Rossana Filomarino es un referente importante de la danza contemporánea en nuestro país. Muy cercana a figuras como Amalia Hernández y Guillermina Bravo, es fundadora y coreógrafa de la compañía DramaDanza,  agrupación que desde 1991 presenta un amplio repertorio compuesto por obras provocadoras e intensas.

Homenajeada y premiada en numerosas ocasiones, próximamente estrenará Migrantes, propuesta coreográfica que responde a su indignación ante la xenofobia y la discriminación que surgen a raíz de este fenómeno social. En la función se presentará también Ditirambos, reposición de una de las piezas más poéticas del repertorio de DramaDanza.

En una conversación sin pretensiones ni discursos artificiosos, con respuestas cálidas, francas y directas, combinación admirable que espero algún día me den la experiencia y la vida, Filomarino, una mujer que ha dedicado su vida entera a la danza, habla de Migrantes y de la danza en la actualidad.

Maestra, platíquenos de las dos obras que veremos en este programa…
Ditirambos la hice cuando cumplí 70 años de edad y 50 de carrera artística, que celebré en el Palacio de Bellas Artes. Es una reposición que esta vez está compuesta de manera diferente. Las obras cambian, en su versión original la pieza tenía siete bailarines y ahorita serán trece, por lo que el trazo escénico es distinto y la obra se ve más interesante. Era un sueño tenerla con más personas, es una obra muy poética, un himno a la vida.

Es una pieza esperanzadora que consiste en tres ditirambos que guían al espectador y a los que les puse diferentes títulos. El primero, Las gotas de Rocío, para mí, corresponde a una etapa de la vida de juventud, de frescura, de descubrir cosas, de alegría. El segundo,  Las grandes olas, es una metáfora de la pasión que nos envuelve, tiene partes muy eróticas, muy bellas. Es la atracción hacia alguien, cuando las pasiones nos rebasan nos incomodan, se vuelven un sí, un no, un ir y un venir que finalmente explota para llegar a un estado de liberación, de comunión con los demás, de unidad ante la vida. El tercero se llama El peine de los vientos.

Un ditirambo es una oda griega con cierto ritmo jubiloso y esta pieza tiene música original de Rodrigo Castillo Filomarino, una composición muy bella y conmovedora.

Migrantes tiene totalmente otro tono. Es una obra compleja que será muy poderosa, muy impactante. Surge porque en este momento el fenómeno migratorio es un problema mundial y en México no nos escapamos de él. A esta migración me refiero: a la de los que están aquí. En donde se dan estos flujos migratorios tan grandes nacen la xenofobia y la discriminación, cosas que a mí me indignan. Hay que volver la mirada a estas personas que no tienen la suerte que tenemos nosotros, que no tienen nada en la vida más que una esperanza que se transforma en el caminar hacia una meta que muchas veces no se alcanza. Son seres humanos que sufren mucho y la obra habla de eso, es estar con ellos en este sentido de acompañamiento moral.

Hay, por ejemplo, escenas de un flashback  que muestran  una fiesta de barrio, un momento nostálgico pero también de enfrentamiento con una realidad que no es tan agradable. También hay escenas de violencia: una violación colectiva que es muy fuerte y que creo que a mucha gente la va a impactar. Hacia el cierre, hay una imagen como metáfora de un muro donde los cuerpos se escurren y se apoyan uno en otro. Además de los bailarines, al fondo, en una plataforma estarán constantemente en movimiento veinte estudiantes de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea. Desempeñan un papel pequeño pero tendrán presencia.

Muchas de sus obras son así, fuertes e impactantes…
Yo creo que si no nos proponemos dejar huella en quien nos ve, el trabajo no sirve para nada. Ayer tuvimos por primera vez una exhibición privada de la obra, y los trece bailarines (cómplices, como yo les llamo) hicieron un trabajo notable para encontrarse a sí mismos e ir más allá, a lo largo de un proceso muy interesante que les agradezco mucho. Este trabajo es importante para ellos mismos, no sólo para la obra.

¿A qué sensaciones o emociones recurrió para poner en danza un tema como este?
A esto que te mencionaba antes, a la nostalgia, a la violencia. La migración es algo abstracto, las personas son las que hacen la migración y yo hablo de las personas que están en ese estado y de las emociones que viven. Hay momentos pequeños de alegría y de realidad cruda.

¿Qué proceso siguió para crear esta pieza?
El que sigo siempre: primero hago la dramaturgia en mi cabeza. Tengo  la idea, después tengo que ver cómo transformarla en acciones y darle ritmo a la danza, ahorita ya estoy afinando los detalles. En esta ocasión tengo un dramaturgista (que no es lo mismo que un dramaturgo) que me ayuda, José Alberto Gallardo. Una vez construida la dramaturgia  él me da sugerencias de tiempo, de pequeños acomodos para que la obra fluya mejor. Pienso en la acumulación de situaciones para que el interés del espectador esté siempre vivo, pactado. Con los bailarines trabajo primero en exponer el tema. Antes experimentaba todo con mi propio cuerpo, ahorita ya no, tengo la idea de una forma que pongo en marcha con sus cuerpos y en el momento compongo sobre ellos con la idea clara. Después viene el proceso con Rodrigo sobre la música: hablamos de qué se trata, él compone la maqueta musical y nos acoplamos hasta que todo cuaja. Estas dos obras tienen música suya, así que es un programa fuerte para él. Él ha compuesto para danza, teatro, cine y sus sugerencias van más allá de lo musical y son siempre muy agudas. A través de los años y de varias piezas hemos hecho una gran mancuerna, nos entendemos muy bien.

¿Qué características tienen los bailarines que interpretan esta obra? 
Este es un montaje especial donde están mezclados. Está, por ejemplo, Amada Domínguez, que tiene muchos años conmigo y que me ayuda mucho a realizar lo que yo quiero. Por otro lado, tengo jóvenes recién egresados de la escuela pero que vienen con una pasión brutal. Han pasado por mí excelentes bailarines pero no todos han podido dejar de hacer lo que ya saben hacer muy bien. Conmigo se trata de descubrir otra manera de moverse. Mi intérprete ideal es el que tiene técnica pero que es capaz de olvidarla.

Desaprender lo aprendido es muy complicado, se necesita primero que nada mucha disposición y humildad para hacerlo…
Por supuesto, primero deben estar convencidos de que lo que hacemos es maravilloso y útil, es vital. Esos son mis requisitos. Que no haya vanidad, que la danza no consista solo en enseñar el cuerpo hábil. La danza en la actualidad es muy acrobática, espectacular, lo que es diferente a ser virtuoso. Yo pienso que mis bailarines son virtuosos de otra manera. Nosotros huimos de lo espectacular, tratamos de llegar a la esencia del movimiento impulsado por una idea y una emoción.

Cada vez vemos compañías con bailarines versátiles que dominan a la vez ballet y el contemporáneo, ¿qué opina de esto?
Creo que se han limado muchas diferencias y eso lo debemos a grandes creadores como Jiri Kylian y otros. El límite se ha estrechado mucho, como hablábamos antes, el ballet ha sido capaz de desaprender, y los bailarines pueden utilizar lo que saben hacer de otra manera. Ha habido una ampliación del horizonte de los dos lados. Recuerdo muy bien cuando Nureyev bailó Graham y yo dije: “no va a poder”. Por supuesto que lo hizo muy bien y Barishnikov también, ya empezaban estos intentos de acercamiento de dos mundos muy diferentes.  Esa es la función de una técnica, habilitar el cuerpo a hacer casi cualquier movimiento.

¿En qué situación se encuentra la danza contemporánea hoy en México?
Es muy complejo. Hay una variedad de expresiones que demuestran que la danza puede abarcar todo, maneras de bailar hay infinitas.  Hay muchísima danza, no toda de muy buena calidad, la buena calidad es escasa porque no hay espacios y no hay manera de formarse bien. Desgraciadamente, la danza requiere muchos años. También pienso que las direcciones deben abordarse a plenitud y con profesionalismo, eso es lo que falta hoy.

¿Qué piensa de la proliferación de oferta de licenciaturas en danza que vemos cada vez más?
No estoy segura, también está pasando en otro tipo de licenciaturas pero es que la vida cambia, las necesidades son otras. Hay mucha gente que quiere estudiar danza, lo cual me parece fantástico pero, por ejemplo, abunda mucho la danza comercial que propone la televisión que mucha gente ve. Muchos jóvenes se quieren dedicar a eso y por eso quieren ir a una escuela de danza, pero esto es muy diferente a la danza escénica.

¿Qué podemos hacer para concientizar a la sociedad al respecto?
No es nuestra tarea. Nuestra tarea es hacer lo que hacemos lo más cercano a la perfección que sea humanamente posible. Ese es nuestro deber, dejar estas semillas y granitos de arena que finalmente van construyendo dunas. Hacerlo con compromiso, con saber. No con improvisación, en esto no sirve.

¿Qué otro tema social le mueve y le interesaría abordar con su danza?
No lo puedo saber. No es que yo piense en un tema social, el tema me llega, la preocupación llega por lo que se está viviendo. No es algo que uno se propone. Como decía mi maestra Guillermina Bravo: yo no escojo el tema, el tema me atrapa a mí y es absolutamente cierto, no es de lo que quieres hablar, si no de lo que la vida te empuja a hablar.

Migrantes se estrena el jueves 8 de agosto a las 20:00 horas en el Palacio de Bellas Artes.

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