La CND empieza el año con una de las temporadas infantiles más exitosas.

Este 2020, la Compañía Nacional de Danza inaugura sus presentaciones con Cri-Cri, uno de los ballets destinados al público infantil que tiene en su repertorio y que se ha presentado, con intervalos de ausencia, desde el año 2007, cuando se estrenó gracias a las creaciones coreográficas, de música, vestuario y escenografía de José Luis González, Eugenio Toussaint, Jerildy Bosch y Alain Kerriou, respectivamente.

Y si, aún con el éxito de La gallina pintadita o Masha y el oso, en cuestiones de música para niños Francisco Gabilondo Soler, el conocido “Grillito Cantor” sigue vigente en nuestros días, apelando a una tradición que desde 1930 ha estado presente en la vida de las familias con niños, en los festivales de las escuelas y en compañías y academias de danza y teatro. Y es que este señor que tenía afición por la astronomía, de niño leía a Julio Verne y a Salgari y soñaba con ser pirata, era un hombre muy creativo porque además de compositor e intérprete de una gran variedad de géneros musicales como el tango, el swing, el vals y hasta el jazz y el blues, era un cuentacuentos, un narrador de historias de animales y personajes tan fantásticos, como reales y cotidianos del imaginario social.

En la puesta en escena que presenta la Compañía Nacional de Danza, el público disfruta de un espectáculo guiado por un hilo conductor: un personaje que representa a Gabilondo Soler y que va dando paso a diferentes bloques coreográficos de grandes éxitos como “El ratón vaquero” y “El chorrito”, hasta algunas quizá menos conocidas, como “El cocuyito playero”, pasando por canciones que muchos oímos de niños y que marcaron nuestra infancia mexicana como “Las brujas” o “La marcha de las canicas”.

Para nosotros, como integrantes de la compañía, Cri-Cri es un ballet que demanda versatilidad por la cantidad de personajes que se deben caracterizar y por la interpretación de los mismos. En poco menos de una hora y media pasamos por una gran cantidad de vestuarios, sombreros, tocados, maquillajes y utilería que logran que la función tenga un ritmo muy dinámico y que requiere de cada uno gran energía y entusiasmo para hacer que el público se ría y se sorprenda con cada escena. Tras bambalinas corremos divertidos poniéndonos leotardos, trajes de colores, pelucas y pantalones bombachos. Cri-Cri es un ballet apto para todo público: para los niños pequeños y sus padres, para estudiantes y apasionados de la danza o para un público que nunca se ha acercado mucho a esta disciplina, ya que es un espectáculo muy noble para ver danza por primera vez y que permite, en ese caso, familiarizarse con el ballet viendo bailarinas con zapatillas de puntas, cuerpos de baile numerosos, pas de deux y solos a cargo de bailarines de todas las categorías de una compañía de gran formato.

Cuando a los bailarines nos preguntan qué papeles interpretamos en este ballet, las respuestas suelen ser: “de Gotita, de Bruja y de Árabe”, o “de Canica, Chorrito y Ratón vaquero”, “de Muñeca fea”, de “Gato carpintero” o “de Negrita Cucurumbé y Sandía”. Al escuchar esto  la gente sonríe, porque además lo decimos risueños y divertidos.

Atractivo visualmente por su despliegue de colores y elementos coreográficos, este es un espectáculo que resulta muy digerible y entretenido para los niños y además nostálgico para las generaciones anteriores. Se dice que, en sus años de  mayor éxito, Francisco Gabilondo Soler tuvo el ofrecimiento del mismísimo Walt Disney para llevar al Grillito Cantor a otras latitudes, oferta que no aceptó, ya que su deseo era conservar intactas las raíces y el aire tan mexicano que refleja la idiosincrasia y costumbres de nuestra sociedad, elemento que, sin duda, hace que su música siga presente en México y Latinoamérica. Aún así, su éxito no fue menor y las canciones de Cri-Cri han sido traducidas a muchos otros idiomas, incluyendo el Esperanto.

Horarios, precios y mayor información de la obra aquí

Dejar una respuesta

Escribe tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí

3 × cuatro =