De los actores de Hollywood que en algún momento decidieron dirigir, pocos han tenido una carrera tan distinguida -delante y detrás de la cámara- como Clint Eastwood; quien se lanzó a la fama con westerns como El bueno, el malo y el feo y por interpretar el papel de ‘Harry el Sucio’ en diversas películas. Hoy en día, Eastwood también es reconocido como el director (y a veces protagonista) de cintas memorables como Los imperdonables, Río Místico, Golpes del Destino y Francotirador.

Se rumora que su más reciente cinta: La Mula podría ser la última del actor/director que ya tiene 88 años, por lo que es difícil evitar ver este trabajo como una culminación de su carrera y de todo lo que lo ha definido como actor y director.

En la película -una historia inspirada en un artículo del New York Times-, Eastwood interpreta a ‘Earl Stone’, un horticultor de 90 años que pasó tanto tiempo cultivando y ganando premios por sus flores, que dejó de lado a su familia; tanto, que ni siquiera asistió a la boda de su hija (interpretada por su hija en la vida real: Alison Eastwood).Pero el asilo en el que Earl vivía ha cerrado y ya no tiene donde vivir, así que termina aceptando un trabajo que resulta una encomienda del cartel mexicano para transportar drogas de la frontera en El Paso hasta Chicago; sin embargo, él parece disfrutarlo cada vez más. Como evidentemente también recibe mucho dinero por ello, queda en la mira de Colin Bates (Bradley Cooper), un agente de la Agencia de Cumplimiento de Drogas que tiene como objetivo atrapar al delincuente; aunque no sospeche de él aun teniéndolo enfrente.

Cada vez que Eastwood protagoniza una película que dirige, toma la oportunidad de explorar otro aspecto de su propia imagen en la pantalla. Se hizo famoso proyectando una imagen del ‘macho americano’; un hombre silencioso que mantiene su distancia de sus emociones a favor de lograr un objetivo. En su madurez, Eastwood ha incluido además el sentimiento de arrepentimiento; algo que está constantemente presente en La mula.Es impresionante ver a Eastwood en esta época de su vida interpretando a un hombre tan carismático (sus últimos personajes habían sido más bien gruñones); alguien que disfruta estar en su elemento, pero que lamenta darse cuenta de que ese carisma lo ha alejado de lo que verdaderamente importa, y que el tiempo que le queda para repararlo, no es suficiente.

Como director, Eastwood simplemente reúne las circunstancias para que los actores hagan lo que tienen que hacer; casi siempre haciendo muy pocas tomas (Eastwood es famoso por ser eficiente y económico a la hora de filmar). Esto funciona particularmente cuando tiene detrás de su lente a actores de la talla de Bradley Cooper, Laurence Fishburn, Michael Peña y la maravillosa Dianne Wiest (interpretando a la ex esposa de Earl que siempre expresa su decepción con él).La estética es minimalista y directa, siempre evitando el sentimentalismo e inundando la pantalla con texturas granosas; lo que ayuda a proyectar un cierto realismo. Esta manera de hacer cine ha llevado a experiencias conmovedoras; como en las dos cintas por las que se llevó el Óscar como Mejor Director (Los Imperdonables y Golpes del Destino).

Sin embargo, en La Mula, lamentablemente falla el guion. En términos de estructura, el guion de Nick Schenk (quien también escribió Gran Torino) es cumplidor (el arco dramático es claro y su construcción de personajes funciona), pero como el estilo de filmación de su director, el diálogo es tan agresivo y directo que varios de los personajes terminan resultando acartonados (en particular la familia de Earl, quienes tienen diálogos de exposición particularmente torpes).El ritmo también falla, ya que el segundo acto termina sintiéndose muy repetitivo; y si bien la paciencia del público es compensada con un tercer acto muy conmovedor, llegar a ese momento requiere de paciencia. A la par, Bradley Cooper muestra una vez más lo cómodo que está con el estilo de Eastwood y mucho de lo que lo inspiró en su propio debut como director.

Aunque esta no sea una de las obras maestras de Eastwood (un hombre que se ha ganado su estatus de leyenda en Hollywood), La Mula termina siendo un formidable -y probable- último ejemplo de sus dones y destrezas como cineasta y actor.

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