La novela de Louisa May Alcott, Little Women, publicada entre 1868 y 1869, ha sido adaptada al cine en ya varias ocasiones, notablemente en 1994. La nueva adaptación, dirigida por Greta Gerwig, destaca de entre todas por la forma en que logra utilizar la historia de la novela para visibilizar las dinámicas de género presentes tanto en la sociedad que retrata como en la actual.

En esta nueva versión, la vida de las hermanas March – Meg (Emma Watson), Jo (Saoirse Ronan), Beth (Eliza Scanlen), y Amy (Florence Pugh) – es presentada de forma no lineal, intercalando la narrativa entre dos periodos distintos delimitados por la cercanía entre ellas. Esta estructura permite a la película enfatizar la relación de las hermanas, pues mientras un periodo abarca su infancia juntas, el otro está delimitado por su separación.

Gerwig resalta cada periodo a través de la paleta de colores, así como la iluminación de cada uno, y mediante estos recursos retrata los sentires de las hermanas en cada momento: mientras están juntas los colores son más vivos y la luz es cálida; cuando están separadas la luz se vuelve fría y los colores opacos.

Esta es una de las formas en que la directora exalta el tema central de la película: la condición femenina dentro de la sociedad patriarcal. Uno de los grandes logros de esta adaptación de la novela decimonónica es que, sin alterar sustancialmente la trama, logra retratar la relación entre las hermanas, así como con las figuras masculinas a su alrededor, de una forma en que siempre están presentes las formas en que la sociedad patriarcal delimita y condiciona a las protagonistas.

La película trabaja en torno a este tema de distintas formas, y una de las más interesantes es su uso de la meta narrativa en el arco de Jo, quien se convierte, desde su condición de mujer escritora, en una representación tanto de Alcott como de Gerwig, y es a través de las libertades que esta última toma en su adaptación del arco de Jo, que retrata las condiciones a las que las mujeres deben enfrentarse para acceder a un medio dominado por los hombres.

Otro aspecto en que Gerwig utiliza la novela para visibilizar la disparidad de género presente en la sociedad estadounidense de mitad del siglo 19 es su caracterización del matrimonio y las relaciones de pareja. Una de las escenas en que esto se hace más evidente es cuando Amy y Laurie hablan acerca de la decisión de ella de casarse con un hombre rico a quien no ama. En esta escena la película deja toda sutileza a un lado para explicitar que, para las mujeres, la decisión del matrimonio no está tan atravesada por el amor como lo está por su marginalidad económica.

Al señalar estas realidades de las dinámicas heteronormadas, la directora replantea la forma en que leemos el romance tradicional. Además, al caracterizar a Jo como mediadora entre la ficción de Little Women y Alcott y, sobre todo, con ella misma, Greta Gerwig señala que estas dinámicas existen tanto en 2020 como lo hacían en 1860.

La forma en que Gerwig presenta estas situaciones funciona también para enfatizar uno de los puntos más fuertes de la película, que es que la relación de las hermanas entre ellas, así como con su mamá, funciona como un escape a las realidades a las que se tendrán que enfrentar en un futuro determinado por su género. Es por esto que las escenas correspondientes al periodo en que están juntas son cálidas y transmiten una mayor seguridad, porque son las escenas en que, a través del juego, se acompañan y construyen un mundo aparte.

Little Women de Greta Gerwig, por la forma en que retrata la dinámica de las hermanas March en un contexto explícitamente patriarcal, así como los mecanismos que utiliza para hacer que esta crítica de la sociedad decimonónica retratada originalmente en la novela sea relevante también para la sociedad actual, es una adaptación del texto de Alcott que invita a leer la novela original desde una nueva perspectiva.

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