“Fue allá por el año de 1917 cuando de la provincia donde vivía me trasladé a la capital de Guatemala. Tenía justamente 18 años de edad. Cuando asistía a la escuela primaria, muchos lustros antes de aquel traslado que fue capital para el desenvolvimiento de mi trabajo pictórico, comenzó a manifestarse en mí la vocación para las artes. Sentía especial  placer en concurrir a las clases de canto y de dibujo mientras era reacio a las materias académicas”.

Es la primera página de la autobiografía de Carlos Mérida donde el artista nos cuenta cómo fueron sus inicios en un arte que lo atrapó desde niño lo mismo que la música. Cómo se llenó su infancia de colores y sonidos colocándolo en un “plano extrarreal”. Y cómo esa situación lo volvería “un tanto introspectivo y temeroso de los contactos ásperos…” Lo cual lo llevaría a padecer, durante esa etapa de su vida, lo que hoy hemos dado en llamar bullying.

Una obra inédita escrita con pasión que permite acercarse a la vida personal, el proceso creativo y las afinidades artísticas que el artista guatemalteco construyó hasta su muerte en 1984.

El escrito compuesto de varios legajos, sirve de soporte para guiar al público por la exposición Carlos Mérida. Retrato escrito (1891-1984), que se presenta en el Museo Nacional de Arte para conmemorar el centenario de su llegada a México.

La muestra se divide en dos núcleos. En El discurso plástico se exploran las inquietudes que las vanguardias europeas y americanas despertaron en Mérida tras su estancia en París y su regreso a su nativa Guatemala. En este apartado se pueden observar sus primeros ensayos de pintura con temáticas folcloristas y el trayecto que lo llevó a encontrar su propio estilo pictórico, marcado por el interés por la música, los ritmos y las secuencias.

Algunos tableros y proyectos para murales muestran su preocupación por realizar “arte para las mayorías”, mediante la integración plástica de obra mural trabajada en conjunto con la arquitectura de los espacios.

En este núcleo se encuentran algunas obras de artistas con los que Mérida encontró afinidades creativas, como Vassily Kandinsky, Paul Klee y Joan Miró, entre otros.

Diseño, segunda sección de la exposición, muestra su incursión en las artes escénicas mediante escenografía y vestuario de algunas piezas dancísticas. Se exponen también ilustraciones para diversas publicaciones de libros y revistas, así como los destacados y ampliamente conocidos portafolios de serigrafías y litografías con temas relacionados con la mítica maya y etnográfica de México y Guatemala, así como sus propuestas en el terreno de las artes decorativas.

Una mirada más íntima a Mérida se encuentra en el Gabinete personal que se construyó con los archivos del propio artista; donde se observan fotografías de él y sus contemporáneos, algunas postales de sitios de su interés, objetos que narran su llegada a México, retratos de su esposa Dalila y sus hijas, Alma y Ana, así como publicaciones e impresos.

En este recorrido llama la atención su afinidad con Vassily Kandinsky: sus inicios figurativos, la descomposición en sólo algunos trazos y más color, pero sobre todo su cercanía con la música:

“Hay, sin duda, en mí, latente un músico en potencia que no se manifiesta sino por los colores; de ahí ese afán de pintar en series, a la manera de un tema con variaciones”.

CARLOS MÉRIDA. RETRATO ESCRITO. 1891-1984. Museo Nacional de Arte, Tacuba 8, Centro Histórico. Martes a domingo, 10:00 a 18:00 horas. Cierra 17 de marzo. (Centro)

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