Regresa Game of Thrones a su franja dominical de HBO con su delicioso despliegue de sexo y violencia, sus enredos de folletín, melodramas, triunfos y derrotas arrolladoras. En ésta, que será su  penultima temporada, el odio de sangre entre las familias de Westeros culmina ante la embestida de un enemigo común: los whitewalkers. Las profecías que han sido punto de inflexión para las aventuras y desgracias de varios personajes tendrán que cumplirse o desdecirse en los próximos siete episodios. 

Foto: Cortesía de HBO Latin América

Es difícil resistir el entusiasmo ante cada episodio y pocos son los que todavía no derrochan una noche entera viendo la serie. La muerte de cualquier personaje importante siempre está en la boca de todos, aún días después de que el episodio estaba al aire. El encanto se puede resumir en que cada episodio contiene más fariseísmo y traición que cualquier telenovela; más sangre que el slasher promedio; desnudos de cine de media noche; paisajes de Irlanda del Norte, Croacia, Marruecos; explosiones que le provocarían un sonrojo a Michael Bay; dragones, batallas épicas y más. Game of Thrones es un menjurje perfecto de entretenimiento con un valor de producción a la par con los lanzamientos más aparatosos de Hollywood —con un costo estimado de seis millones de dólares por episodio, que es suficiente para producir un largo—. Aun así, consigue la medida mínima de ingenio en el diálogo y en los trasfondos para mantener enganchado al esnob más fastidioso: véase la escena del sexto episodio de la cuarta temporada, en la que Tyrion Lannister es sometido a juicio por un crimen que no cometió y aprovecha el estrado para declarar sus rencores a la hipocresía de la corte y a la bancarrota moral de su propia familia. 

Las extraordinarias actuaciones —como la del anterior por Peter Dinklage— ayudan a conducir las ambiciosas y, a veces, confusas tramas de la serie. Los propios creadores, David Benioff y D.B. Weiss, no sólo supieron darle los papeles al reparto indicado, sino sumergirlos en un mundo que materializa las descripciones de Canción de hielo y fuego sin escatimar en detalles o pirotecnias. Casi casi se vive una experiencia de cine en cada episodio. Pero quizá uno de los créditos más merecidos es para el autor de los libros en los que está basado el programa, el ganador de múltiples premios Hugo y Nebula: George R.R. Martin. Junto a El Señor de los Anillos, se halla en Game of Thrones uno de los casos más contundentes de éxito popular para la fantasía —impresa y en pantalla—, sin alejar al público adulto.

Foto: Cortesía de HBO Latin América

Son escasas las instancias en las que la ficción de género no ha estado relegada a nichos de lectores aficionados. Más aun, en la comunidad literaria hay un cierto desprecio a la ciencia ficción y a la fantasía porque se asume que apelan a un apetito muy primario de entretenimiento con clichés y trucos. Esto se puede explicar porque, por un lado, el lector promedio gana poco en invertirle miles de horas a múltiples volúmenes de alguna saga de Marion Zimmer Bradley, y por el otro, el mérito literario del género fantástico no tiende a satisfacer las hermenéuticas de los críticos. Sin embargo, hay instancias que emergen de los nichos y conviven con las lecturas más populares y con las más exquisitas. En el terreno de la alta literatura, se ha logrado acomodar la obra de un grupo distinguido de acrónimos: C.S. Lewis, H.P. Lovecraft y J.R.R. Tolkein. El autor en cuestión no pertenece a dicho grupo ni de chiste —aunque se puede argumentar que es una consecuencia directa de la cultura literaria que establece el mismo—.

Foto: Cortesía de HBO Latin América/HELEN SLOAN

GRRM es más bien un entertainer y sus creaciones de repente se le escapan y cobran vida propia. Sus libros son largos, sus narrativas sinuosas, pero garantiza un nivel de estímulo y diversión que la palabra escrita no consigue muy a menudo. Sus constantes giros de tuerca siempre delataron que es un texto perfecto para la televisión; que la cultura tenía que retomarlo y convertirlo en algo más. Canción de hielo y fuego, aún como colección de libros, funge como una experiencia televisiva. Se puede leer un tomo entero sin subrayar una sola línea. No hay aforismos y no hay poesía. Sin embargo, el texto fluye y uno se queda con la impresión de no haber perdido el tiempo; de que, muy entre líneas, algo se dijo que valía la pena saber. La serie de televisión captura esa sensación y la impregna en todos sus episodios. La saga acaricia un estatus de mitología en tanto es fácil convertir a sus personajes en ídolos. Basta un poco de imaginación para adjudicarles simbolismos y arquetipos. No es raro tampoco engancharse y de pronto verse involucrado en una discusión acalorada de sobremesa sobre quién debe ser el soberano de los siete reinos, discurriendo con teorías políticas y referencias históricas o sobre analogías morales y misticismos subliminales. Game of Thrones es un simulacro de religión. 

Foto: Cortesía de HBO Latin América

Esta serie marca el fin de un ciclo en la cultura popular del mundo entero. Sin duda el incentivo de ganancia producirá regresos a las franquicias de George R.R. Martin: alguna película, miniseries, más libros, yo qué sé. No obstante queda claro que la gran epopeya de los Stark y los Targaryen no tendrá rival en muchos años. Por eso mi reacción al estreno de esta temporada puede ser un poco ambivalente Quisiera volverlo a ver todo, quizá con nuevos ojos, pero ya no hay tiempo. Por lo menos extiendo la recomendación de ver la última temporada otra vez y tratar de ponerse al tanto de todos los hilos narrativos para sacarle el mayor provecho a los escasos ratos que nos quedan con Tyrion, Arya, Daenerys y John. 

Foto: Cortesía de HBO Latin América

Durante sesenta episodios se dijo, con gravedad, que el invierno vendría…

La nueva temporada se estrena el domingo 16 de julio a las 22:03 horas por el canal HBO.

Dejar una respuesta

Escribe tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí

quince + veinte =