Para explorar el lado oscuro de la humanidad –y si ese lado oscuro puede subsistir con lo que llamamos “sociedad”–, hay pocos cineastas como el austriaco Michael Haneke. Su cine se basa en una cierta misantropía y una visión del mundo muy oscura (incluso Amour, su cinta más “romántica”, o por lo menos más accesible, explora cómo el amor puede ser sofocante). Con estos antecedentes, al saber que Haneke le puso Un final feliz (Happy End) a su más reciente película, queda claro que es un título irónico; o por lo menos, con una connotación diferente. Un final en donde quizá alguno de los personajes cumpla algo que el resto del mundo vea como trágico, pero para ellos sea ‘feliz’.El director nominado a dos Oscar y ganador de la Palma de Oro, explora en esta ocasión a una familia francesa de clase alta en la que varios de sus miembros pasan por una crisis, una depresión o un enfrentamiento con su consciencia (que los lleva a extremos inimaginables para el público), todos vistos desde el ojo distante y frío de su cineasta. Haneke no es el único cineasta que se dedica a incomodar, pero sí de los más reconocidos (aparte de Lars Von Trier, que es otro excelente ejemplo de un cineasta que trata sus temas con semejante crudeza, o en su momento Stanley Kubrick).

Lo primero que se ve en la película es a un teléfono grabando a una mujer y a un hámster en una casa (de inmediato Haneke asocia su manera de ver el mundo con la manera que ahora nos relacionamos a través de la tecnología) y la dueña de ese teléfono comentando. Esa portadora es Eve (Fantine Harduin), una niña de 13 años que está grabando a su mamá justo antes de que tome una gran cantidad de pastillas que la dejarán en el hospital.Este incidente la lleva a vivir con su papá Thomas (Mathieu Kassovitz) en casa de su abuelo Georges (Jean-Louis Trintignant). Thomas es, en sus palabras, muy torpe como papá. En esa casa también vive Anne (Isabelle Huppert), la hermana de Thomas, junto con su hijo Pierre (Franz Rogowski); ellos manejan una empresa de construcción que está pasando por una crisis, ya que hubo un accidente en una construcción de la que uno de los trabajadores no sobrevivió y tendrán que buscar la manera de reducir el pago de daños.

Georges, por su parte, está en una silla de ruedas tras un intento de suicidio y pasa gran parte de la película buscando la manera de suicidarse (Haneke otorga pistas que este Georges es el mismo protagonista de Amour, lo que resulta complejo pues la hija interpretada por Huppert tiene un nombre diferente).Este estelar elenco entiende exactamente el tono que busca su director, con Jean-Louis Trintignant destacando con un tono más oscuro y enojón que en su previa colaboración con Haneke, y la joven Fantine Harduin creando una simpatía muy siniestra al dar vida a una adolescente que revela cosas cada vez más retorcidas.

Haneke siempre ha creado una distancia con el público; ya sea para retratar la apatía de la humanidad a través de la manera que vemos a las personas a nuestro alrededor o para poder ser espectadores de manera objetiva. En esta cinta vemos una escena de violencia clave en la entrada de un edificio desde el otro lado de la calle. Vemos a dos personas hablando, no oímos lo que sucede; y de repente, una persona le pega a la otra con violencia. La distancia se logra también con largos planos secuencia y con mucho silencio (de hecho, la única vez que oímos música es un performance a la mitad de la película) y representan la idea de que no hay manera de conocer los pensamientos de otras personas a menos que los expresen. Así como nuestra obsesión con conectar con la gente de manera segura, sin sentir nada, y poder mirar la violencia sin que nos duela (Haneke exploró esto en Funny Games).Probablemente Haneke seguirá buscando incomodar; mostrando imágenes de gente haciendo cosas que no aceptamos y sin entender por qué lo están haciendo (o al menos sin entenderlo de manera explícita) y esa es una clase de cine que no es para todos (no es un cine que se disfruta en el sentido convencional), pero que sin duda puede apreciarse; además de que en este trabajo, logra una notable disección de la clase privilegiada europea actual.

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