Lucía Carreras, la cineasta responsable de Nos vemos papá y La casa más grande del mundo, presenta su cinta más reciente: Tamara y la Catarina. En ella, Tamara (Ángeles Cruz), una mujer de casi 40 años con retraso mental, se lleva a una bebé que encuentra abandonada en un puesto de periódicos. Tamara se la quiere quedar, pero su vecina Doña Meche (Angelina Peláez) debe convencerla de regresarla para que la encuentren sus padres, antes de que la metan a la cárcel.Esta conmovedora y a la vez cruda historia de solidaridad femenina, en un mundo que no tiene paciencia para aquellos que no tienen las mismas capacidades que los demás (más en un barrio de bajos recursos en el que todos buscan sobrevivir) -y que se presentó en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) y el Festival de Cine de Zurich en el 2016-, busca, ante todo, inspirar empatía.Tuvimos la oportunidad de hablar con la directora Lucía Carreras y su protagonista Ángeles Cruz (quien, junto con Angelina Peláez, fue nominada al Ariel por esta cinta).

¿De dónde surgió esta historia y la necesidad por contarla?

Lucía Carreras: La historia salió de una imagen de una bebé con una mujer. A partir de esa imagen empecé a armar la historia. La necesidad surge de que me gusta contar historias, pero en el proceso encuentro el motor de la historia que quiero contar y por qué. En este caso, hablar de personajes “invisibles” o olvidados; hacerlos de alguna manera presentes en una historia y hablar de su micro mundo, sobre todo la amistad y la solidaridad que domina en esta situación.De ahí surgió el sentido de esta película, a través de estos personajes. Uno busca contar historias por las cosas que lo conmueven; como la segregación social y de cómo en un mundo en el que todo sale espantosamente mal, uno puede encontrar esos pequeños momentos de felicidad a partir de las relaciones que construye. Como dos personas pueden terminar necesitándose y queriéndose.Me impactó que el tema se tratara con tanta crudeza y rudeza; tanto, que hasta el personaje de Meche, aún creando ese vínculo con Tamara, nunca deja de ser dura con ella…

Lucía: Una de las cosas más importantes para mí es construir personajes redondos, maniqueos. En el caso de Tamara, yo tenía muy claro que no queríamos que fuera una caricatura, ni una representación irrespetuosa o falsa de una persona con una discapacidad. Lo mismo con Doña Meche, un personaje que tiene una gran amargura porque el mundo no la ha tratado bien. Trata de dos mujeres abandonadas -tres si contamos a la bebé- y quería trabajar desde ese lugar y hacer un cine que no da concesiones.

Al final estamos representando un mundo real y esa dureza, que es una buena palabra para describirlo, hace que los momentos alegres tengan un valor mayor.Ángeles, descríbenos el proceso de crear a Tamara a través de la investigación y el trabajo con Lucía.

Ángeles Cruz: Fue un proceso largo; lo cual yo agradezco, la oportunidad de crear varias capas de acercamiento y abordaje del personaje. La primera parte viene de lo que vi en videos documentales, libros, mi investigación de las características de lo que tiene Tamara, de su capacidad intelectual. Después vino el proceso de descubrir las emociones y cómo se mueve en la realidad. Esa es una primera etapa.

La segunda es entrar en la piel de Tamara, siendo muy puntual y muy honesta en la construcción; eso me lo dio el tiempo que tuve para construir el personaje. Y al final de esto entró Lucía con un trabajo muy específico conmigo, matizando, cuidando y redondeando el personaje, para llegar al set ya con el personaje dentro y simplemente llevarlo a cabo en la filmación.

 

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