Con su segundo largometraje, Alonso Ruizpalacios confirma que su nombre merece estar entre aquellos grandes directores mexicanos de este siglo. Su ópera prima: Güeros, exploró la Ciudad de México a través de la historia de tres estudiantes de la UNAM, con una trama sencilla que en sus manos resultó una aventura.Ahora, el director mexicano se enfoca en dos jóvenes que en 1985 robaron 140 piezas prehispánicas del Museo de Antropología en la Ciudad de México (incluyendo la máscara de jade del Rey Pakal) para tratar de venderlas en el mercado negro. Aunque en la vida real tenían otros nombres, aquí son Juan Núñez (Gael García Bernal) y Benjamín Wilson (Leonardo Ortizgris).Los golpes de la historia son sencillos, pero lo que Ruizpalacios retrata de manera impecable en esta cinta es la atmósfera. La secuencia del robo es fascinante, mostrando de manera meticulosa el proceso de deshacer cada vitrina y robarse las piezas. También su visión de México en los años 80 (incluyendo una discusión sobre ‘Keiko’, a quien recién iban a traer a Reino Aventura -hoy Six Flags México-), además de retratos muy impactantes de Palenque y Acapulco; lugares que son retratados con cariño y personalidad, y donde más claramente se proyecta la voz del director.Aún con su fascinación con crear atmósferas, Ruizpalacios nunca descuida a sus personajes y en esta cinta la relación entre Juan y Wilson es turbulenta y conmovedora.

Es impresionante que, a sus casi 40 años, García Bernal se vea tan natural con un personaje que se maneja con la impulsividad y la inquietud de un joven de 20. A veces el estrellato de Gael eclipsa sus talentos como actor, pero en sus mejores momentos (Me estás matando Susana, Neruda y por supuesto, Y tu mamá también), muestra lo audaz que puede ser al encarnar personajes que llegan a ser desagradables o patéticos. Juan no es una buena persona (como ejemplo; durante una cena de Navidad les muestra a los niños la verdad de Santa Claus), y deja claro que decepcionará a todos a su alrededor, porque sabe que es justo lo que esperan de él.A la par, Ortizgris muestra una vulnerabilidad y sencillez muy conmovedora en el papel de Wilson; creando a un personaje que vive de la protección de Juan y que hará lo todo lo que él le pida para mantener justo eso. Destaca también una aparición del inglés Simon Russell Beale como el traficante de arte Frank Graves en una escena inolvidable en el segundo acto de la historia, un personaje tan amenazante como agradable.Es una pena que Museo saliera justo el mismo año que Roma de Alfonso Cuarón; pues esta última está dominando la conversación alrededor del cine mexicano. En otro año, ésta hubiera sido una digna y maravillosa representante de México para premios internacionales; incluso, Museo ganó Mejor Guión en el Berlinale, Mejor Dirección en el Athens International Film Festival, y haber sido proyectada en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF). Logros como esos nos hacen creer que el cine mexicano, y Ruizpalacios, tiene un futuro prometedor por delante.  

 

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