Para contar una historia sobre juguetes, en particular unos que han dejado un legado en la cultura popular, en su debut como director de largometraje animado Lino DiSalvo (quien trabajó en algunas películas de Disney, incluyendo Frozen: Una aventura congelada yEnredados), nos muestra que cualquier lazo puede fortalecerse a través de una aventura en el mundo de Playmobil.

Marla (Anya Taylor-Joy) es una joven que en algún momento soñó con viajar por todo el mundo (lo que más atesoraba, era su pasaporte); cuando sus padres mueren en un accidente, se ve obligada a cuidar de su hermano menor: Charlie (Gabriel Bateman).

Ella queda tan afectada que sobreprotege a Charlie y éste la resiente; por ello, huye a una exhibición de Playmobils donde ambos son transportados al mundo de estas figuras de plástico.

Ahí, y luego de que ambos son transformados, Charlie -quien ahora es un vikingo-, es secuestrado por un emperador romano (Adam Lambert). Marla busca ayuda y la encuentra en el conductor de un food truck(Jim Gaffigan) y un agente secreto (Daniel Radcliffe). Ella deberá entonces enfrentar sus inseguridades, recuperar el espíritu aventurero y ultimadamente, rescatar a su hermano.

La trama es sencilla, pero permite que los personajes exploren diferentes mundos retratados por estas figuras de plástico. Así como en La gran aventura Lego, el universo de los Playmobil se presta a personajes de diferentes géneros: se puede tener a un conductor transportando una especie de paja mágico que le da alas a los caballos, o de repente, un robot. También se puede cabalgar desde un pueblo del lejano oeste a un coliseo romano, o llegar a un castillo de cuento de hadas (con todo y hada madrina).

En medio de todo esto, el agente secreto al que Marla se une resulta una especie de parodia de James Bond, un personaje que, aunque la película se vea en español con la voz de Dario Yazbek, deja percibir la personalidad y el carisma del actor que lo originó: Radcliffe.

Playmobil: La película es también musical (en los años 60-70 era muy común que la mayoría de las cintas infantiles fueran musicales, hoy en día es poco frecuente). Incluso, la primera canción es interpretada por Marla en el mundo real (en su forma humana) en una secuencia que la tiene brincando junto a su hermano por toda la casa; algo que hoy en día ya no se suele ver en el cine. Aquí el ritmo y la música se utilizan para establecer el lazo de estos hermanos antes de que se pierda; es lo que estará en juego en esta aventura.

La animación de este filme quizás no tiene las texturas y el detalle que se espera en algo de Disney o Dreamworks, o quizá una historia sostenida por figuras tan icónicas como los Playmobil pudo haberse beneficiado del stop-motion. No obstante, destaca el ritmo de las secuencias que recuerdan lo que se siente jugar con estos juguetes, crear obstáculos y soluciones a las aventuras que se presentan en un abrir y cerrar de ojos.

Dado que esta cinta se mezcla con un elemento humano que aterriza la historia, el ritmo no es tan frenético como en La gran aventura Lego; eso podría ser un acierto para cualquiera que busca conectar con algo más humano.

Sin duda la tragedia pudo haber sido más explorada (es potente y se queda simplemente como justificación para contar esta historia) y parte de la trama es predecible; no obstante, la fórmula funciona y lo que puede ser distintivo es que ésta podría ser la primera película que un niño vea en su vida y esta experiencia resulte emocionante; aunque algunas de estas convenciones nosotros las llamamos “clichés”.

  

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