Joe Rendón era conocido por su trabajo en publicidad, en series, y recientemente por el entrañable montaje: Cinema 35. Luego de trabajar en la serie Dogma -junto al productor Leonardo Zimbrón- dirige su ópera prima: Como Novio de Pueblo; en la que, tras ser plantado en el altar, un joven hace un viaje junto a sus primos donde enfrentarán el pasado, fortalecerán su amistad y adquirirán valor para confrontar sus miedos.

El director nos cuenta cómo se filmó la comedia protagonizada por José María de Tavira, Martín Altomaro, Ricardo Polanco, Regina Blandón y Damayanti Quintanar.

Esta película se basa en la película española Primos, historia de Daniel Sánchez, ¿Cómo llegó a ti y cómo lo adaptaste para México?

El proyecto me lo presentó Leonardo Zimbrón, productor de Club de Cuervos y Nosotros los Nobles, mientras estábamos trabajando en una serie que escribí y dirigí con Carlos Carrera: Dogma (se puede ver en Blim).

Lo primero que hice fue ver la original; y a pesar de que el tono no es mi estilo, le vi mucho potencial porque es una historia sobre amistad, enfrentar el pasado, saldar las cuentas pendientes y apoyarte en tus amigos pase lo que pase. A partir de ahí le dije a Leo: ‘Va, pero déjame reescribirlo completo’. Y  pues arrancamos un proceso de reescritura de casi 1 año, entre que me subí al proyecto y filmamos-, lo cual fue delicioso porque así pude ir sumando diferentes voces al proceso, y terminó siendo una construcción muy colaborativa de la que me siento muy orgulloso.

¿Qué buscabas en tus protagonistas? ¿Cómo encontraste a tu elenco?

Al ser personajes tan definidos, más que un arquetipo, estaba buscando una energía. Para Diego, alguien a quien pudieras ver sufrir y tomar malas decisiones; pero que no se volviera antipático. Se necesita un actor muy especial para lograr ese balance y Jose María de Tavira es, sin lugar a dudas, de los mejores actores de su generación. Luego de un largo proceso de casting, él fue quien dejó claro que era la mejor opción.

Para Miguel, yo sabía que era el más complicado porque se podía ir a la farsa muy rápido. Necesitaba a un actor que pudiera hacer un hipocondriaco, y al mismo tiempo, ser empático. Polanco es sin duda de mis actores favoritos -además de uno de mis mejores amigos-, y también, luego de varios castings, logramos convencer al estudio de que él era la mejor opción. El resultado en pantalla no puede ser más contundente, creo que entre él, y el niño: Emiliano -otra joya la verdad- se llevan la película.

Con Martín fue parecido, y no. El personaje de Julián me costó mucho castearlo y luego entré a dirigir una serie y ahí lo conocí; y desde el segundo uno, dije: ‘Éste güey sin problema te podría decir: vámonos a Vallarta mañana, ¡y te convence’ Y después de rogarle un poco, por fin se animó.

Ya con ellos tres escogidos, ellas fueron más sencillas. Y aunque todos salieron por casting, fue muy claro que el elenco tenía que tener una química especial que creo se traduce en pantalla.

¿Cómo levantaron el proyecto?

Con EFICINE, que es el santo-patrono de las artes en este país. Una vez inscrito el proyecto pasan unos meses y te avisan. Todo el proceso lo supervisó Traziende, la casa productora, y cuando por fin estábamos listos, ¡tembló! Entonces por obvias razones tuvimos que retrasar un poco la filmación.

¿Cuánto tiempo filmaron y dónde?

Del 30 de octubre al 9 de diciembre, principalmente en Puerto Vallarta, y una semana en la Ciudad de México. Escogimos Vallarta porque la película va de un viaje de nostalgia; regresan a esa casa donde la pasaron increíble cuando eran niños, y necesitábamos una playa que tuviera esa personalidad como de pueblito, y que fuera un destino clásico. Vallarta era perfecta porque tiene todo: playas divinas, exteriores hermosos, el malecón, adoquines, tejas, la iglesia, el quiosco, etc.

¿Cuál fue la secuencia más difícil de filmar y cómo fue filmar en Vallarta?

Casi todos los exteriores en Vallarta fueron complicados, y aunque la gente era muy amable y estaban felices de tenernos, pues tienen sus vidas; entonces eres un ‘invitado’ en su casa y te tienes que ajustar.

Estábamos en la playa en una escena entre Martín y Víctor Hugo, con el sol encima, nos quedan 3 minutos para sacar la toma, nos falta el close up de Martín, y de pronto; ya con todo listo, a lo lejos se escucha un ruidero como de antro. Volteamos ¡y descubrimos el desfile de día de muertos con 500 personas y al Secretario de Turismo de Jalisco vestido de catrina lidereándolo! Obviamente ese día no pudimos avanzar más…

Lo mismo nos pasó con un concurso de jaripeo, unas retas de mariachis, porque eran las mañanitas a la Virgen de la iglesia local. O de pronto los pájaros a cierta hora saturaban los micrófonos… nos reíamos mucho porque decíamos que parecía que estuviéramos filmando en Springfield, ¡todo pasaba! Pero fue una gran experiencia.Cómo tu opera prima. ¿Qué querías transmitir? Como director y con la película…

Creo que la finalidad siempre fue hacer la mejor película que supimos hacer. Le dedicamos una gran cantidad de trabajo a todos los procesos; y hablo en plural porque, claro, a mí me tocaba guiar el barco, pero hay cientos de personas detrás sumando su creatividad y talento para que tenga una gratísima experiencia cinematográfica.

Para mí lo más importante era que el público pudiera ver que no todas las comedias tienen que ser pastelazos, albures o farsa. Que tenemos una tradición riquísima de comedia y que está bien explorar otros tonos, mucho más cercanos, más honestos, y que la gente se pueda ver reflejada; y ya si de paso, si se llevan una reflexión, pues qué mejor. Nosotros queríamos contar una historia redonda, cuidada y con mucho amor.

¿Por qué te gustaría que el público vaya a conocer a este Novio de Pueblo

Porque es una película entrañable con personajes memorables que te lleva a un viaje sencillo, sin pretensiones, pero honesto. Con mucha verdad, mucho corazón y mucha entrega.

A los que les gusta el género, se van a ir reconfortados; y a los que no lo disfrutan tanto, los invito a que la vean porque se van a sorprender.

Creo que como cineastas estamos en un punto interesante donde tenemos que abrir el espectro y diversificar los tonos, invitar a la gente que sea selectiva, que diga: esto sí o esto no, pero con conocimiento de causa. Lo principal es verlas, sólo con ese feedback podemos seguir creciendo como industria…

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