La nostalgia es algo poderoso; puede llevarnos a un momento de vida del que tenemos recuerdos felices; especialmente cuando el presente es complicado. Así, no es coincidencia que El regreso de Mary Poppins, secuela de la clásica cinta de 1964, sitúe su historia durante la Gran Depresión del Reino Unido en los años 30, cuando Michael Banks (Ben Whishaw), el niño de la primera película -ahora un padre viudo con tres hijos y quien tuvo que pedir un enorme préstamo-, está a punto de perder su casa (el número 17 de la calle Cherry Tree Lane).Seguramente Michael quisiera regresar el tiempo; a ese tiempo de la cinta original y que él y su hermana Jane (Emily Mortimer) recuerdan, aunque ahora creen que se lo imaginaron.

Pero en el momento de mayor crisis de esta familia; y como llegó la primera vez, Mary Poppins (Emily Blunt) desciende inesperadamente del cielo para llevar a los niños John (Nathanael Saleh), Anabel (Pixie Davis) y Georgie (Joel Dawson) a un mundo de aventuras inolvidables en las calles de Londres, e incluso, al mundo alterno que existe dentro de un tazón de porcelana (una secuencia que, al igual que aquella de los pingüinos en la original; fue realizada con animación 2-D).

Aunque revive muchos de los placeres de la primera parte, El regreso de Mary Poppins cae en la misma trampa que El despertar de la fuerza: convertir esta continuación en un remake de la original. Esto se vuelve aparente en los números musicales: cada uno es un análogo de una canción de la película anterior, y todos en el mismo orden (la secuencia en la que Meryl Streep visita a una prima que tiene la casa volteada es claramente un análogo de la primera, cuando visitan a un tío que está flotando porque no para de reír).

Sin embargo, aquí destacan además las escenas tristes en casa de los Banks; particularmente las de Michael, quien otorga un núcleo emocional lo suficientemente fuerte para sostenerla. Él no es una secuela de su padre (en parte porque la época en la que vive no se lo permite), sino un hombre sensible y cariñoso que siente de pronto que el mundo se le está derrumbando.Los niños aportan a este núcleo emocional con un sentimiento de deber y responsabilidad, más allá de lo que normalmente tendrían los niños a esa edad. Ayuda que la química de los actores; particularmente entre Ben Whishaw y Emily Mortimer (quienes proyectan versiones muy creíbles de Jane y Michael de grandes), es impecable.

Sabemos que nadie tomará el lugar de Julie Andrews como Mary Poppins, pero si una actriz iba a otorgar una versión que le rindiera tributo, y un giro único, ¿quién mejor que Emily Blunt? Ella les da un timbre más distante y sarcástico a las frases célebres de esta nana; pero nunca olvida darle ese calor que todos sabemos que existe detrás de su seriedad y elegancia.Por su parte, Lin-Manuel Miranda canaliza el carisma y la gracia de Dick Van Dyke (quien aparece en esta película, en un cameo) en un nuevo personaje que es un análogo de Bert y que ahora se llama Jack (Miranda incluso mejora el acento cockney).

La cinta incluye momentos impresionantes, como la mencionada del tazón de porcelana (una secuencia increíblemente creativa en la que un grupo de animadores veteranos de Disney dejaron temporalmente el retiro para mostrar su destreza en la animación tradicional).

Al final, la intención de honrar la nostalgia que tiene el público por Mary Poppins se cumple; presentando una nueva aventura con suficientes referentes a la historia original (para aquellos que las reconocen) y a la par sentir que se regresa a un lugar del que se tienen hermosos recuerdos.El Regreso de Mary Poppins tiene cuatro nominaciones al Globo de Oro: Mejor Película (Comedia o Musical), Mejor Actor de Comedia o Musical (Lin-Manuel Miranda), Mejor Actriz de Comedia o Musical (Emily Blunt) y Mejor Banda Sonora.

Dejar una respuesta

Escribe tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí

uno × tres =