“Julieta” (Natalia Varela) es una talentosa chelista cuyo talento ha sido un tanto opacado al estar casada con Daniel Abad (Alfonso André), un famoso músico de la escena clásica. Su matrimonio parece desmoronarse porque los compromisos profesionales son la principal prioridad de su esposo; por ello, una mañana que él la deja plantada ella conoce a Iván (Alfonso Dosal), un DJ que ha prometido no enamorarse…Respecto al título, el director: Alejandro Sugich, (quien ha dirigido proyectos como Casi Treinta estelarizada por Eiza González) explica que esta cinta se titulaba originalmente Julieta, pero hubo que cambiarle el nombre…

“Una semana antes de rodar, Almodóvar lanzó una película con éste mismo nombre y el productor Gastón Pavlovich me dijo que teníamos que cambiarle el título, entonces decidimos ponerle Helena; de hecho se presentó así en Morelia. Pero cuando se involucra la gente de Cinépolis Distribución, hicieron un “focus group” y decidieron que el nombre correcto era Prometo no enamorarme; que me gusta porque a fin de cuentas es como la regla número uno de esta película, de estos dos personajes, cuando se conocen al inicio…”, explicó Sugich en entrevista.Julieta e Iván empiezan a pasear por la Ciudad de México, en lugares emblemáticos como Coyoacán y la colonia Roma, por lo que la propia ciudad se vuelve un personaje más de la historia.

“La selección de locaciones surgió como una idea… un poco hípster (risas), escogí los lugares que más me gustan. Si a mí me estuviera pasando exactamente lo que sucede en la película, ¿A dónde llevaría a la chica a pasear? En el Lago de Chapultepec, mi idea era hacer algo súper romántico y lo sacamos muy bien, o en la escena del Castillo, que se ve precioso. Pero realmente si tú te paras allí, no se ve el castillo, lo que hicimos es que lo regeneramos en 3D; lo volteamos y lo agrandamos, para poder tener perspectivas”, explicó.Cuidando todos los detalles, el realizador quiso que las locaciones, como el departamento del protagonista, tuvieran una conexión con la profesión de los personajes.

“El departamento es muy de la “Roma” con sus instrumentos musicales; tengo un par de amigos que se dedican a eso de la música y me clavé mucho en ver sus departamentos. Tratamos de hacerlo lo más real posible, tratar de hacer una película muy humana y muy espontanea”, añadió.No obstante, filmar en este tipo de lugares de la CDMX no estuvo exento de retos; entre ellos, el clima y el presupuesto.

“Chapultepec técnicamente es muy difícil, filmamos en enero bajo 0 grados, estábamos grabando de 11 de la noche a 6 de la mañana, fue algo bastante complejo. En cuestión de los recursos, eso siempre va a faltar, porque uno quiere hacer miles de cosas.“Creo que el reto más grande fue la filmación en sí, se tuvo que recortar el tiempo por el tema presupuestal, la hicimos en 16 días; lo cual es bastante corto. Lo que hicimos fue una preproducción muy grande y muy ambiciosa. En esos 16 días de rodaje no hubo horas extras, porque una de las técnicas que empleé fue que un fin de semana antes me fui con mis actores y mi fotógrafo y grabamos la película con una camarita, prácticamente todo el guión, llegamos el lunes a la filmación ya con el staff y todo, y lo teníamos bastante claro, lo estudiamos mucho”.

Teniendo como foco a tres personas dedicadas a la música, ésta se volvió un elemento importante del filme, además de los sonidos ambientales; pues es a través de ellos que conocemos más a los personajes: sus vidas, sus motivaciones, y sus sueños…“Hay varios factores por los cuales tomé esa decisión creativa, pero el número uno es precisamente que cuando charlábamos de la escena con Poncho (Dosal) y Natalia (Varela), era pensar más allá. En una de nuestras platicas, Poncho dijo ‘sabes qué, cuando me acuerdo del sonido del despertador realmente lo puedo traer a mi cabeza, lo escucho, inmediatamente siento lo que sentí en ese momento cuando lo escuchaba’, entonces allí dije yo: ‘podemos incluirlo’. Y la idea es que ese despertador lo escucha Iván y nadie más. En el caso del personaje de Natalia, igual…“La segunda razón es que esa toma fue la más difícil, nos tomó un día, porque es un plano secuencia y es puro diálogo y quise tomar de todas las herramientas del cine para lograr una pieza con elementos diferentes, para que el espectador esté muy atento de lo que se está platicando; envolverlos en todos los elementos de los que tienes posibilidad de controlar en el cine: la música, los sonidos, los diálogos…”

Se planteó además un paralelismo entre los personajes de Iván y Daniel; uno un joven lleno de sueños, que experimenta con los sonidos del ambiente, y que necesita estar en contacto con lo que lo rodea para poder componer; mientras que el otro, es un músico docto, requiere estar aislado y encerrado para poder crear.

“Daniel parecería representar la música clásica mientras que Iván representa a la música nueva; la idea es que hay un par de elementos muy interesantes, se plantean personajes muy distintos, blanco y negro; pero al final, la película tiene un mensaje, y es precisamente que no todo es blanco y negro…”

La diferencia en ese proceso creativo, y la nacionalidad de los personajes, también terminó jugando un papel importante en esta historia.“Mi idea era esa, un chico contemporáneo que necesita estar afuera y escuchar todos estos elementos para construir una melodía y el otro que tiene que estar totalmente encerrado para poder escuchar su música en la cabeza, y los dos son mexicanos, eso es algo importante. Traté de hacer esa separación y esto permite al personaje de Julieta (una española) engancharse con alguien y conocer ese México desconocido –y de la mano de alguien que es totalmente distinto a lo que ella está acostumbrada–. Ya no es la “Julieta” de “Daniel, es una “Helena” nueva”.

Por momentos, esta cinta recuerda a otros grandes filmes como Historias de Lisboa de Wim Wenders, Antes del amanecer de Richard Linklater o Manhattan de Woody Allen. Sugich nos habló sobre sus referencias.

“Me clavé mucho con Annie Hall de Woody Allen, para las actuaciones, para los plano secuencias… desmenucé las películas de Richard (Linklater), esas películas son con las que más me clavé. Manhattan también, Woody Allen es el director que se me vino a la cabeza rápidamente; quería hacer una película defeña, de la ciudad de México, como este cine de los setenta, ochenta de Woody Allen, que eran películas neoyorquinas”.

Prometo no enamorarme cuenta con una inversión total de poco más de 17 millones de pesos, y la producción ejecutiva de Gastón Pavlovich, uno de los cineastas más influyentes de la industria nacional y quien ha colaborado en años recientes con Martin Scorsese.Sobre la experiencia de trabajar con Pavlovich para este proyecto, el director compartió que fue muy positivo.

“Fue increíble trabajar con él, es un productor con mucha ambición, confió en mí, y eso se agradece muchísimo y me puso un equipo técnico increíble alrededor. Leyó Noches blancas de Dostoievski y su idea era hacer una adaptación y ahí empezamos a platicar, además los dos somos de Sonora y eso nos une; y no nada más eso, la familia Pavlovich y los Sugich, vinieron a principio de siglo juntos a Sonora, entonces siempre tuvimos ganas de trabajar en conjunto, desde que tuvo el gran éxito con El Estudiante platicábamos…“Me presentó esta película, vio mi trabajo previo como director, y le gustó mucho como utilicé la música, y para él era bien importante la música en esta película, entonces fue muy positivo. Creo que vamos a trabajar mucho más en el futuro”.

Y aunque de primer momento el final de Prometo no enamorarme podría resultar un tanto ambiguo, seguramente generará sentimientos que el propio espectador deberá descubrir; pues, como la vida misma, nada está escrito…“Hay un por qué para ello; mi idea con esta película era pensar qué sucedería en la vida real; siempre fui fiel a eso y ese pensamiento me dictó que tenía que hacerlo de esa forma y lo siento bastante natural…

Las historias tienen que evolucionar. La base, para mí, para esa evolución, es pensar qué pasaría en la vida real”.

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