Cuando era chica, Cassandra Ciangherotti se encontró con el libro de Guadalupe Loaeza: Las Niñas Bien, y se imaginó que debía ser una de ellas; aunque al adentrarse en los ensayos de la escritora mexicana, ya no estaba tan segura de querer convertirse en una… Años después fue invitada a participar en la adaptación del libro, en la cinta dirigida por Alejandra Márquez Abella y enfocada en tres mujeres de la alta sociedad, interpretadas por Ilse Salas, Paulina Gaitán y Cangherotti.

En el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), donde presentó la película Solteras, platicamos en exclusiva con la actriz.Cuéntame tu primer encuentro con Las Niñas Bien, ¿leíste este libro?, ¿Cómo tomaste ese concepto de las ‘Niñas bien’?

Es muy curiosa tu pregunta, porque yo el libro lo agarré de la biblioteca de la casa, justo porque me llamó la atención el título, lo cual me hace reflexionar mucho. Tenía 15 años cuando lo encontré y me llamó la atención porque tenía la palabra ‘niñas’ -que era lo que yo era-, y ‘bien’ -que no tenía muy claro el concepto-.

Pensaba: ‘yo quiero ser eso; quiero ser una niña y quiero estar bien, ser ‘bien’. No porque supiera que eso tenía que ver con nada, sino nada más por el juego de palabras.

Empecé a leer el libro, y encontrar esta cosa de que: ‘La niña bien se sale de Polanco y se pierde’. Y entonces me preocupó, porque dije: no se sabe manejar por el mundo. O sea, yo quiero poder agarrar un auto e ir por todos los lugares, y empecé a darme cuenta de que ‘niña bien’ no era algo que yo quería ser…

¿Lo acabaste de leer en aquel momento?

No lo acabé de leer en ese momento, creo que llegué al tercer, cuarto ensayo; pero fue muy claro esto que te conté. Después de muchos años, me dicen de esta película y pues me resulta muy interesante, porque qué diversión hacer a estos personajes, y ya me eché todo el libro y entendí otras cosas.

Fue muy divertido hacer a ‘Alejandra’ porque no tiene filtros; dice todo lo que piensa porque está como protegida por su personalidad encantadora. Creo que en dosis moderadas, de repente, todo el mundo debería poder ser como ella; sentirse como rey o princesa 5 minutos al día, y este personaje lo tiene las 24 horas.Pero si bien no tiene filtros, ella y sus amigas son algo hipócritas, pues estas ‘niñas bien’ no dicen las cosas a la cara, sino por la espalda…

Constantemente, pero siento que de cierta manera son las reglas del juego en esa sociedad y eso es lo interesante. Creo que donde hay mucha riqueza, hay mucha culpa; porque uno siempre sabe qué tanto necesita, qué tanto se está pasando de lanza. Incluso, lo sientes en el cuerpo cuando comes más de lo que necesitas. La riqueza acumulada siempre deja una sensación de culpa y todo el mundo quiere tapársela, todos quieren cubrir ese dolor, esa huella, con una actitud muy violenta hacia afuera. Eso suscita muchas cosas que no son positivas para la sociedad: la envidia, la hipocresía, la arrogancia, la soberbia.

¿Cómo te integró Alejandra a este proyecto?, ¿hiciste casting o te buscaron directo?

Alejandra me buscó con mucho miedo, porque sentía que yo era muy joven para el personaje porque ellas son unas señoras. Entonces me pidió hacer un casting y lo hice con mucha facilidad; sentí que era un personaje que si no lo hacía yo, Alejandra se lo iba a perder. Tenía que hacerle ver que se iba a perder de lo que yo iba a aportarle; entonces le eché ganas y me quedé. Después empezamos a hacer todo el proceso de trabajo, y fuimos a hablar con señoras que pertenecen a esos círculos.

¿Ellas sabían que estaban siendo observadas, estudiadas, o fue más bien una plática casual?

Sí, sin ningún problema, porque ese es un poco parte del encanto del libro de Guadalupe, que hay algo muy genuino en poderse expresar sobre su realidad con tanta verdad. Siento que poco a poco va habiendo como una conciencia de abrir estas brechas, y de que estas mujeres que fueron tan amables de irse a sentar con nosotros y contarnos sus anécdotas, y sus vidas, como un entendimiento de su situación privilegiada. Creo que es bueno, y fue muy agradable.¿Cómo trabajaron con la directora, y entre ustedes, para construir a estos personajes?

Fue muy curioso porque cada una tiene su forma de trabajar. Íbamos entrando en los personajes y nos íbamos convirtiendo en personas distintas. No podría decir cómo fue el trabajo de cada una; pero por ejemplo, era muy curioso cómo Ilse, de ser una persona súper extrovertida y platicadora, y que siempre está con los demás, de repente se fue convirtiendo en una energía hermética. Y yo, que generalmente soy más hermética, más hacia adentro, terminé convirtiéndome en esa energía que está para afuera. Fue curioso.

¿Cómo fue construir una historia de mujeres; escrita, y dirigida, por mujeres?

Fue una experiencia muy linda trabajar con una directora que entendía muy bien lo que estaba haciendo. Me acuerdo una vez que estábamos filmando y Alejandra dijo: ‘Estoy convencida de que esto, más que hacer una crítica a las esferas altas, es como un Mad Men’ (la serie).

Ya cuando vi la película se me hizo totalmente Mad Men; se logra entrar a una complejidad de entender cómo era la vida de las mujeres en los ochentas, las posibilidades que tenían, y más en esas esferas, pues se podría pensar que una niña rica tiene todo en el mundo, pero lo que menos tiene es libertad.

De entrada, que la cataloguemos como ‘niña bien’ y que su comportamiento tenga que estar dentro de ciertas reglas, me parece horripilante. Me acordé de la canción de Gloria Trevi de “Qué Bueno Que No Fui Lady Di”. Hay muchísima libertad en no ser ‘Niña bien’.

Justo hablando de los ochenta, el diseño de producción es muy bueno. ¿Cómo recrearon los ochentas; los peinados, maquillajes, y vestuario?

Lo hizo un cuate muy talentoso, que junto con Alejandra, fue diseñando personalidades. Sofía es un personaje muy conservador, que todavía sigue la línea como de su abuela; mi personaje es como el evolutivo, el que va en trending con la moda.

En los vestuarios hay diferencias; uno súper moderno, el otro mucho más antiguo; porque hay diferentes formas de estar en el mundo.

Hablando de estas formas de estar en el mundo, mientras veía la película pensaba que en esa época pretendían una realidad a través de las cosas materiales; pero hoy en día, parecería que todos ‘pretendemos’ a través de las redes sociales…

Sí. Me llama mucho la atención la negación de la gente de entender que la cáscara de naranja se volteó. Antes podías ver a una persona que estaba teniendo éxito -porque salía en las portadas- pero no sabías que había ahí adentro; todo era como muy hermético y misterioso. Ahora que la información es de todos, y que esa cáscara se voltea, le ves los hilos a las cosas.

Me sorprende mucho que haya un sistema detrás que funcione así; un mecanismo donde la gente tiene publicistas, y todo un trabajo atrás y que hoy podemos entender. Ahora tú puedes ver a un actor haciendo una campaña, pero también lo puedes ver en otras fotos donde está chingándole en el trabajo; se van entendiendo otras cosas.

Que el amor ahora esté determinado por deditos apretando un botón, un ‘like’; nos olvidamos que una persona tiene un valor. Eso es muy duro, sobre todo para la juventud, que todavía va aprendiendo cosas. Es lo que más preocupa; cuando estás más adulto puedes hacer más diferencias, pero cuando estás más chico, tus ilusiones y tus ganas de trascender o de hacer cosas importantes, de pertenecer, son otras.

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