En Roma constantemente se siente la presencia de Alfonso Cuarón; tanto, que verla deja la sensación de que lo conocemos más. Además, conserva elementos que hemos llegado a asociar con el cineasta: los planos secuencia, la atmósfera marcada, la crítica socio-política. Además, está situada en la época (principios de los años 70) en la que el cineasta creció (nació el 28 de noviembre de 1961).

Una historia como ésta, podría ser naturalmente contada desde el punto de vista de un niño (análogo del director; o incluso, podría ser explícitamente él de niño). Sin embargo, Cuarón toma la decisión de mostrar este retrato de familia desde el punto de vista de alguien que, aunque ‘oficialmente’ no es un integrante, sí resulta una pieza clave: la nana.

La cinta abre con una toma cerrada del piso de un estacionamiento. Esta toma se va abriendo (similar a la primera toma de El padrino), mientras vemos a la protagonista limpiando el piso antes de que llegue un automóvil a estacionarse (sobre esto vemos los créditos de la película). La figura que está limpiando es Cleo (Yalitza Aparicio), quien trabaja para la familia de Sofía (Marina de Tavira), su marido (a quien ve cada vez menos) y sus cuatro hijos.La narrativa de Roma se denominaría en inglés “slice of life” (que se traduce literalmente a “rebanada de vida”). Esto se refiere a una historia que retrata la vida de los personajes, sin una estructura narrativa clara. Sí hay giros inesperados; pero en general lo que la cinta nos muestra son las cosas mundanas; las salidas al cine o los viajes fuera de la ciudad y en medio de todo esto, percibimos eventos que culminan en la Masacre del Jueves de Corpus (también conocida como el “Halconazo”).

A pesar de que el ritmo es lento, los eventos que vemos en la pantalla tienen un efecto cumulativo que resultan en un viaje emocional muy conmovedor y satisfactorio. 

Cuarón y su equipo han declarado que este filme se hizo sin guión, lo que favoreció que, al recurrir al recurso del no-actor (antes de esta película, Yalitza Aparicio llevaba una modesta vida en Oaxaca), el director logre reacciones viscerales y honestas.Como comentábamos sobre Cuarón, suele privilegiar la atmósfera: ya sea un Londres futuro en el que no han nacido niños en casi 20 años (Hijos del Hombre), el espacio que existe inmediatamente sobre la Tierra (Gravity), o el mágico mundo de Hogwarts (Harry Potter y el Prisionero de Azkaban).

En Roma, Cuarón recrea la Ciudad de México de los años 70, y la colonia que hace honor al título de la cinta, con un hermoso blanco y negro. Los detalles que adornan este mundo también son ingeniosos; incluyendo un Ford Galaxy con el que la matriarca batalla continuamente para meter al reducido estacionamiento de la casa, y un personaje que practica artes marciales desnudo y utilizando como poste una cortina de bañera (una de las escenas más bizarras de la película).

Si bien la ventana de exhibición elegida para Roma fue Netflix, lo que Cuarón creó para esta cinta es digna de verse en la pantalla grande; oportunidad que se mantiene gracias a las funciones especiales que continúan en recintos como la Cineteca Nacional, Cine Tonalá e incluso Los Pinos.  Hasta ahora, Roma es una de las películas mexicanas que más han resonado este año y ya fue nominada a tres Globos de Oro (Mejor Director y Mejor Guion para Alfonso Cuarón, y Mejor Película Extranjera); ganó el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia y fue la cinta elegida por México para competir por el Óscar como Mejor Película Extranjera (se revelará si queda en esta terna el 22 de enero).

Y si bien los ingresos económicos de la taquilla de Roma (derivados de las pocas pantallas) serán modestos; falta ver lo que Cuarón logra en la temporada de premios. Esperaremos el resultado…

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