Un náufrago sobrevive a una feroz tormenta. Las aguas lo arrastran hacia una isla, que como él mismo comprueba, está desierta. Ingeniosamente construye una balsa con bambú y lianas con la intención de hacerse a la mar; sin embargo, una misteriosa criatura marina destruye la improvisada embarcación en varias ocasiones. El náufrago descubre que la culpable de su desgracia es una gran tortuga roja, a la cual ataca con rabia al encontrarla en la playa. Para su sorpresa, el animal se transforma en una hermosa mujer a quien el protagonista protege amorosamente. El tiempo pasa, ambos tienen un hijo y viven en armonía con la naturaleza. Pero el ciclo de la vida es imparable, enfrentando tanto a la pareja a la necesidad del muchacho por emprender su propio camino como a la vejez y la cercanía de la muerte.

El monje y el pez (1994)

Las bases estéticas, narrativas y temáticas de La tortuga roja (2016) pueden hallarse en los cortometrajes de su director, el holandés Michaël Dudok de Wit. Con estudios de Artes Visuales en Suiza e Inglaterra, también cuenta con una extensa trayectoria como realizador de cortos publicitarios para cine y televisión exhibidos en toda Europa. La tortuga roja es su primer largometraje, financiado con capitales belgas y francesas, además de la intervención económica y artística del célebre Studio Ghibli japonés (se cuenta que el maestro de la animación Isao Takahata, jefe de producción de dicho estudio tras el retiro de Hayao Miyazaki, le propuso al holandés una versión extendida de su cortometraje Padre e hija (2000); Dudok de Wit propuso en su lugar el argumento del largometraje que nos ocupa, mismo que se convirtió en el primer filme no japonés producido por Ghibli).

Padre e hija (2000)

El monje y el pez (1994) y Padre e hija (2000) bien podrían ser precuelas de la saga de vida, amor y muerte que es La tortuga roja. La base principal en el estilo narrativo de Dudok de Wit es la ausencia de diálogos explicativos o de cualquier otro tipo para privilegiar una narración afianzada fuertemente en la imagen (lo cual no quiere decir que el realizador no le dé su lugar a la música, las atmósferas sonoras y sobre todo a los silencios). Las historias del monje que luchaba sin cesar por atrapar a un pez o el padre y su hija separados por el tiempo y el espacio se narraban en forma semejante. El náufrago protagonista de La tortuga roja no tendrá una retroalimentación convencional a sus cuestionamientos, pues su relación con el misterioso quelonio que rodea a la isla tiene mucho de realismo mágico. Aunque sus diseños visuales, tanto en personajes como fondos, son sencillos en apariencia, se trata de seres sumamente expresivos, que transmiten sus emociones de forma notable.

La Tortuga roja (2016)

La relación entre el hombre y la naturaleza es otra obsesión del cineasta, quien la presenta de una forma compleja, muy ajena al mensaje ecologista facilón. El monje trataba de atrapar al pez trastornando sus conceptos de serenidad y paciencia. Mientras que la misma naturaleza, la del amor y sus demonios que no alcanzamos a comprender, separaban al padre y su hija, cuya separación se da a orillas de un lago que el tiempo termina por transformar en un pastizal, como si el recuerdo de ella se hubiese secado. Por su parte, el náufrago descubre un entorno natural en el cual la naturaleza le resulta tan bondadosa como terrible, capaz de crear y destruir al mismo tiempo.

Lo cual lleva a otra parte esencial en esta trilogía: la obsesión. Atrapar a un pez, tratar de reencontrarse con el padre sin importar el paso del tiempo o abandonar una isla desierta para regresar a la civilización se vuelven los motores vitales de los protagonistas de Michaël Dudok de Wit. Sin embargo, el destino resuelve sus periplos en forma muy especial.

La Tortuga roja (2016)

Apostando por un realismo mágico siempre riesgoso en el cine, el realizador encuentra en lo fantástico la capacidad de conmover, demostrando una capacidad onírica notable. Así, el monje y el pez, una vez aceptada la existencia del otro en el concierto del universo, se van al cielo. Y la hija reencuentra al anhelado padre tal vez en el umbral entre la vida y la muerte, después de visitar el lugar donde ambos se separaron durante años. En La tortuga roja, el protagonista encuentra una vida propia alejada de la vida como la conocemos, pero enfrentando los procesos de esa misma vida y sus seres queridos con la misma incertidumbre que cualquiera. Finalmente, las bases estéticas de la obra de Michaël Dudok de Wit se encuentran en la pintura oriental, con remarcados trazos de tinta y una exquisita manipulación del color. En La tortuga roja, la exuberancia de la naturaleza resalta con brillantes colores, mientras que los sueños, imprescindibles para el relato, ocurren en blanco y negro, resaltando su naturaleza fantástica.

Filme sobre el círculo eterno de la vida y la muerte protagonizado por un dibujo animado dolorosamente humano, La tortuga roja es una de las más notables películas de animación contemporáneas, que demuestran la enorme vitalidad del género y su capacidad para hacerlo todo posible.

LA TORTUGA ROJA (La tortue rouge, Japón-Francia-Bélgica, 2016). Dirección: Michaël Dudok de Wit. Guión: Michaël Dudok de Wit y Pascale Ferran. Música: Laurent Pérez del Mar. Edición: Céline Kélépikis. Compañías productoras: Prima Linea Productions, Wild Bunch, Studio Ghibli, Why Not Productions, Arte France Cinéma, CN4 Productions. Producción: Isao Takahata, Pascal Caucheteux, Vincent Maraval, Grégoire Sorlat. Duración: 80 minutos.

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