El vestuario, la iluminación y la escenografía, que a decir de los creadores fueron pensados para los niños, además de su corta duración, es lo que más atrae al público infantil de esta versión de Blancanieves, la coreografía de Irina Marcano creada para la Compañía Nacional de Danza.

Un montaje bien logrado que se sale de lo cotidiano por la ausencia de castillos imponentes y caballos gigantes, con una escenografía limpia y completa, que lo convierten en una excelente oportunidad de introducir a los niños a la danza.

En su tercera presentación en el Centro Nacional de las Artes, la obra estará interpretada por las Corifeos Michele Cutri e Isabel García como Blancanieves; los Solistas Moisés Carrada, Alejandro Mendoza y Yubal Morales en el papel del príncipe Azul y las Solistas Mónica Barragán, Bárbara Treviño y la bailarina Sonia Jiménez en el papel de la bruja. La escenografía es de Jorge Ballina, el vestuario de Sara Salomón y la iluminación de Xóchitl González.

Para tener detalles del montaje platicamos con Irina Marcano, Michele Cutri, Mónica Barragán y Jorge Ballina.

Irina, ¿Por qué Blancanieves?
Irina Marcano: Hace muchos años interpreté la obra y me conecté artísticamente con el personaje como bailarina. Creo que es una historia que tiene pocas versiones en ballet y que sigue siendo un ¡gran clásico infantil! Cuando la compañía de ballet clásico del país me pidió una obra infantil, quise usar como base un cuento clásico para tener ese inicio y justo por eso también escogí música clásica. De los cuentos clásicos infantiles, Blancanieves ha tenido para mí un símbolo muy bonito a nivel de interpretación y quería usar eso como inspiración, para poder descomponer un poco, sobre todo el lenguaje coreográfico. Así que cuando me pidieron infantil, inmediatamente propuse Blancanieves.

¿Por qué en versión contemporánea?
Irina: Es mi propuesta de lenguaje como coreógrafa para la compañía. Tengo una base de escuela y de desarrollo profesional de ballet clásico y siempre he tenido la inquietud de utilizar esa base y comenzar a implementar otros lenguajes y articulaciones más contemporáneas. Eso fue lo que me hizo ser coreógrafa, y cuando la CND me da la oportunidad, quise usar ese espacio para desarrollar una comunión entre el ballet y la danza contemporánea y crear un lenguaje nuevo para los bailarines y para el público.

En esta obra no aparecen el bosque tradicional, ni el castillo, ¿a qué se debe?

Irina: Tuve la suerte de tener un equipo creativo desde el inicio y siento que Sara, Jorge y Xóchitl en sus distintas ramas, dentro de la coreografía, entendieron muy bien el planteamiento que hice. Quería que se entendiera que estábamos en el castillo pero en un lugar totalmente distinto, quería cambiar el planteamiento del imaginario para los bailarines y para el público, y también teníamos un juego en el inicio acerca de que todo iba alrededor de la manzana. Jorge hizo una maravillosa traducción de color, y eso hace ver como si toda la historia ocurriera dentro de una manzana gigante, con líneas y muchísima abstracción pero sigues consciente de qué espacio estás habitando. Mi propuesta de movimiento tiene que ver con líneas que se dibujan en el espacio, es una investigación e improvisación que viene de William Forsythe *. Y justo Sara y Jorge llenaron el vestuario y la escenografía de líneas circulares, concéntricas, diagonales y rectas, lo que genera una comunión muy bonita en la puesta en escena.

¿Cómo fue el proceso de selección de los bailarines?
Irina: Algunos fueron ese personaje desde el principio. Cuando hice la propuesta ya tenía muy claro a algunas personas con las que quería trabajar. Tenía inquietud de trabajar con esos bailarines como coreógrafa y sentía que daban en el clavo para ese personaje, para lo que yo quería crear. Aunque en muchos casos, el personaje fue creado para ellos, el movimiento fue creado para ellos. Aun así tuvimos un proceso de selección de elenco con la opinión de los maestros, de la dirección de la CND y mía. Quisimos probar a varias personas en distintos personajes y funcionó. Eso también fue un desarrollo para mí y para ellos. Así es como ha ido la evolución de la obra para integrar nuevos personajes.

En esta obra prácticamente no hay corte para cambio de escenografía ¿Por qué hacerlo así?
Irina: Queríamos romper con esa costumbre en la puesta de escenas clásicas, de terminar una escena, cerrar el telón y volver a abrir. Queríamos hacer una narrativa continua y lo queríamos lograr a través del movimiento. También queríamos hacer ante el público todos esos cambios de escenografía que normalmente cierran el telón: van se cambian de vestuario, cambian la escenografía, abren el telón y ya son nuevos personajes. Lo queríamos hacer en escena, a la vista del público. Creo que esos momentos son muy interesantes y hay varios cambios de vestuario y de escenografía que ocurren frente al público y otros que no. Los que no, es por que realmente está ocurriendo otra escena adelante entonces así le damos continuidad a ese cambio, cuando no lo hice al ojo, tapé atrás pero adelante sigue ocurriendo algo. Es algo continuo y la esencia de eso es que es para niños, por lo tanto tienes que venderles una idea concisa, una buena narrativa que ocurra en una hora, sin pausas, sin que tengan la oportunidad de distraerse y desconectar la mirada, sino que estén atentos a lo que está pasando y no se aburran. Esa fue la razón.

¿Qué tan difícil fue lograrlo?
Irina: Fue muy difícil. Lo logramos gracias al aporte creativo del equipo. Yo quería hacer las escenas continuas, entonces Jorge propone: “pongamos aquí esta rama y la cambiamos de esta forma”, Sara hizo un vestuario que cambia en el escenario, se transforma en otra cosa. Todos con base en esa idea logramos esa comunión pero fue difícil hasta para los técnicos.

Michele ¿Qué es lo que te animó a ser Blancanieves?
Michele Cutri: Irina me eligió para interpretar este personaje y desde que lo supe me sentí muy afortunada de representarlo. Soy una bailarina que siempre recibo lo que me toca y lo hago de la mejor manera posible.

Los elementos coreográficos del escenario son muy diferentes a lo normal, ¿que tanto te facilitó o dificultó interpretar a tu personaje?
Michele: Hay ciertos elementos que hacen que la dificultad sea mayor, por ejemplo, al principio la variación trae una capa, que es muy larga, tiene doble forro y tengo que meterle más fuerza a los giros, controlar para dónde va la capa por que se me puede voltear. Es cuestión de ensayarlo y adaptarse a esa dificultad. En cuanto a escenografía si fue difícil, las ramas del principio son metálicas, por lo tanto son peligrosas y hay que estar atento de dónde saltas, dónde giras, hacia dónde vas por el riesgo que implica. Pero creo que en esta puesta en escena todas esas cosas que podrían parecer dificultades, al final se convierten en cosas que suman.

¿Cuál es la escena de tu personaje que más te gusta?
Michele: Me gusta muchísimo el dueto de la manzana con la bruja. Creo que ese momento, coreográficamente y en cuanto a personaje, es una escena muy intensa, es el momento esperado, y el Pas de deux ** con el príncipe es un dueto que a mí me encanta porque hemos logrado sentir que realmente sucede, el despertar y enamorarte, es una parte muy romántica que me gusta mucho.

Mónica Barragán: Hay dos, una es el dueto con Blancanieves, cuando le entrego la manzana, ese dueto es muy misterioso. A mí me gusta mucho porque hay mucha intriga. Al final muerde la manzana, como ya se sabe, pero cada día hay que construirlo diferente. Hay que darle frescur en cada función.

Michele ¿Cuál es la que menos te gusta?
Michele: Toda la variación del principio que se liga con el dueto del cazador porque corremos mucho. Es muy difícil y requiere de mucha resistencia física, desde que entro al escenario hasta que el cazador me perdona son dos o tres escenas, no paro. Es parte de resistencia física y resistencia mental y de no soltar el personaje aunque te estés ahogando.

Mónica: La muerte de la bruja porque es muy rápida. Bueno así lo requiere el ballet, pero no me gusta morir.

Aparte de tu personaje, ¿cuál es el que más te gusta?
Michele: La bruja me encanta, me parece que Irina hizo un gran trabajo coreográficamente hablando con las sombras y todo lo que logra con ese personaje. Me gusta cómo va cambiando de personalidad en toda la obra, de repente es buena, de repente es mala, Creo que es un personaje que tiene muchísimo peso en la obra.

Mónica: Me gusta mucho el alebrije principal porque tiene muchísimos cambios, en cuanto a movimiento siento que es muy rico bailarlo. Me gustaría bailarlo por cierto.

¿Cuál es el personaje que menos te gusta?
Michele: Creo que todos los personajes son muy lindos. En las funciones que dimos en León vi como a los niños les encantan los animales, es una parte que les impacta muchísimo y los enanos son maravillosos, no podría decir uno que no me guste.
Mónica: Creo que es el príncipe, porque es el que llega al final, hace todo el descenlace y se queda con Blancanieves. Siento que en cuanto a interpretación los enanos tienen mucho reto artístico y me gusta algo que tenga reto artístico.

¿Que otro personaje te gustaría interpretar?
Mónica: Me gustaría ser también Blancanieves, eso sería muy contrastante. Creo que conocer a nivel movimiento el otro lado sería muy enriquecedor incluso para mi personaje de bruja. Sería como ser las dos caras de la moneda.

Jorge, ¿Cómo fue el proceso de creación de la escenografía?
Jorge Ballina: Partimos de un guion que tenía Irina, donde especificaba los lugares y las acciones que suceden durante la obra. A diferencia de un ballet tradicional de los clásicos, éste requería de varios cambios de escenografía, de ciertas adecuaciones espaciales específicas. Un ejemplo es la solución a la que llegamos con los enanos: unas botargas con piernitas pequeñas bajo las que se colocó una parte de la escenografía tapando las piernas reales de los bailarines, para que pareciera que los pies de los personajes de los enanos están a la altura de las rodillas de los bailarines. Para ello hicimos unas estructuras curvas. La idea era que la escenografía fuera bastante más dinámica que la clásica escenografía de ballet en donde hay un decorado por cuadro que no se mueve. Algo más dinámico e integrado a la historia y a la escena de manera que la escenografía también interactuara y bailara junto con la música y la coreografía.

¿Qué tan difícil fue?
Jorge: Siempre abordo los problemas sea teatro, ópera o danza de la misma manera. Lo que se necesita es contar una historia y se necesitan los espacios necesarios para que la historia se dé. En danza lo que hago, muchas veces, es dejar el espacio vacío. Visualmente hago diferentes planos con profundidades en donde lo que me gusta es cambiar las proporciones y los encuadres según lo que va pasando pero dejando el espacio libre para bailar. Se trata de encontrar cuál es el estilo visual para cada obra, cuáles son los espacios que se necesitan para contar cada historia

¿Cómo llegar a la atención y gusto de los niños con la escenografía tan limpia y a la vez completa?
Jorge: Quería un lenguaje de alguna manera abstracto, no el típico telón figurativo que siempre hay en el ballet y en los cuentos infantiles, sino algo atractivo visualmente pero más abstracta para que la atención se concentrara en los bailarines, la coreografía, la acción. Partí de la idea principal, de la acción del espejo de la madrastra, que en este caso es circular y la idea de la manzana que es una pelota. Partí de puras curvas. Toda la escenografía está solucionada con círculos y curvas; el bosque son arcos de círculo, ramas que son arcos de círculo y el espacio principal está hecho por varios arcos de círculos concéntricos que se van haciendo pequeños hacia atrás hasta llegar al espejo. También la caja de los enanos y los otros elementos son curvas, incluso la planta y el corte de la escenografía visto desde arriba es un medio círculo y vista de lado es un cuarto de círculo. Fue un ejercicio de pura geometría abstracta y de hacer el trazo de todos los elementos a partir de círculos y curvas.

En esta obra prácticamente no hay corte para cambio de escenografía ¿Qué tan difícil fue lograrlo?
Jorge: Eso es lo que hago generalmente. Es como creo que deben ser el teatro y las artes escénicas de ahora. Siempre que hago ópera o teatro nunca bajo el telón para cambiar escenografía, me choca. Me parece que eso ya no se aplica desde hace muchos años. En ballet es donde más se hace pero es de lo más anticuado. Creo que en el teatro, la ópera y la danza, el espacio es un continuo que va fluyendo, que se transforma a los ojos del espectador para estar más integrado en la historia que también va cambiando y va fluyendo. Para mí la escenografía es una especie de música visual que se transforma todo el tiempo, un espacio que va cambiando todo el tiempo y no un decorado desintegrado, aislado o estático.

BLANCANIEVES. Blancanieves es acechada por su malvada madrasta, quien envidia su belleza y hará lo posible por deshacerse de ella. Un día, envía a un temible cazador para quitarle el corazón, sin embargo, ella huye al bosque, en donde se encuentra con alegres animales y siete misteriosos enanitos, mismos que le ayudan a refugiarse y evitar tales planes maléficos. En el misterioso bosque, una extraña bruja entrega a Blancanieves una manzana envenenada, misma que le hará caer en un profundo sueño… Coreógrafía de Irina Marcano. Presenta Compañía Nacional de Danza. Sábado 16 y 23, domingo 17 y 24 de febrero, 12:00 y 14:00 horas. Centro Nacional de las Artes, Teatro de las Artes, Río Churubusco 79, esquina Calzada de Tlalpan, Country Club. Loc. $80. Boletos en taquilla y Ticketmaster al 5325-9000. (Sur)

 

* William Forsythe nació el 30 de diciembre de 1949 en Nueva York es un bailarín y coreógrafo residente en Frankfurt am Main se le conoce internacionalmente por su trabajo en el Ballet de Frankfurt y The Forsythe Company. (Fuente Wikipedia.org)

** En ballet, un pas de deux (en español paso a dos) es un dúo en el que los pasos de ballet son ejecutados conjuntamente por dos personas.

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