Que el foro del palacio de Bellas Artes abrace a la danza contemporánea mexicana, es un suceso que hay que celebrar. No sólo es un evento extraordinario de elemental justicia sino un acto de coherencia y sensatez.

Las calidades y cualidades son diversas. Tal vez los aciertos tanto como las fallas, estén en equilibrio. Lo importante es que se trata de un foro abierto. No sólo ventila y expone, brinda también el espacio para la sana confrontación. El Palacio se abre a cientos de personas que, desde su butaca, desde el foro, tras las luces, o desde la composición, reciben el aliento para fortalecerse.

En tiempos de desequilibrio social, la actividad artística juega —sin lugar a dudas— un rol de formación y sensibilización imprescindibles. Eso hay que celebrar.

VSS Compañía de Danza, banderazo que anunció el inicio de la Temporada de Danza en el Palacio de Bellas Artes.

Todo confabulaba a su favor: bailarines de garra, iluminación, música ; atmósferas sugestivas llenas de poesía o estridentes; participación de artistas de renombre; el foro espléndido del Palacio de Bellas Artes y un título grande. Grande en significado: Solución Final. Enunciado que alude directamente al horror del programa fundamental nazi, que significó el magnicidio —vergüenza de la humanidad— del pueblo judío. Injusticias sociales, abuso de poder sobre una sociedad vulnerable, son eje y foco del tema de VVS Compañía de Danza.

Una escena: al centro y sobre una plataforma un baterista extraordinario, Huges Villete, en trance permanente, sabe arrancar sonoridad y ritmo. Otro paisaje. Un grupo humano a la izquierda del proscenio, permanece estático ¿ Paralizados? Sus rostros neutrales, expresan vulnerabilidad manifiesta. Un personaje andrógino, pequeño pero tajante, aparece de manera inesperada. Vestido de blanco, de la cabeza a los pies, aparece, desaparece o lo traen en vilo. Con presencia contundente y ralentizado cual danza butoh, camina, o estático nos intriga. ¿La parca?.

VSS Compañía de Danza, con Vicente Silva a la cabeza, se alió con Phil Von, compositor, cantante, performer y bailarín francés. El performance que se caracteriza por ser un género de experimentación iconoclasta, entra, ¿irrumpe? de lleno en el mundo organizado de Vicente Silva. El personaje, quién tiene un rol importante, igual se expresa a través de un cante hondo o con toda libertad se explaya con un zapateado flamenco. Su alta figura de cráneo liso y de atmósfera oriental, baila, canta o nos llena de palabras. Mientras, los bailarines de danza contemporánea, hacen lo suyo —y m u y b i e n—. Las escenas en apariencia inconexas se suceden. Eternas parecen los estadíos de imágenes que exaltan, por momentos, pero que en otros irritan.

El repertorio verbal, donde las malas palabras con comillas, fueron soltadas con intentos de rebeldía manifiesta volaron sin efecto. Un florido ramillete de madrazos, donde el chinga tu madre y similares, se estrellaron en anodinos y deslavados vituperios.

El resultado: un juego escénico que a pesar de los momentos de brillantez se autonulifica. Un collage un tanto extravagante, fundamentalmente kitsch. A Silva se le escapa de las manos la coherencia y el control de la dirección. Su ambición resultó a tal punto pretenciosa que asesinó —literal y sistemáticamente— toda posibilidad de un producto crítico en su contenido, así como bello en su forma; vertiente que pudo haber animado un proyecto tan ambicioso, malogrado, desmedido por ingenuo.

La solución final podría tener como sustento que VS retome a cuatro manos sus proyectos. Tiene como base la experiencia y la pasión como motor. La danza no ofrece soluciones. Es el “colmillo” producto de la capacidad de observar, deducir, establecer vínculos, caminar, tropezar hasta el infinito, lo que deviene en mejores resultados. Solución —temporalmente final— al menos aparente, para continuar con éxito, dando tumbos y vueltas en su ya larga e importante trayectoria.

Barro Rojo Arte Escénico: exploración viva. Trigésimo 5to Aniversario.

Ahondar en la vida de los desvalidos, del pueblo y sus travesías, del desamparo de los expulsados; sobre sus sueños y sus calvarios ha sido la preocupación que trasciende al mundo escénico de Barro Rojo.

Arturo Garrido primer director del colectivo, junto con Serafín Aponte y el aguerrido mayor, Rodolfo Reyes, dirigieron los primeros senderos. Hoy a 35 años años, Barro Rojo sigue dando pasos para bailar “la complejidad de la identidad mexicana y latinoamericana. Los mitos de occidente y los originarios de este continente” Reza el programa.

35 años tiene esta historia. En el camino, se ha mostrado unidad y congruencia. Laura Rocha y Francisco Ilescas son sus directores. De las calles —vocación genuina— a los teatros pequeños; o a espacios consagrados. Todo terreno, Barro Rojo baila su grito de denuncia en donde se pueda, o no.  

Su congruencia y permanencia hacen que uno sucumba frente a una trayectoria, que no ha sido fácil. Aunque bailar sus demandas y sueños, sea una forma de vida. La única —tal vez— que desean y conocen a la perfección. El programa con el que se subieron al escenario fue una muestra clara de la experiencia labrada con trabajo, trabajo y más trabajo. Resultado también del colmillo y garra —tan necesarios— que da la permanencia.

No me voy, sólo vuelo… de Laura Rocha y de Francisco Illescas tiene la teatralidad cuidada de quien sabe de los secretos de la composición; del efecto de rayo que tiene la danza de grupo cuando se es ejecutada con simetría y exactitud. Conocen de las texturas, de las faldas de crinolina mientras los pies calzan pesadas botas negras. De la iluminación que apoya, subraya. Si tengo que utilizar un solo adjetivo que la describa, no lo dudaría: belleza.

Ya se sabe. Perfecciones no existen. Así de cruel, así de espléndido es el reto de la danza. La palabra articulada, parece un recurso inútil. Peor aún, un distractor importante. Los gritos al padre, catárticos y acusadores, provocan justo (vaya ironía) el efecto contrario. ¿Fue Martha Graham quién dijo? “Si hay algo que puedes expresar con palabras, no lo bailes”. La relación odio-amor al padre ausente o severo, palidece frente a los gritos, casi insultos: “Lo único que aprendí de ti, es que si tú me fallaste, cualquier hombre me puede fallar”. La danza y su lenguaje, se inscribe en el mundo de la composición, del movimiento, de la abstracción. Alusiones tan concretas y sonoras, si no están bien utilizadas pueden despeñar momentos de enorme plasticidad.

Algo similar sucede en Travesía de los mismos coreógrafos mas la intervención de Miguel Gamero. La música —uno de los aciertos importantes— destaca a todas luces. Tal vez los cuerpos bien entrenados de los bailarines, una escenografía tan plástica como atinada, no logran dar en el blanco en su totalidad. Asi, a pesar de momentos cargados de fuerte poesía, como el de la danza del venado (a lo Amalia Hernández) la magia llegó. Interpretado con destreza e intensidad , el hombre/animal, es perseguido hasta su muerte en el árido desierto norteño. Ahí la obra alcanza momentos de belleza de altos voltios. La metáfora logra atravesar el ancho proscenio del foro y nos flechó.

A nadie se le ocurre a estas alturas distinguir entre forma y contenido, pero, relieve, densidad, volumen (tercera dimensión), lenguaje, timing, estructura, son exigencias necesarias. De lo contrario nos quedaríamos en el aspecto conceptual. Pero el horror está en la forma.

Tal vez el tiempo de escenas que se alargan, despeñan un trabajo escénico, bien pensado, bien bailado, bien iluminado; musicalizado e interpretado con brío. Más aún, se trata de un fructífero cruce de caminos en el que predomina la exploración viva.

Ni hablar: obras vemos, errores no sabemos.

Fóramen M. Ballet, estrella que deslumbra en el Ciclo de Danza en el Palacio de Bellas Artes.

Beatriz Madrid irrumpe. Como una hada buena y sabia. Con la madurez como estafeta y la aventura como guía, la coreógrafa con quince bailarines del estado de Morelos, crea, sublima y sueña para aterrizar en el foro de Bellas Artes, con una obra que no dudo en llamar excepcional.

FOTO: ARTURO LÓPEZ

Ecos Silenciosos, engranaje de contrarios, en su dimensión abstracta, toca y eleva un juego en movimiento que en giros y cambios afortunados, nos llevan por el camino que surge desde nuestra semilla más pequeña; al equilibrio o al desorden que crece y se funde con el todo. Tal vez surja de la conciencia que nuestra humanidad es un puñado de millones de moléculas, las mismas que conforman este plano. Moléculas idénticas al de un todo en su conjunto, las mismas que constituyen el espacio exterior: la estratosfera, el espacio sideral, el cosmos….

El péndulo como metáfora de la suspensión; tal vez el eco de la meditación en movimiento. El juego permanente de contrarios: casualidad/ causalidad; ciudad/llanuras; vida/muerte; caos/orden, oscilación. Bullicio vs el silencio que todo lo ordena. La tierra, nuestra casa en peligro, nuestro cuerpo, transitorio por definición.

FOTO: ARTURO LÓPEZ

Una pieza abstracta en donde Madrid atraviesa sin tropiezos el difícil camino de un tema que demanda no solo un concepto claro, sino un juego de elementos difíciles de manejar. Explora el equilibrio como metáfora de la quietud; es una alegoría del tiempo y del espacio y una representación del ser. Aliados tuvo y muy afortunados. La música cuyo tono y ritmo calza como el acompañante idóneo. En trabajo al alimón, y como destino único el de acoplarse al concepto, Fernando Martínez logra como espejo de agua, acompañar, crear atmósferas.

Llama la atención el desempeño de los bailarines, fundamentalmente en las escenas de grupo: movimientos filosos, no sólo por la energía y la dinámica, sino por la exactitud en la sincronización. Tarea nada fácil. La participación de la coreógrafa en un solo —breve pero rico en plasticidad— nos recordó la fuerza y la técnica que han caracterizado su carrera de ejecutante. Segura y ágil, Madrid sabe de intensidades, de matices. No baila, se transporta y nos toma en su trance.

FOTO: ARTURO LÓPEZ

Y como otro personaje fundamental Patricia Bravo en el diseño de iluminación y Moisés Regla en multimedia, tiñen de luz, de diseños, de atmósferas. Nos transportan al borde de la hipnosis; nos atrapan; por momentos nos tragan, pero también nos hacen reflexionar. ¿ En el espacio que nos rodea existe algo más que soles, planetas, estrellas fugaces, satélites, agujeros negros? Más aún. En tanto en cuanto el universo tuvo un principio, podríamos suponer que tuvo un creador. Pero si el universo es realmente autocontenido, si no tiene ninguna frontera o borde, no tendría ni principio ni final. Simplemente sería. ¿Qué lugar queda, entonces, para un creador?

Ecos Silenciosos ha colocado a Beatriz Madrid en una posición de privilegio. Se ha ubicado entre lo artistas más acertados en el mundo inquieto de la danza. Mucho es lo que tiene que dar.

Mucha belleza por ofrecer.

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