Los créditos principales de Un pequeño favor (A Simple Favor) introducen tres elementos que indican exactamente qué esperar de la película. La primera, el diseño, inspirado en el trabajo del diseñador gráfico Saul Bass (quien diseñó los créditos de una gran cantidad de producciones de Hollywood en los años 50 y 60, incluyendo películas de Alfred Hitchcock). La segunda es la banda sonora, que está compuesta de canciones en francés de los años 60; incluyendo música del excéntrico compositor Serge Gainsbourg. La tercera es el nombre del director: Paul Feig, realizador de películas como Damas en guerra (Bridesmaids), Chicas armadas y peligrosas (The Heat) y la versión más reciente de Cazafantasmas (Ghostbusters).Estos elementos prometen una película de suspenso con estilo y un tono de comedia al estilo de Judd Apatow (director de Virgen a los 40 (The 40-Year-Old Virgin) y Ligeramente embarazada (Knocked Up) protagonizada por dos de las mujeres más graciosas de hoy en día.Basada en la novela de Darcey Bell (que se publicó apenas el año pasado), Un pequeño favor tiene dos protagonistas: Stephanie Smothers (Anna Kendrick), una mamá soltera desesperada por caerle bien a todo mundo. Y su “mejor amiga” Emily (Blake Lively), quien le pide que recoja a su hijo de la escuela y luego desaparece misteriosamente; lo que lleva a su amiga a descubrir cosas que nunca imaginó de esa mujer que tanto admiraba.

Feig es un director que sabe aprovechar a sus actrices (Por ejemplo; sabe qué hacer, mejor que nadie, con Melissa McCarthy, a quien lanzó al estrellato), y aquí tiene a dos protagonistas con dones muy específicos que son perfectos para los papeles que interpretan. Kendrick puede ser o muy simpática o muy irritante. Proyecta esa imagen de la chica linda que añora que todos la quieran; exactamente la misma energía que plasma en Stephanie Smothers (el apellido significa “ahoga” en inglés, quizá sea una coincidencia).Por su parte, Blake Lively proyecta la confianza de alguien que está acostumbrada a esconder lo que no quiere mostrar; alguien que plasma todo lo que una mujer, en particular una que tiene que encontrar la manera de balancear ser madre y profesionista, quiere ser.

La tercera pieza en este rompecabezas es Henry Golding (quien aparece en Locamente millonarios) y que interpreta a ‘Shawn’, el marido de Emily, un hombre al que presentan como encantador; uno de esos de los que jamás se sospecharía algo ‘sucio’…Lamentablemente, como en varias de las cintas de este director, hay un problema de ritmo. La película dura dos horas, que se sienten, principalmente, porque Feig (al igual que Judd Apatow y un grupo de directores que se inspiraron en su manera de hacer cine) permite que sus actores improvisen y utiliza esas improvisaciones para transmitir un tono más suelto de comedia. Esto nos ha regalado momentos brillantes (como el duelo de brindis en Damas en guerra), pero en géneros que dependen tanto del ritmo; como la comedia y el suspenso, llega a ser un detractor.

A momentos parece que la película se detiene porque Kendrick improvisó una rutina tan graciosa que al parecer la película no podía prescindir de ella. Esto resulta un problema principalmente en el primer acto, hasta que la cinta cambia el tono y se siente más como un thriller al ver a Stephanie hacerla de Nancy Drew (lo más entretenido de la cinta).Todo lleva a un clímax que es algo exagerado y que nos recuerda algo que quizá habíamos olvidado: que esta es una historia principalmente para divertirse, para disfrutar los talentos de gente graciosa y para que un director experimentado en comedia, nos otorgue su versión de un género cinematográfico que ha producido tantos clásicos: el suspenso.Por último, un dato curioso: para los que crecieron en los años 90 y vieron Sabrina, la bruja adolescente (que coincidentalmente ahora será llevada como thriller a Netflix), Paul Feig interpretaba al maestro de biología: ‘el Señor Pool’.

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