El FIDCDMX surgió en el 2016 como un Festival Internacional de Danza Contemporánea de gran formato en la Ciudad de México, un proyecto  muy complejo si recordamos que en nuestro país producir danza es una labor intensa y muy ardua. Para entender cómo es que este proyecto ha tenido tanto éxito y este año presenta ya su cuarta edición, es importante conocer a sus creadores, de dónde vienen y con qué herramientas han trabajado para cubrir las necesidades que detectaron en el ámbito cultural que vivimos actualmente en México.

Bailarines, coreógrafos, productores y pensadores en cuerpo y alma de la danza, Raúl Tamez y Rodrigo González hablan de su formación, de cómo se disparó en ellos la idea del FIDCDMX y de cómo han logrado “abrir espacios de exposición para la danza contemporánea nacional e internacional en la Ciudad de México, con la intención de propiciar el contacto del público capitalino con una diversidad de propuestas dancísticas de calidad”.

Raúl Tamez en Aluvión de su autoría – Foto Juan Rodrigo Becerra Acosta

Raúl, Rodrigo, ¿cuál fue su formación en la danza y cómo, años después, tuvieron la inquietud de crear este festival?
Raúl: Yo estudié aquí en México en la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, gané algunas becas y estancias en el extranjero, en especial una para  terminar la licenciatura en Holanda, la cual me abrió puertas a nivel técnico y artístico, trabajé cinco años en diferentes compañías de Europa y posteriormente regresé a México donde bailé en el CEPRODAC (Centro de Producción de Danza Contemporánea) durante otros dos. He trabajado con coreógrafos como Jaime Camarena, Oscar Ruvalcaba y Tania Pérez Salas.  Tengo la licenciatura en sociología en la UNAM y una maestría en danza en el extranjero, actualmente  soy docente en el Claustro de Sor Juana y doy clases de un diplomado en antropología del arte.

Hace cuatro años empecé  una nueva etapa como bailarín freelance, emprendí proyectos por mi cuenta y me vinculé con otros. Este modelo fue complejo pero fructífero, pues me ha dado grandes herramientas de independencia, me demostró que uno puede gestar su propia carrera desde las ideas e inquietudes personales. Así empecé a hacer coreografía, todavía estoy encontrando mi estilo y movimiento propios pero ha sido un camino productivo.  Me enamoré de la danza contemporánea muy joven y esta ha sido de un gran valor emocional y espiritual para mi vida; no hubiera podido dedicarme a otra cosa, ante una crisis siempre termino volviendo sí o sí a la danza, estoy muy anclado.

Conocer a Rodrigo es lo mejor que me ha pasado, nos reunimos primero por cuestiones laborales, él como coreógrafo y yo como bailarín. Rodrigo es un gran productor; no he conocido a nadie que sostenga proyectos desde la iniciativa privada como él lo hace. Más adelante pensamos en unir fuerzas para otros proyectos y así surgió la idea de hacer el festival, nos dimos cuenta de que no había una oferta de esta índole en la ciudad. Así que decidimos aventurarnos, los contactos y el terreno que yo tenía recorrido fuera de México sirvieron mucho, hay muchos bailarines y compañías extranjeras que están interesados en venir a nuestro país y el FIDCDMX fue un éxito desde el primer año, incluso sin apoyo gubernamental.

Rodrigo: Mi formación dancística empezó con Nieves Paniagua, en la Compañía Nacional de Danza Folclórica, también estudié danza clásica con Blanca Martínez, estuve con Isabel Ávalos en el Ballet de la Ciudad de México, en la Escuela Francesa de Ballet con Fabienne Lacheré y en compañías de danza contemporánea como Ballet Independiente. He bailado en la Ópera de Bellas Artes y en muchas producciones donde vi de cerca a compañías como el Teatro Mariinsky y la Scala de Milán, lo que para mí fue muy estimulante y revelador. Me asombré al ver como se conducían y se organizaban los grandes productores, los coreógrafos y los directores de escena y sentí la gran aspiración de  tener espectáculos de esa calidad en México. Respondiendo a esta necesidad, empecé a hacer coreografía en el 2004 y en 2005 hice mi primera pieza grande: La muerte del Quetzal, con música del grupo Tribu, que se presentó en Bellas Artes con  40 bailarines de Nieves Paniagua e invitados de contemporáneo y ballet.

Poco a poco fui encontrando canales para unir el quehacer  artístico con la gestión y empecé a concebir un proyecto tras otro. Conocí a Guillermo Arriaga y aprendí mucho de él en todas sus facetas, hicimos una compañía de danza contemporánea de repertorio como Zapata, El venado y la lunay La coronela, entre otros. Con este grupo viajamos a países como Japón, Usbekistán y Argelia. Tuve oportunidad de convivir con grandes instituciones y ese diálogo fue fantástico.

Cuando conocí a Raúl, lo primero que hicimos fue una ópera infantil llamada Mingus. Después vinieron La bella durmiente y Romeo y Julietaen el Castillo de Chapultepec.  En general, las temporadas de danza y teatro son cortas y no hay oportunidad de que la obra y los intérpretes maduren, así que encontrar espacios no convencionales como éste abre posibilidades de programación y se pueden hacer temporadas largas, además de que es también una manera de recuperarse económicamente.

La discusión sobre la situación de la danza en México nos llevó a la creación del festival. La necesidad de refrescar la mirada, de saber qué se está haciendo del otro lado del mundo y cómo se investiga el cuerpo y el movimiento en otros países nos hizo querer arrojar esta piedra al agua que afortunadamente ha tenido mucha resonancia. El festival ha ganado dos Lunas del Auditorio que nos han dado exposición; claro que el apapacho y el reconocimiento siempre se agradecen pero la visibilidad es lo que más nos ha beneficiado.

Un festival así necesita muchos recursos y una buena organización, ¿a qué retos se enfrentaron en su primera emisión?
Raúl: Creo en que si uno tiene una idea se tiene que lanzar a hacerla aunque eso a veces represente lanzarse al vacío. La primera edición nos tomó por sorpresa, fue planificada en menos de tres meses. El tema económico, la logística de hospedar y alimentar a ochenta artistas lo logramos con amigos, aliados y anfitriones que los recibieron con mucho cariño. No teníamos un equipo de trabajo. Alma Fierro, ahora gerente general, fue nuestra principal aliada pero se integró tan solo un mes antes, así que tuvo una bienvenida compleja.

A veces no pudimos tratar a los artistas con la calidad que merecen porque la logística era muy compleja y los montajes técnicos representaron dificultades, no siempre teníamos teatros que cubrieran todas sus necesidades. Ahora cada vez es más sencillo, somos un equipo de 4 personas, más voluntarios y estamos más organizados, aunque aun necesitamos mayor infraestructura.  Todo ha ido tomando forma.

Mariela Puyol – Argentina – Por Este Momento – Ganadora Concurso Internacional de Solistas con Trayectoria 2019 – Foto: Juan Rodrigo Becerra Acosta

Cada año han implementado diferentes actividades dentro de la programación, ¿qué habrá de nuevo esta vez?
Rodrigo: Mantendremos algo que el año pasado incorporamos al festival y que fue muy importante: el Concurso internacional de solistas con trayectoria para bailarines de más de 40 años. En el 2018 fue muy interesante ver bailarines de hasta 70 años  con un discurso dancístico, una personalidad y una investigación de gran riqueza.

Este año tendremos nuevas sedes como el Teatro de la Ciudad, el Teatro de la Danza, la Sala Miguel Covarrubias, el Centro Nacional de España y el  Centro Nacional de las Artes. Tendremos presencia en plazas públicas de zonas como Iztapalapa; creemos en la importancia de acercar la danza  a un público que difícilmente vendrá a las otras sedes, de llevar a los artistas extranjeros a lugares que quizá no visitarían por sí mismos y así crear una mancuerna de gran valor. Abriremos por primera ocasión el Summer Intensive, un curso impartido en diez  días, por tres horas diarias y siete maestros internacionales.

Asimismo, este año nos extendemos al Estado de Morelos, con funciones en el Auditorio Teopanzolco en Cuernavaca; será muy bueno llegar a ciudades que están interesadas en el festival aprovechando todo el esfuerzo que implica traer de lejos a tantos artistas. Otra novedad es que habrá dos compañías de Alemania y Austria que tendrán bailarines mexicanos invitados y este intercambio de artistas nos hace muy felices.

¿Qué distingue a este festival en cuanto a programación y alcance?

Melancholy Dance Company – Cheolin Jeong – Flight – República de Corea – FIDCDMX 2018 – Foto Juan Rodrigo Becerra Acosta

Raúl: La curaduría de la programación es exquisita, es uno de los puntos fuertes del festival. Recibimos más de 500 aplicaciones de todo el mundo pero en el proceso de selección la trayectoria y el currículum de la compañía se quedan en el anonimato, primero analizamos el video de su propuesta dancística. A veces tenemos propuestas muy abstractas o conceptuales pero lo que valoramos de las compañías es su compromiso con el cuerpo y los discursos que vienen desde el movimiento, nos interesa presentar piezas que tengan una conexión del cuerpo del bailarín con la propuesta kinética del coreógrafo. Así es como diseñamos la programación y esto nos garantiza calidad. El festival ofrece un panorama amplio, lo cual hace que el público siempre termine por sorprenderse, pues en un mismo programa hay varias oportunidades de que algo les llegue al alma. Hemos tenido respuestas extraordinarias de la gente que nos sigue y que antes no conocía la danza contemporánea, el festival poco a poco ha dejado un legado de público y de contenido.

Rodrigo: Así es, la experiencia de tener a artistas de hasta 26 países con gran calidad en sus propuestas es de las grandes riquezas del FIDCDMX. No necesariamente presentamos compañías de gran trayectoria sino grupos con propuestas interesantes. Esto nos ha permitido abrir una ventana al mundo muy importante, no somos un festival internacional con una o dos compañías extranjeras, tenemos casi 50 agrupaciones programadas y esto es un gran logro.

El público del FIDCDMX no es solamente especializado. Únicamente el 10 o 15% son bailarines. El Sistema de teatros de la ciudad, el INBA, la UNAM y otras sedes independientes nos permiten llegar a gente que no se dedica a la danza. El público ya nos acompaña incluso a espacios aparentemente difíciles y esto es  un gran aliciente.

Los dos son artistas versátiles y muy productivos, que vacían su talento y energía en el  mundo dancístico, ¿ven esto como una misión de vida?
Rodrigo: No sé cual es mi misión con la danza, entiendo mi misión para conmigo y mi entorno, esperando que esto beneficie a muchas personas, lo que he encontrado viéndome en un espejo es que tengo una propuesta para producir proyectos de mediano y gran formato desde la iniciativa privada y la Asociación Civil, hay que picar piedra para abrir nuevos espacios físicos, foros, plazas públicas, generar interdisciplina, congregar artistas inquietos que a su vez emprendan otros proyectos a partir de esa vinculación.

A nivel mediático, me interesa publicitar la danza, que el  público la reconozca y que reconozca el festival. Afortunadamente, la gente está volviendo a ver danza o acercándose a ella. El FIDCDMX y nuestras producciones salen de un lugar honesto y si los proyectos salen de ahí siempre tendrán mucha fuerza.

Raúl: Lo que intentamos es darle un lugar enaltecido a la danza contemporánea, devolverle el lugar que se merece. México ha atravesado diferentes etapas pero no se ha visto tan empoderada desde la época de oro de la danza moderna. Hay posturas hegemónicas moldeadas por los países del primer mundo pero lo más importante en nuestro país es construir una identidad, debemos sentirnos orgullosos de nuestra identidad en cuanto a características físicas, nivel histórico y complejidades de nuestro contexto. Por ejemplo, Cuba y Brasil lo han hecho muy bien, sienten orgullo por sus raíces y a partir de estas generan su discurso independientemente de lo que digan las potencias mundiales.

También es importante entender que se puede hacer danza desde la iniciativa privada y que se pueden producir y generar las mismas audiencias que en el mundo del entretenimiento y del teatro comercial. Me interesa generar plataformas de empleo bien remunerado para los bailarines, romper estereotipos como el de las barreras de la edad o que la danza es algo para lo que no se estudia.

Hay muchos proyectos y cada vez más artistas emergente, pero en el imaginario social la danza contemporánea  todavía no tiene un lugar sólido y la culpa nunca es suya, es de los hacedores, la danza es una disciplina extraordinaria en todas sus posibilidades y géneros.

Festival Internacional de Danza Contemporánea de la Ciudad de México del 31 de julio al 11 de agosto, pues consultar la cartelera completa aquí

 

 

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