbum de fotos es de una pareja que tuvo en la vida real y así fuimos construyendo la vida de este personaje, dándole un toque de documental. El departamento de Ángel es el departamento de Dieter, y el personaje canta en el mismo bar. El personaje fue, literal, un ‘ángel’ para el rodaje.

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